Dígase bienestar

Todo el tiempo explicándose la “felicidad”, desde Aristóteles y Platón se ha elucubrado sobre ella pero a estas alturas no sabemos exactamente lo que es, en tanto es un concepto subjetivo que no acepta definiciones, conocible solo por nuestra experiencia propia. La idea de objetivar la felicidad ha sido tonta e inútil y el error ha estado en que se la ha confundido con el concepto de bienestar, que sí es objetivo y definible, un estado en que nos sentimos bien y libres de preocupaciones, relacionado no exclusiva pero principalmente con dos cosas: economía y salud. Quizá la concreción a la cuestión es efectivamente desechar el trillado concepto de “felicidad” y reemplazarlo por el de “bienestar”, objetivo y posible de gestionar.