Preocupación por la violencia

Dejar de sentir preocupación y alarma cuando nos enfrentamos con la escalada de la violencia de género, significa que hemos perdido la sensibilidad y la capacidad de reacción ante esta epidemia social. Ignorarlo tampoco es una opción. En una semana reportan 33 casos con apresamiento de los agresores, sin contar la tragedia familiar que cada caso representa.También vemos que el Estado lucha para implementar programas y campañas que detengan este flagelo, pero vamos perdiendo la esperanza al notar que estas acciones no están dando resultado, o no son suficientes ante la dimensión del problema. El trabajo realizado es de gran valor, y no solo por su costo y los recursos dedicados, también porque han sido diseñados para crear conciencia ante la problemática. Sin embargo, nos preguntamos:

¿Qué pasa que no se logra erradicar la violencia?

En nuestro trabajo terapéutico con parejas y familias que presentan dificultades, incluyendo conductas violentas, hemos visto que el trabajo que tiene mayor impacto, en cuanto a resultados, está relacionado con brindar asistencia temprana y seguimiento cercano ante la aparición de estas conductas.

Entendemos también que es de vital importancia que toda la comunidad tome conciencia y asuma su responsabilidad para prevenir la violencia en todas sus manifestaciones.

Por esta razón, la importancia de la educación ciudadana en todos los niveles: familiar, escolar, social y laboral, como fuente para educar a cada ciudadano en valores, respeto, solidaridad, tolerancia, empatía, ética y moral.

Sabemos que la familia es la célula de la sociedad. ¿Pero, hacia dónde la llevamos?

¡No podemos resignarnos, no podemos tirar la toalla!
Cada uno de nosotros, desde nuestro núcleo de actividad, tenemos la obligación de ver y hacer algo, alzar la voz, cuando veamos conductas de riesgo que podrían traducirse en conductas violentas.

La educación, con su componente preventivo, debe ser el eje principal y debe primar en todos los programas curriculares. Es nuestra responsabilidad asumir una posición proactiva ante la violencia.