El Caribe

Caminando

Mis personajes del año 2016

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Cada enero elijo mis personajes del año anterior. También otros lo harán y casi siempre los seleccionados serán famosos, con méritos para ser galardonados y recibirán los aplausos en ambientes de gala, perfectamente sincronizados, con bastante publicidad para los patrocinadores. Resalto, eso sí, que muchos de esos reconocimientos se hacen de buena fe y pretenden motivar el servicio al prójimo.

Me encanta la canción “Ronda en las viejas ciudades”, popularizada por Alberto Cortez. Nos dice que la historia que nos cuentan es la de reyes y grandes batallas, pero nadie sabe describir la morada donde amasaba pan el panadero y su mujer hilaba. Y en ocasiones, digo yo, sin los héroes ignorados, esos que ni idea tienen de lo que es la gloria, lo escrito sería distinto.

Sin restar virtudes a los que aparecerán en los medios de comunicación como los más sobresalientes, yo tengo mi breve lista, tan simple como profunda. Sus nombres no importan, aunque sí sus acciones.

-Ella perdió lo poco que tenía en las pasadas inundaciones que azotaron al Cibao. Es viuda. Tiene cuatro hijos pequeños. Para sobrevivir, se levanta todos los días a las cinco de la mañana y se dirige al mercado con la cara agrietada, apenas humedecida con lágrimas que se agotan. En el basurero busca lo que sea para llevarles a sus hijos, algo medianamente comestible que llene barriguitas, que evite los llantos que produce el hambre. Y cada día para ella es un siglo de tormentos, pero sabe que sin su martirio su prole morirá.

-Manuel sobrepasa los setenta años. Tiene tres nietos huérfanos que mantener. Nadie le da u ofrece trabajo. Anda de construcción en construcción dispuesto a hacer zanjas y levantar fundas de cemento aunque se le rompan las vértebras; pero siempre escucha lo mismo: “Viejo, aquí no hay nada”. A su edad sabe que puede caerse y no pararse jamás, especialmente porque es diabético, sufre del corazón y no tiene ni para la pastilla de un día. “Daría mi vida para que ellos coman”, piensa en el ocaso de su esperanza.

-Ella es religiosa. Proviene de una adinerada familia europea y dejó todo para dedicarse a servirles con amor a los pobres de esta isla, que son los mismos desamparados de cualquier país. Hace el bien en silencio, como se debe. Cuida y baña a los enfermos, alimenta a los ancianos, sufre cada vez que uno muere, pero siempre tiene fe de que, dentro de las penurias terrenales, varias de esas almas estarán al lado del Señor.
Estos son mis personajes del año que nos dejó. No olvidemos que los anónimos, los sin voz, también pueden darnos grandes ejemplos.


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