Total…

Marlon Brando, actor de Hollywood, entre los años 50-60, por su extraordinaria combinación de talento y belleza, fue nominado cuatro veces consecutivas para recibir el Oscar, premio máximo de la Academia. Revisando su vida, veo cómo la fama y el dinero que obtuvo no pudieron llenarlo y darle la felicidad, mucho menos a su familia, ya que se dieron una serie de eventos trágicos dentro de la misma, fruto de frustraciones e insatisfacciones en sus hijos. Su hogar fue un desastre, ya que en 1990 su hijo terminó con la vida del novio de su hermana, y cinco años después, ésta se suicida. Brando tuvo todo el dinero que quiso, y placeres que imagino muchos añoran tener, sin embargo, nunca tuvo paz, y ni hablar de su equilibrio emocional. Bienes materiales, fama y poder no fueron suficientes para llenar un vacío existencial en el cual vivió, paradójicamente, siempre rodeado de gente; y quien en la pantalla grande era admiración de todos destruyó su fortuna con derroches, terminando patológicamente obeso, enfermo psiquiátrico y con deudas por millones de dólares. Les traigo esta historia motivada por lo que se ha convertido en una meta común, tan importante para los jóvenes de hoy: ser famosos y emprendedores. Esto último los lleva a querer correr antes de caminar y a un estado de insatisfacción en sus lugares de trabajo. Tengo tres hijos y entiendo quieren hacer un futuro, pero como todo en la vida, a su tiempo, ya que son muchas las décadas que le han llevado a familias que tienen grandes fortunas adquirirlas y, lo más importante, como vemos, no es el dinero lo principal. Como nunca he visto inconformes a los jóvenes y con tanta prisa por cosas que, según el ejemplo citado, a la postre, no son las que llenan al ser humano. Si vemos las cifras de enfermedades cardíacas en menores de 25 años y de infartos fulminantes, así como trastornos gástricos, como úlceras, son impresionantes, y una de las razones es el estrés en el cual viven cada día y, claro está, los malos hábitos alimenticios. Nosotros como padres debemos reforzar en nuestros hijos, desde pequeños, que si bien es cierto que deben prepararse académicamente y tener metas, lo más importante de todo no es dinero a cualquier precio, sino el valorar la familia y la autovaloración de sí mismos para vivir en sociedad.