Sangre sobre el asfalto (3 de 3)

Toda la energía colectiva debe conducir a un logro inmediato y perceptible: reducir, en principio, a una tercera parte el número de accidentes mortales que ocurre hoy día en nuestras calles y carreteras. Un programa mínimo de leyes y ordenanzas flexibles, si bien de aplicación inflexible, podría contribuir a este propósito. Sus prioridades, acaso, incluirían los temas que siguen:

Disponer de efectivas leyes y ordenanzas de tránsito, a la vez que facilitar los medios de coerción para su cumplimiento estricto

• Leyes que penalicen con severidad el manejo temerario y agresivo, tanto como la conducción bajo el efecto de drogas o de alcohol.
• Ordenanzas respecto a los límites de velocidad, el control de intersecciones, la prohibición de rebasar según establece la línea separadora central de la vía, el cumplimiento de restricciones indicadas en las señales de tránsito, el respeto a las zonas para el cruce de peatones, entre otras.
• Entrenamiento, compensación económica y supervisión del personal policial a cargo de la vigilancia del tránsito.
• Uso de cinturones de seguridad, cascos y dispositivos especiales para la protección de menores.
• Revisión anual obligatoria de la condición general de los vehículos (la Revista, conforme a la nomenclatura nacional). Asimismo, revisión aleatoria del estado de las unidades que circulan en carreteras y calles (luces, frenos, etc.).
• Examen riguroso de la condición física y mental, además de la habilidad para conducir de quienes solicitan licencia para operar motocicletas y vehículos de motor de cualquier característica.
• Establecer un registro nacional actualizado (electrónicamente accesible a las autoridades desde cualquier lugar) de los vehículos y los permisos para conducir.

Elevar la seguridad de las carreteras existentes mediante la aplicación de principios de ingeniería de seguridad vial

• Iniciar acciones que mejoren los estándares existentes en la vialidad (ancho de carriles y paseos, curvatura horizontal y vertical, peraltes, pendientes, distancias de visibilidad para frenado y rebase, etc.).
• Con periodicidad fijada según el tipo de carretera, realizar campañas de medición de los indicadores de capacidad funcional y estructural de los pavimentos (coeficiente de fricción, índice de regularidad superficial, índice de integridad global, deflectometría).
• Conforme a los resultados obtenidos en las mediciones, planear y ejecutar acciones sistemáticas de mantenimiento preventivo, rehabilitación y/o reconstrucción vial.
• Construir, en tanto sea posible, carriles especiales destinados a la circulación longitudinal de motocicletas y peatones. Asimismo, crear pasos elevados que faciliten la circulación transversal de motocicletas y peatones en lugares muy poblados, con elevada potencialidad de conflictos de tránsito.
• Instalar líneas reflectivas en el eje y los límites de las vías, así como en puntos de confluencia vial y en carriles peatonales.
• En puntos críticos de las ciudades, colocar señales y dispositivos con el objeto de apaciguar (“traffic calming”) el flujo de los vehículos.

Establecer un competente y confiable sistema de datos de seguridad del tráfico vial

• Recopilar y clasificar las informaciones actualmente disponibles acerca de los accidentes de tránsito ocurridos en el país.
• Crear enlaces con estaciones de policía, salas de emergencia de hospitales y otros órganos de repuesta inmediata que permitan registrar: el lugar del accidente, la hora del día y el tipo de choque, las personas fallecidas y heridas, la presencia de drogas y alcohol, y la utilización de correas y cascos de seguridad, entre otras informaciones.
• Robustecer los procesos de manejo de datos con el objeto de mejorar la exactitud de las informaciones.

Establecer una red con capacidad de ofrecer respuesta inmediata a los problemas de tránsito

• Construir un encadenamiento de servicios médicos, policiales y de bomberos que brinde primeros auxilios a las víctimas de accidentes y transportación a los centros médicos más cercanos.
• Establecer un plan de financiación y comunicaciones, a la vez que un marco jurídico capaz de articular la cooperación entre las instituciones reguladoras del transporte y los proveedores de atención médica.

Establecer campañas de prensa y publicitarias destinadas a mejorar los hábitos y el comportamiento de los conductores

• Los mensajes se orientarían a sembrar las siguientes ideas:
• Eliminar la conducción de vehículos bajo la influencia de drogas y alcohol.
• Promover el uso de cascos de seguridad en los conductores y pasajeros de vehículos de dos ruedas.
• Impulsar el uso de cinturones y de dispositivos de seguridad destinados a proteger los menores dentro de un vehículo de motor.
• Inspirar continuamente la seguridad en la conducción, en los peatones y en quienes transitan en vehículos de dos ruedas.

Mirar hacia delante

Las autoridades de transporte de los Estados Unidos publicaron en el 2010 la primera edición del ‘Manual de Seguridad de Carreteras’ (Highway Safety Manual, HSM). Este poderoso recurso analítico permite identificar los puntos críticos de una carretera y, al mismo tiempo, cuantificar la frecuencia potencial de choques y la severidad de éstos. Se recoge aquí el esfuerzo de una investigación de 10 años, realizada por expertos en seguridad vial, académicos y analistas. El estudio se basó en las estadísticas de incontables accidentes registrados en las carreteras norteamericanas.

Cabe señalar que las formulaciones del HSM son neutras, al no tomar en cuenta el estado físico de los vehículos, como tampoco la pericia y el estado físico y mental de los conductores. Esto es, el método opera con algoritmos basados únicamente en las características de la vía y del flujo de tráfico.

Implantar el uso de esta metodología nos permitirá conocer en qué medida los factores críticos de una carretera aumentan la posibilidad de conflictos. Como resultado, podremos adecuar los trazados viales y tornarlos más seguros y eficientes. Será preciso, con tal propósito, ejecutar inventarios viales sencillos y mantener registros actualizados del tráfico en toda la red de carreteras del país. Obtendríamos, entonces, resultados valiosos con un mínimo esfuerzo.

Epílogo

A modo de digresión inquietante, traeremos los resultados del análisis desarrollado, con datos reales, en una carretera del país. En efecto, al computar un intervalo de tres años, la cantidad precisa de accidentes de tránsito sobrepasó entre 3 y 5.5 veces el pronóstico basado en las ecuaciones del HSM. Como una obvia inferencia (y bajo el supuesto de la imparcialidad típica del método HSM) apuntaríamos a la existencia de un coeficiente de yerro local. Esto es, de un factor nacional que probablemente arrastre combinaciones distintas de imprudencia, ineptitud, mal estado del vehículo, manejo errático, indisciplina ancestral, alcohol, drogas…

Lo cierto es que las carreteras y los vehículos de motor, universales principios activos de civilización y de progreso, devienen aquí en multiplicadores de tragedia. Será útil y valiosa, pues, toda decisión, todo aliento, todo sacrificio que nos ayude a exorcizar este infortunio.