Solo lo que esperamos

En un artículo pasado hablaba de lo difícil que era amar al prójimo como a uno mismo.

Ser feliz por la felicidad del otro aunque tu vida esté “patas arriba”, es algo imposible de lograr. Quizás sea imposible.

Pero si solo fuéramos un poco más conscientes, sin necesidad de convertirnos en santos que renuncian a su propio bienestar en pos del bienestar ajeno, nos daríamos cuenta las cosas que hacemos y que terminan ocasionando daño a otros.
No hay que llegar a dar lo que tenemos y quedarnos a pedir, para compartir lo que tenemos.

Solo, y es algo sencillo, aunque para hacerlo hace falta más inteligencia que bondad y desprendimiento, ponerse en el lugar de los demás.

Pensar en todas las cosas que no nos gustaría que nos hicieran y en consecuencia, no hacérselas a otros.

No creo que a nadie le guste ser maltratado. Entonces, ¿por qué nos es tan fácil maltratar a los otros?

A nadie le gusta ser humillado, entonces ¿por qué nos es tan sencillo humillar a los demás?

Me resisto a pensar que una sola persona disfrute ser el hazme reír de nadie. Entonces, ¿por qué nos burlamos de otros con tanta facilidad. Si nos creemos dueños absolutos de nuestra vida y nuestras cosas, ¿por qué nos metemos en la vida y las cosas de nuestros semejantes con tal irreverencia que llegamos a sentirnos en pleno derecho de hacerlo?

Si guardamos en cofre laqueado con siete candados nuestras intimidades, ¿por qué exponemos a los cuatro vientos las intimidades de los demás, y peor aún cuando esas intimidades nos han sido reveladas en un momento de desesperación, y mucho peor, cuando se trata de chismes y suposiciones que terceros han difundido, por esa incomprensible manía de algunos de entrometerse en lo que no le incumbe. Si antes de hacer o decir alguna cosa, que al final lastimará a alguien más nos detuviéramos a pensar, lo que sentiríamos si esa agresión fuera contra nosotros, de seguro lo pensaríamos dos veces antes de actuar y más seguro aun, antes de terminar el segundo pensamiento habremos desistido.

Entonces, buscaríamos en qué ocupar nuestro tiempo en muchas otras cosas de mayor provecho.