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Félix W. Bernardino - 2

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El día que escupieron a Nixon

Recepción que le ofreció a Nixon durante su visita a RD, en 1955, el embajador norteamericano William Phiffer, a la derecha de la foto.
Recepción que le ofreció a Nixon durante su visita a RD, en 1955, el embajador norteamericano William Phiffer, a la derecha de la foto. (El Caribe )

En 1955, cuando la visita de Richard Nixon a República Dominicana, las relaciones con Estados Unidos estaban totalmente normales, de amistad recíproca, hasta un punto tal que en febrero de 1956, el cardenal de Nueva York, Francis Spellman, visitó la Feria de la Paz, y en su honor, la calle principal de dicha instalación fue denominada con su nombre, y que actualmente se llama Enrique Jimenes Moya, comandante de la expedición del 14 de junio de 1959. Los sucesos luego de 1955 fueron realmente graves.
Primero, en marzo de 1956, ocurre en Nueva York la desaparición de Jesús de Galíndez, hecho que fue ordenado por Trujillo y que produjo numerosas investigaciones, especialmente porque luego de este suceso, se produjo la muerte de Gerald Murphy, el joven piloto norteamericano que había transportado a Galíndez desde Nueva York hasta aquí. Murphy estaba en nuestro país, y en enero de 1957 desapareció sin que nunca se supiera de él.

El Congreso de Estados Unidos, el FBI y varias instituciones de Estados Unidos hicieron profundas investigaciones, Trujillo gastó un dineral para defenderse de las acusaciones, y la verdad es que nunca se ha logrado saber lo que realmente pasó, aunque sí que todo fue una orden de Trujillo, y entre los personajes mencionados como involucrados estaba Félix Bernardino.

En marzo de 1958, Trujillo se disgustó porque la base militar de Estados Unidos, en la cual se suponía que Ramfis Trujillo estudiaba, se negó a darle el diploma correspondiente en vista de que no había cumplido con el programa académico y se había dedicado a hacer públicos sus numerosos encuentros con personajes de Hollywood, entre ellos Zsa Zsa Gabor, recientemente fallecida.

En junio de 1958, a raíz de todos estos acontecimientos, el Congreso dominicano resolvió solicitar la terminación del Acuerdo de Asistencia Militar entre ambos países que había sido firmado en marzo de 1953, alegando que los Estados Unidos menospreciaban la ayuda que República Dominicana había brindado a la causa del mundo libre...
A continuación, la siguiente parte del artículo de Bernardino, “Por qué escupieron a Nixon”:

Como habrás apreciado, lector, el proceso es largo, costoso y laborioso; el colono, después de sembrar y resembrar su cañaveral, tiene que esperar 12, 14 y hasta 18 meses, para poder cosechar.

Ahora bien, cuando viene la cosecha, o zafra; cuando se va a vender la caña que creció abonada con sudor, dinero y sangre del pobre colono, quién fija el precio de venta? El colono? Jamás! El Central Romana? Nunca! El Gobierno Dominicano? Imposible! Pues quien es? El Yanqui; si, el Capitalista yanqui que tiene sus lujosas oficinas en Wall Street: el que jamás ha visto un campo de caña y tal vez no le interesa verlo: el que nunca ha visto copiosas gotas de sudor corriendo por el surco, ese es, el accionista de la bolsa de “Wall Street”, quien fija el precio de la caña que nosotros sembramos. Equidad? Qué importa la equidad, si somos los yanquis poderosos y soberanos de la Tierra! Esto ocurre en la República Dominicana, en Cuba, México, Venezuela, Puerto Rico, Perú y donde quiera que los americanos de origen indohispánico sembramos cañas.

Y ocurre, también, que hasta hace poco tiempo, los mineros de Bolivia ganaban $0.04 diarios. Sí, señor, cuatro centavos de dolar por un día de trabajo. Y sucede, asimismo, que el nickel y cobre de Chile, es evaluado por los yanquis, no importa el gemido del trabajador chileno allá, en las entrañas de esa noble tierra, para extraerlos. Y la carne de la noble Argentina, no entra a Estados Unidos, si de antemano el yanqui no le pone precio. Y la hidalga Colombia y el digno Brasil, no pueden vender su café a precio equitativo como dice la ley de la oferta y la demanda, sino al precio que señale el inexorable índice de “Wall Street. Y llora de rabia el minero del histórico Perú, para mezclar sus lágrimas con el peón cafetalero del Ecuador y El Salvador.

Qué democracia! Y la Venezuela rebelde y bravía, tampoco ha podido fijarle precio al oro negro que producen las entrañas de su noble tierra, ni al oro rojo, ni a sus esmeraldas, ni a su mineral de hierro. Es el banquero yanqui quien, desde “Wall Street”, cumple con el sagrado “deber” de fijarle precio a los productos de América. Y son los aranceles yanquis, también, elaborados por los representantes de “Wall Street”, en el Congreso de Estados Unidos, los únicos responsables de que la Colonia Dominicana en la ciudad de Nueva York, jamás haya podido comprar una botella de ron Cidra, ni una cajetilla de cigarrillos Cremas, ni una lata de aceite de Maní Excélsior, ni un tabaco Aurora, o Habanera, pues una botella de ron dominicano costaría por lo menos $7.00 en Estados Unidos, si fuésemos a pagar los derechos de importación marcados por aranceles yanquis.

A Nixon no lo escupieron por Nixon, sino por yanqui

En efecto, Mr. Nixon, personalmente, no merece ser escupido, escarnecido y ultrajado, y eso lo saben los habitantes de los pueblos americanos que visitó en su reciente recorrido. Esos estudiantados; esas masas humanas que se abalanzaron sobre Nixon y su comitiva, parecen representar, nada menos, que a las sufridas mayorías americanas. Víctimas del despotismo económico del capitalista yanqui.

Parece que se trata de una reacción razonable, lógica, natural y humana contra las barreras casi infranqueables de los aranceles de yanquilandia. Y parece, también, que los hechos realizados contra Nixon constituyen o significan el fin del Imperio colonial que el arancel, el constreñimiento y el dólar estructuraron para el yanqui en esta sufrida parte de la hidalga América.

Discrimen histórico, ético, político y geográfico

Y es que el pueblo y gobierno yanquis, no han sabido ganarse la amistad, el afecto y respeto de los pueblos americanos. Su manera de tratarnos despectivamente comienza cuando tratan de hacernos aparecer como extranjeros en nuestra propia América. En efecto, para el yanqui, o habitante de los Estados Unidos, no importa su origen, nosotros los habitantes de América, no somos americanos. Los únicos americanos, en América, son ellos, no obstante sus seis millones de judíos, siete de italianos, tres de alemanes, treinta de negros africanos, cuatro de chinos, tres de japoneses, etc., etc., etc.
A nosotros los habitantes de América, se nos llama “Spanish”, sin ser españoles; se nos llama “Latin”, sin ser latinos, o se nos llama también, despectivamente, “West Indian”. Los americanos, son ellos; solamente ellos, sencillamente porque se consideran los “arios” de América, y nosotros, los habitantes del resto de América no somos “arios”.

Pero, no obstante el discrimen de los “Amerrikanos” postizos, nosotros los habitantes de América seguimos siendo americanos. Y en cuanto a los dominicanos se refiere, ostentamos el galardón de nuestra Ciudad Trujillo, Primada de AMERICA. Pésele al discrimen yanqui. Y nuestra Universidad Primada de América podría ser considerada como un postulado de la historia espectacular que escribieron con sangre los bizarros capitanes españoles de la conquista de América.

Continuará la próxima semana.


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