El Caribe

Opinión

Matrimonio Infantil en RD: la sociedad (3 de 3)

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Mis dos abuelas se casaron con 17 años. Cuando tenían mi edad (27 años), ambas tenían 4 y 5 hijos e hijas. Nacieron cuando las mujeres dominicanas no podían votar, ni abrir una cuenta bancaria, muy pocas asistían a la universidad, y la violencia contra la mujer ni se asomaba por los Códigos Penales del país. 

Hoy las mujeres no solo votan, sino que pueden ser candidatas a la Presidencia. Pueden abrir cuentas de banco y liderarlos también. En el 2017, aunque la violencia contra la mujer sigue siendo el mismo oprobio de siempre, lo que antes se consideraba “un pleito entre marido y mujer”, hoy tiene tipificación penal, rechazo social y un lenguaje que hasta clasifica los tipos de violencia y sus repercusiones. Y a pesar de los discursos pesimistas, esto es un gran avance, porque identificar un problema y crear concientización social sobre el mismo es un paso fundamental para erradicarlo.

Simplemente, el contexto social de la mujer dominicana ha cambiado. Si la norma en el tiempo de mis abuelas era que las muchachas tenían que casarse y reproducirse siendo menores de edad, hoy esto se considera un retroceso que atenta contra el desarrollo y el bienestar de las niñas, de las mujeres y de las naciones. Entonces, ¿por qué persiste el matrimonio infantil en nuestro país? Porque los cambios culturales son los más lentos.
Continuamos la reflexión sobre el matrimonio infantil en la República Dominicana y los hallazgos del estudio de Plan RD titulado ‘Niñas Esposadas: Caracterización del matrimonio forzado de niñas y adolescentes en las provincias de Azua, Barahona, Pedernales, Elías Piña y San Juan’.

Plan RD plantea que esta problemática se relaciona con “la vigencia de un marco normativo que no reconoce la magnitud del problema del matrimonio infantil forzado en el país, como un asunto ligado al desarrollo sostenible, a la democracia y el ejercicio de los derechos humanos”. Es decir, si las niñas y adolescentes carecen de oportunidades para desarrollarse plenamente, también rezagado se quedará nuestro desarrollo como país.

Plan RD propone también cambios legislativos. A finales de abril, un conjunto de organizaciones no gubernamentales aunó esfuerzos para exigir al Congreso Nacional que eleve la edad mínima para contraer matrimonio a los 18 años y sin excepciones. La campaña se llama #18NoMenos y afortunadamente ha contado con buena acogida entre legisladoras y legisladores.

Otra buena iniciativa es la sexta edición del campamento de verano “Soy niña, soy importante” orientado a niñas de 9 a 12 años de varias comunidades de Miches. El campamento busca incentivar la educación en valores, el desarrollo de una sana autoestima y la expresión creativa de las niñas. Dice la Fundación auspiciadora que su misión es brindar a las niñas “las herramientas necesarias para orientarlas en un proceso crítico y reflexivo sobre la toma de decisiones”. La primera sesión del campamento empieza el 2 de julio, agradeciendo tanto el voluntariado como las donaciones de la sociedad civil que se quiera involucrar.

Son iniciativas loables. Todas y todos podemos y debemos abanderarnos en contra del matrimonio infantil educándonos y convirtiéndonos en agentes multiplicadores desde nuestras respectivas posiciones sociales. El estudio ‘Niñas Esposadas’ de Plan RD habla claro: una muchacha de 14 años que se casa para escapar maltratos y explotación, tiende a encontrar más violencia además de embarazos riesgosos. Esto no puede recaer solo en los hombros de ella porque es una responsabilidad estructural que debe ser compartida por toda la sociedad. No para juzgarlas, sino para educar y prevenir situaciones de abuso y de violaciones infantiles muy mal legitimadas por un acta matrimonial.


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