Los partidos acomodados al poder

Una de las debilidades que suelen afectar a los partidos que ejercen funciones de Gobierno radica en que tienden a acomodarse al poder y descuidar las tareas fundamentales que les permitan seguir siendo organizaciones fuertes.Y como es lógico que suceda, el espacio tiende a ser ocupado por otras formaciones. A veces se producen reacciones oportunas y se logra enmendar el error.

En el sistema nuestro se puede afirmar que sólo el Partido de la Liberación Dominicana (PLD) ha logrado fortalecerse desde el ejercicio del poder, un fenómeno que tiene su explicación en la temprana decisión de esa fuerza de conducirse como una organización de dirección colegiada.

La introducción que antecede tiene su fundamento en mi artículo anterior en que analizaba la dramática desaparición del Partido Revolucionario Dominicano de la última encuesta de la firma Gallup, en la cual—a pesar de haber quedado en el tercer lugar en las elecciones generales de 2016—el PRD ni siquiera fue mencionado.

El llamado de atención sobre ese extraño caso de un partido arraigado en la historia política de la República Dominicana desde al menos 1961, parece que ha hecho conciencia en su dirigencia, pues apenas el pasado domingo su Comité Ejecutivo Nacional decidió implementar acciones que le permitan al PRD volver a elevar vuelo.

Que lo pueda lograr es un tema que concierne solamente a los perredeístas, pero tengo la impresión de que la tarea le va a resultar ardua. En primer lugar porque el PRD está en el Gobierno, pero no es el Gobierno.

Y en esa virtud carece de posibilidades de atender a toda su militancia, tomándose en cuenta que, de hecho, lleva catorce años fuera del poder, en un país como la República Dominicana donde el Estado es la sombrilla bajo la cual se cobijan los pobres, ya sea en un empleo o en alguna de las múltiples maneras que tiene el Gobierno de ayudar.

Esto, a pesar de la cantaleta de que se fomenta el clientelismo y de que la nómina pública está abultada con gente que hace nada en las instituciones donde cobra, generalmente una suma irrisoria que le alcanza para muy poco, pero que de no disponer de ella sería una población vulnerable a extremos de estallido social.

En definitiva, la dirigencia del PRD parece haber hecho conciencia en el sentido de que, ya sea porque quisiera correr su propio albur en las elecciones de 2020 o porque quiera continuar aliado al PLD, sólo marcando en las encuestas y con presencia real es como podrá ser pesado en la balanza que inclina el poder.

Supongo que el primero que lo sabe es Miguel Vargas Maldonado, su presidente.