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Félix W. Bernardino (1)

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El día que escupieron a Nixon

Foto de Bernardino del 7 de julio de 1959.
Foto de Bernardino del 7 de julio de 1959. (El Caribe )

El 9 de julio de 1958, Félix W. Bernardino escribió un artículo titulado “Por qué escupieron a Nixon”, el que reproducimos en esta Página y sobre el cual son necesarias varias explicaciones para la debida edificación de nuestros lectores.Bernardino fue un personaje de la órbita de Trujillo. Fue abogado, diplomático, político y hacendado, pero sobre todo, amigo de Trujillo y su fidelísimo servidor, a quien siempre llamó “Mi Generalísimo”, aún después del ajusticiamiento de su líder. Además, fue presidente de una entidad llamada “Asociación Trujillista, Los Jinetes del Este”. Dentro de estas funciones, desempeñó muchas de ellas non sanctas. El artículo que aquí reproducimos es bastante largo y merecerá varias entregas, en cada una de las cuales iremos explicando el porqué del mismo, según nuestra interpretación.

La primera explicación es indicar que a Richard Nixon, vicepresidente de Estados Unidos en ese momento, lo escupieron en Caracas, Venezuela, en mayo de 1958, en una gira que realizaba por América Latina. Y también, explicar que la visita a República Dominicana se produjo en marzo de 1955, siendo vicepresidente también.

En República Dominicana trataron a Nixon con toda cortesía, porque las relaciones entre Estados Unidos y nuestro país estaban en un momento de especial cordialidad y mutuas consideraciones, y en 1958, la cosa había cambiado, lo que entendemos fue la causa del artículo de Bernardino.

A reserva de próximas necesarias explicaciones, empezamos con la reproducción del artículo en cuestión:

“Por qué escupieron a Nixon”
Por Félix W. Bernardino
“Richard Nixon, personalmente, es un hombre simpático de buenos modales, bien vestido y atractivo, es abogado y buen orador, así como político de brillantes actuaciones. Conozco al señor Nixon, y creo que de no ser yanqui en la América del Sur habría sido tratado como lo fue en Ciudad Trujillo, cuando, visitó nuestro país. Aquí todo fue afecto, gentileza, afabilidad y complacencias para con Mr. Nixon. Allá no, y toda parece indicar que tuvieron sus razones.

“Ahora, antes de entrar en acción, déjame decirte, lector, que estoy escribiendo en mi Rancho El Pintado, en la parte Este de la República. Mi Profesión actual es ranchero, hacendado o finquero, o como quieran llamarme.

“Disfruto la paz de Trujillo; mis intereses están garantizados por el orden imperante en todos los ámbitos de nuestro país y soy vecino, muy cercano, por cierto, de los más grandes inversionistas yanquis en tierras dominicanas: en el Central Romana, cuya satisfacción y garantía de sus intereses me la expresan sus dirigentes y cada vez que las circunstancias nos reúnen, y nos reunimos frecuentemente, pues además de ranchero, soy colono del Central Romana.

“Mis colonias son pequeñas; mi rancho, también. Todo es relativo en la vida. Mis vecinos, los inversionistas yanquis del Central, por el contrario, tienen inmensos latifundios pero todos gozamos de las mismísimas garantías, toda vez que no existe el discrimen, en ninguno de los aspectos del régimen de Trujillo, mi Generalísimo.

“Aquí, cerca de mi Rancho, están las colonias de La Higuera, propiedad del Central Romana; frente a mi batey, se encuentran ubicadas, también propiedad del Central Romana, las colonias y potreros de La Victoria; más allá están las inmensas plantaciones de caña denominadas del Cuyá, La Magdalena y Baiguá, y en fin, en todas partes impera la sólida garantía que el régimen de mi Generalísimo y Presidente Trujillo ofrece al inversionista yanqui.

“Pues bien, en mis pequeñas colonias, ahora mismo tenemos tres tractores preparando tierras para sembrar caña de azúcar; dos de estos tractores son propiedad del Central Romana, el tercero pertenece a la Mecanización Agrícola Dominicana, C. por A. Esta compañía nos cobra $2.65 por tarea, y rinde una labor excelente con su magnífico y bien entrenado personal en esta región. El Central Romana nos cobra por hora. Sí, señor, a $3.70 la hora, razón por la cual nos sale la tarea a más o menos $8.00.

“Los tractores rompen la tierra en una dirección, primeramente. Podríamos decir, por ejemplo, de Norte a Sur; luego rompen en otra dirección, que podríamos llamar de Este a Oeste. Cuando se ha roto la tierra en las dos direcciones mencionadas, decimos que ya tiene dos cortes, pero aún no se ha terminado la labor. En efecto, después de dos cortes, el tractor desengancha los arados o discos y engánchesele la rastra, o rastrillo. Una vez listo para continuar, el tractor, recorre todo el campo de tierra ya rota, con sus dos cortes, y al terminar este recorrido, el colono paga y el tractorista se retira con su máquina pesada y poderosa.

“Más, todavía la labor del colono no ha terminado. Ahora viene otro tractor, propiedad del Central Romana, ya no con discos o cuchillas, sino con un aparato que el Central Romana llama bombo, pero que su nombre correcto es azucador. Hechos ya los surcos, el terreno está preparado para la siembra de caña, pero muchas veces hay que cultivar una o dos veces, antes de la siembra; todo depende de las condiciones del terreno, y muchas veces de las estaciones, pues sabido es que, en primavera, por ejemplo, la yerba crece más rápidamente que en las demás estaciones del año.

“Bueno, pues, ya cultivado, el terreno, el colono que no tiene semillas adecuadas, tiene que comprárselas al Central y, desde luego, el Central fija su precio. Comenzamos, pues la siembra, la cual pagamos a razón de un precio que fluctúa, entre $0.90 y $1.25 por tarea. Esto, claro está, también lo paga el colono. Ya sembrada la caña, tenemos que esperar seis semanas más o menos, para resembrarla pero durante este lapso, cultivamos el campo, dos, tres, y muchas veces, hasta cuatro veces, fluctuando el precio del cultivo entre $0.10 y $0.25, por tarea.

Pasadas seis semanas, viene la resiembra, pues a esta fecha, la semilla que no ha nacido es porque se ha dañado. Nuestra resiembra la hemos pagado, en ocasiones, hasta a $0.80 la tarea. ¡Mala suerte! ¡La semilla no era buena y la resiembra sale cara!
“Ya resembrado el campo de caña, hemos de consagrarnos a velar porque la yerba mala no crezca. Para ello tenemos que cultivar un campo de caña después de sembrado y antes de que la caña cierre, hasta 14 y 15 veces.

“Decimos que un campo de caña está cerrado, cuando las plantas han crecido y se han juntado unas con otras. Todavía después de cerrado, cuando las plantas han crecido y se han juntado unas con otras, el colono tiene que continuar gastando dinero. Hay que conservar limpias las cuatro orillas de la pieza de caña. Esto es lo que llamamos desavero. También tenemos que pagar al volteador a guardián. Así llamamos a la persona que vela o cuida del cañaveral, para que éste no sea incendiado intencional o inintencionalmente, o destruido por los animales”.

Continuará la próxima semana.


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