Ecos de la ciudad extraviada (y 4)

El hombre se encuentra en la siguiente situación paradójica: crea vehículos capaces de desplazarse a mayores velocidades, pero él se encuentra cada vez más alejado del centro urbano. Cuanto más rápidos son dichos vehículos, más tiempo le cuesta al hombre desplazarse al centro ciudadano. El simple hecho de que hoy atravesemos las grandes zonas metropolitanas a una velocidad media de quince kilómetros por hora en automóvil, o sea, a la misma a que se hacía a principios de siglo utilizando caballos y carruajes, demuestra lo irracional de los sistemas que estamos desarrollando.

CONSTANTINOS A. DOXIADIS
(La ciudad mundial que se avecina: Ecumenópolis; 1985)

La marcha de Hans hacia el este, en pos del Ozama, es un trayecto hacia la nada. El río, otrora fuente nutricia de la ciudad etérea, deviene hoy en su infecta sepultura. Hans camina hacia el oriente, en dirección opuesta a la carrera del sol. El Ozama fluye en la oscuridad de un triste cauce envejecido. No existen ya la ciudad ni la calle El Conde que Manolito Baquero y Hans Wiese contaran en estas páginas. Toda reminiscencia será un
Oficio de difuntos. Kyrie eleison.

Cruzando la calle Duarte, siguiendo siempre hacia el Este, estaba la muy famosa tienda de tejidos La Ópera, de la familia Ramos. Sus descendientes, Tirsín, Maritere y demás hermanos, prosiguieron el negocio de sus consagrados padres. Al lado de La Ópera estaba la tienda de calzados La Favorita, en el primer piso del Edificio Diez. Los demás pisos estaban ocupados por oficinas de abogados, consultorios dentales, y en los pisos superiores vivía la familia Diez, dueños del edificio. Entre ellos recuerdo a dos bellas hermanas, una de las cuales casó con el Dr. Juan Gassó de La Vega y quienes son los padres de Maribel Gassó y Diez.

Al lado del Edificio Diez estaba una vieja casona de dos pisos. En los altos estuvo el Club Unión, desmantelado por Trujillo cuando le dieron “bola negra” al solicitar su entrada para ser miembro de dicho club, siendo ya Brigadier General. A consecuencia de ésto, posteriormente fue asesinado Don Nino Gómez, Presidente del Club. El hecho de sangre ocurrió en la calle Mercedes esquina Duarte, en la casa del correcto ciudadano alemán John Abbes, abuelo del temido jefe del SIM en los años 58, 59, 60 y 61.
Debajo del Club Unión estaba el Restaurante El Hollywood. Era su propietario Don Quico Pou. Ese establecimiento fue famoso por su “cocina gourmet” y por su fría cerveza alemana en barricas. Frente al Club Unión, en El Conde esquina Hostos, estaba el Edificio Baquero. En la primera planta estaba la Ferretería Baquero, el primer local comercial que utilizó el sistema de enviar desde cualquier departamento hacia la caja, las facturas y el valor en efectivo de las mismas. El dinero y los comprobantes iban por el aire por unos alambres con unos carritos que los llevaba hasta la caja, donde el cliente esperaba su vuelto y su facturita.

El Edificio Baquero y el Edificio Diez fueron los primeros del país en tener ascensores eléctricos, lo cual era una novedad en esos pretéritos años. Entre el Edificio Baquero y la Ferretería Morey estaba la Joyería Oliva, del caballero don José Oliva, quien fue el primer Jefe del Cuerpo de Bomberos de la ciudad capital. Sus hijos eran José (Olivita), Coronel del E. N., Silverio y Víctor. Silverio estuvo al frente de la Joyería Oliva por muchos años. Además de relojes y joyas, fue el primer establecimiento comercial con patente para vender escopetas, revólveres y pistolas, así como cartuchos y municiones. Recuerdo a los entrañables amigos Bocico Bonetti y Luis Amiama Tio, cazadores, consuetudinarios clientes de ese establecimiento.

