El Caribe

geólogo

Sismicidad y vulnerabilidad

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Los grandes y devastadores efectos de los terremotos ocurridos en años recientes en Sumatra, Japón, Chile y Haití, algunos de los cuales, por tener epicentros marinos y poca profundidad hipocentral, fueron seguidos por destructores maremotos cuyas imágenes conmovieron a todo el mundo, al parecer no han sido suficientes para convencer a la sociedad dominicana de que debemos cambiar muchos viejos criterios constructivos que nunca debieron ser aplicados en zonas de alta sismicidad, como la nuestra.

Fruto de nuestros largos años de estudios de la geología y la sismicidad de nuestra isla, durante años hemos alertado al pueblo dominicano y a nuestras autoridades respecto a las malas respuestas sísmicas de muchos de nuestros suelos arenosos y arcillosos, así como de las potenciales malas respuestas sísmicas estructurales que se producirían en muchas de nuestras escuelas, hospitales, iglesias, residencias y puentes, el día que se repita otro gran terremoto.

Iguales advertencias ha hecho el presidente de la Sociedad Dominicana de Sismología e Ingeniería Sísmica, Ing. Leonardo Reyes Madera, profesional con muy larga experiencia en el tema de la sismicidad regional y las respuestas estructurales ante las grandes fuerzas sísmicas cortantes generadas por las sacudidas horizontales y verticales de un terreno malo donde se construyó considerando exclusivamente su capacidad de carga y su asentamiento máximo por carga, pero donde nunca se consideró cómo reaccionaría ese suelo al momento de un fuerte terremoto, ni cómo respondería la estructura allí construida.

Hace poco, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) y el Ministerio de Salud Pública de la República Dominicana presentaron un informe sobre las estructuras hospitalarias dominicanas, donde el 62% de los hospitales evaluados hasta ese momento mostró muy alta vulnerabilidad sísmica, es decir, se caerían con un sismo importante, mientras el restante 38% mostró vulnerabilidad sísmica de grado medio, es decir, quizás no se caigan con el próximo sismo de epicentro cercano, pero podrían sufrir muchos daños de todo tipo, lo cual nunca es deseable, porque se entiende que todos los hospitales deben ser búnkers a prueba de terremotos para poder dar servicios de emergencia a todos los heridos durante un gran terremoto.

Ahora ha tocado el turno a las escuelas públicas, y el director de la Oficina Nacional para la Evaluación Sísmica de la Vulnerabilidad de las Infraestructuras y Edificaciones (ONESVIE) acaba de comunicar al país que esa oficina ha evaluado 315 escuelas públicas en la provincia de San Cristóbal, y que 16% de ellas tiene muy alta vulnerabilidad sísmica que amerita intervención correctiva inmediata, que el 76% tiene vulnerabilidad sísmica media, y que apenas un 8% no tiene vulnerabilidad sísmica, lo cual en cualquier país civilizado hubiese llevado a las autoridades a decretar un programa de intervención de emergencia, porque los terremotos no avisan su fecha.

Lo confirmado por la OPS y el Ministerio de Salud, respecto a la vulnerabilidad sísmica de las estructuras hospitalarias evaluadas, y lo confirmado por la ONESVIE, sobre la vulnerabilidad de las estructuras escolares evaluadas, confirma que quienes desde hace décadas hemos estado alertando sobre la sismicidad y la vulnerabilidad sísmica de nuestras estructuras, lo hemos hecho con el mayor interés de que nuestras autoridades y nuestra población conozcan peligros que para muchos de nosotros son evidentes, pero que para otros no son tan evidentes, y que en todo caso debemos ayudar a entender el problema sísmico y a reducir las vulnerabilidades estructurales.


Lamentablemente, vivimos en un país donde quienes hablamos de terremotos somos acusados de asustar a la gente con exageradas e innecesarias alarmas, pero el día que llegue el próximo terremoto veremos que esas alertas eran muy necesarias.l


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