¡Toma el atajo!

No siempre somos tan bien ponderados por nuestros semejantes como para esperar que nos valoren y den el lugar que merecemos en la sociedad o la vida. Sin percatarnos siquiera, nos anulan entre veloces rutinas, acrobáticos proyectos y el habitual mareo emocional. Y aunque crecemos en experiencia, sagacidad y recursos, quedamos rezagados a merced de alguna sacudida.

Es hora de entender que la comodidad nunca busca a la felicidad, que el éxito se mueve en paralelo y que la realidad solo dirá donde te encuentras, la inteligencia donde deberías estar, pero es la fe quien te llevará donde Dios determinó que llegues. Él ve lo que nadie ve, cuando nadie te ve. Recuerda: la fe es el atajo donde camina la obediencia, se entrena la osadía y pasea la sabiduría.