El Caribe

Santiago

Choferes de guaguas arriesgan la vida de sus pasajeros

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(Ricardo Flete)

Violan las luces de los semáforos, hacen rebases temerarios, improvisan paradas, frenan, chocan, rayan vehículos, nada los detiene cuando se trata de montar o desmontar un pasajero.

Así andan muchos de los conductores de las guaguas, también llamadas voladoras, que transportan pasajeros desde y hacia Tamboril-Santiago y desde Licey al Medio-Santiago.

Pero las violaciones a las leyes de tránsito no son exclusivas de los conductores de minibuses, ya que es una constante en algunas rutas del concho, sobre todo los de la CJ y CJ27, y la F que va a Cienfuegos. Esta situación mantiene en sobresaltos tanto a los usuarios de estos medios de transporte como a los peatones, ya que por la alta velocidad y las competencias también están expuestos. Para su accionar parecen tener licencia y su conducta es de dominio de los directivos de sus sindicatos que, a sabiendas de que lo que hacen sus afiliados, nada hacen para detener esta competencia desenfrenada que pone en riesgo la vida de los usuarios.

Constante violanciones
El más reciente ejemplo de esta desafortunada acción terminó con la vida de Carlos Javier Ureña de 24 años y dejó en condiciones críticas al niño Wander Javier Ureña, de apenas trece días de nacido. La madre del menor también resultó herida al igual que el que conducía la motocicleta que fue envestida por el conductor de un minibús de la ruta Licey-Santiago.

La madre, solo identificada como Michel y Miguel Ángel Ozoria fueron ingresados en diferentes centros de salud y posteriormente dados de alta, mientras el recién nacido permanece en condiciones críticas en una clínica de esta ciudad. El chofer de la guagua fue identificado como Alberto Antonio Figueroa Pérez, quien fue detenido, mientras familiares reclamaban justicia.

Al igual que estos, muchos otros usuarios se quejan de la forma imprudente en que conducen los choferes de dicha ruta, acción que en otras ocasiones ha cobrado vidas y dejado personas mutiladas o con lesiones permanentes.

Otro de los inconvenientes que enfrentan los usuarios es el exceso de pasajeros, ya que en el caso de los minibuses los montan en el llamado “palo de la cotorra” ( espacio creado frente al primer asiento y la espalda del conductor). En ocasiones y en algunas rutas los llevan de pie y enganchados de la puerta.

Además de pasar los semáforos en rojo, de hacer rebases temerarios, de ocupar el carril contrario, hacer paradas en las intersecciones de vías, también desmontan y montan pasajeros por la puerta del lado del chofer, lo que significa otro riesgo más para los usuarios del transporte. También bloquean el carril de para doblar. 

En Santiago también hay rutas que son ejemplo

 A pesar de estas debilidades, Santiago se ha caracterizado por tener uno de los servicios de transporte público más organizados del país, debido a que tiene identificadas y definidas sus rutas; Sin embargo, hay algunas que se han salido de las reglas y que no solo violan los espacios establecidos, sino también las leyes de tránsito.

Como ejemplo de respeto y buen accionar siempre se ha destacado el trabajo de la ruta K, la que tiene sus paradas definidas, sus conductores andan adecuadamente vestidos y son responsables en la mayoría de los casos de los objetos que olvidan los usuarios, los que pueden recuperar en su terminal.   


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