Mejor sin Policía / Leila Mejía

Recientemente fue revelado en el último informe del Foro Económico Mundial que República Dominicana, de 142 países analizados, ocupa la posición número 142 en materia de confianza de sus ciudadanos en la Policía Nacional. Es decir, que los dominicanos confían menos en su Policía que otros 141 países de todo el mundo.

Poco tiempo después de esta información que confirma las profundas deficiencias de nuestro sistema policial, la Policía hizo lo que usualmente hace cuando está “caliente” en la opinión pública: una rueda de prensa para ofrecer declaraciones respecto a la cantidad de agentes que han muerto en el año (no todos en el ejercicio de sus funciones ni en circunstancias muy claras) y con ello tratar de desviar la atención del fracaso de la institución como fuerza del orden.

Por esto es que resulta tan pertinente el reciente informe que publica Amnistía Internacional donde pone en evidencia el autoritarismo, los abusos, las violaciones de Derechos Humanos y la ilegalidad de una Policía ilegítima. El mismo, además, es coherente con la reciente publicación de la Comisión Nacional de Derechos Humanos que muestra los más de 5,500 heridos y 1,700 muertos en el país a manos de la Policía en los últimos cinco años, los cuales, aunque la Jefatura ni los mencione y tampoco haga ruedas de prensa en su honor, no valen menos que los agentes fallecidos.

Es decir que, mientras en escuelas de Derecho, en el Congreso y en los medios de comunicación se tienen discusiones teóricas sobre la pertinencia o no en nuestro sistema de la pena de muerte, la Policía lleva unos pasos adelantados con ejecuciones sumarias en las que, a diferencia de las que sentencian los tribunales, los imputados no tienen siquiera la oportunidad de defenderse o al menos ser escuchados.

Curiosamente, a pesar de estas prácticas distorsionadas de la “mano dura”, la delincuencia y la criminalidad en el país siguen en pleno auge, las modalidades delictuales continúan en perfeccionamiento y la población se está haciendo cada vez más violenta, lo que obviamente indica que esta rutina policial no resuelve el problema y sólo sirve para otorgar a quienes la ejecutan el poder discrecional de elegir a quiénes “sacar del medio” con algún mal llamado “intercambio de disparos”.

Existen demasiadas evidencias de que la Policía Nacional dominicana es un cuerpo absolutamente dañado que ha tocado fondo y como están las cosas, tal parece que el tan demandado saneamiento no será suficiente para este paciente terminal, sino que ya es necesario un remozamiento y una transformación total. Porque si no es posible, dadas las cifras, el país estaría mejor sin Policía alguna que teniendo esta Policía.
La autora es abogada y comunicadora
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