Siguiendo hacia el Este, por la acera norte de la calle El Conde, estaba en la esquina Hostos una tienda llamada Santo Domingo Elegante. Al lado vivía don Jacinto B. Peynado y doña Cusa, los padres de Enrique Peynado Soler, quienes más tarde se mudaron a la Avenida Pasteur esquina Casimiro de Moya. Después había una casa de tres pisos donde vivían el Sr. Armando Ortiz con su familia. Don Armando, gran munícipe banilejo, fue Síndico de la capital por muchos años e inspeccionaba todos los barrios a caballo en esas épocas pasadas, leyendo desde el lomo del mismo las proclamas que hacía la Sala Capitular. Años después fueron designados por Trujillo los Síndicos de la capital con el título de Presidentes del Consejo Administrativo del Distrito Nacional y recuerdo entre ellos a Don Virgilio Álvarez Pina, Modesto Díaz Quezada, Luis Amiama Tió y Tomás Báez Díaz.

Después de la casa de don Armando Ortiz estaban la vieja Joyería Di Carlo y la vieja Joyería Prota que quedaban frente al Ayuntamiento del Distrito, que estaba en el Palacio Consistorial con su famoso Reloj Público. Recuerdo que en 1941, cuando comenzó la campaña electoral para 1942-1947, Don Pascual Prota puso un cruza-calles que iba de los altos de su prestigiosa joyería al Palacio del Ayuntamiento, que decía: “Seguiré a caballo”, aquellas famosas palabras que les dijo Trujillo a los que fueron a visitarle a la Hacienda Fundación, a rogarle que aceptara ser postulado de nuevo a la Presidencia de la República, desde donde había estado alejado de 1938 a 1942. Trujillo distinguía mucho al correcto comerciante y joyero don Pascual Prota, padre de Demetrio y en honor a quien lleva el nombre el famoso Restaurant gourmet “Demetrio”.

Bajando la Arzobispo Meriño estaban frente a la Catedral el Teatro Capitolio y el Hotel Fausto, propiedad del señor Wilfredo Benítez. En El Conde, frente al Parque Colón, estaba en la esquina Arzobispo Meriño un Restaurant Chino y al lado del mismo en la Arzobispo Meriño otro bar restaurant llamado “El Gato Negro”. También estaba frente al Parque Colón la farmacia de Don Juan Marrero, el Colmado Asturias y el Hotel Colón.

En la esquina Isabel La Católica estaba la Imprenta y Papelería McFarlane. Allí su propietario, acompañado de sus hijos Elena, Jimmy y Hugo servían a sus clientes con los mejores trabajos de imprenta, encuadernaciones, sellos gomígrafos, etc. Al lado de la imprenta, en el Palacio de Borgellá, estaba el Senado de la República y al lado del mismo la Cámara de Diputados. En el Palacio de Borgellá se juramentó el entonces General Rafael Leonidas Trujillo Molina, el 16 de agosto de 1930, como Presidente de la República, quien subió al Senado por una larga alfombra roja que iba desde el Parque Colón hasta la entrada del recinto Senatorial cruzando la Calle Isabel La Católica. En la otra esquina, frente a la Imprenta McFarlane estaba la Ferretería Read, propiedad de don Francisco Martínez Alba (Don Paquito). Prosiguiendo hacia el Este, en la cuadra entre La Isabel La Católica y la Calle Colón (hoy Las Damas), estaba la Dirección General de Rentas Internas. Frente a la misma, el salón de exhibición de la Dominican Motors Company, empresa del Sr. Francisco Martínez Alba, cuyo Administrador General era don Manolín Alfaro. Al otro lado de la calle estaba el depósito de cadáveres de la Universidad de Santo Domingo, donde bajo las enseñanzas del Dr. Heriberto Pieter, el Dr. Benzo, el Dr. Nicolás Pichardo y el Dr. Capellán tenían los estudiantes de medicina sus prácticas de disección. Cuando la universidad fue trasladada al sitio donde se encuentra actualmente, el recinto fue ocupado por el Instituto Cartográfico Militar. Al frente estaba el Periódico El Caribe, en la calle El Conde #1.

Con la seguridad de que estas informaciones sobre cómo recuerdo era la configuración de la calle El Conde en esos años pretéritos, serán de su gran interés, me despido con los sentimientos de mi más sincera admiración por sus esfuerzos por rescatar del olvido lugares y personas donde disfrutamos tanto los felices años de la adolescencia.
Abrázale,
Hans P. Wiese