En el avión de regreso…

En cualquiera de esos lugares limpios, bajo control y en estricto orden, no conoces al vecino, que nunca va a tocar tu puerta para pedirte un chin de azúcar, ni a pasarte un plato de comida de ventana a ventana, ni a saludarte con un “¿cómo tú ta?” (que no se traduce al inglés).

Y si acaso le sonríes a una hembra en la calle, hasta te puede acusar de acosador sexual o de loco; y nunca vas a escuchar un bocinazo ni te van a limpiar el parabrisas en cualquier cruce de avenidas…(Serán muy civilizados y todo, pero vivir aquí, con todas sus agravantes, se me antoja más humano y menos aburrido).