¡No duermas!

Para fluir de continuo en la fe verdadera debemos correr riesgos. El acto de la fe arriesgada trae ruidos que despiertan el arrojo y la diligencia de nuestra alma, y provocan acciones valientes que desenlazan la respuesta de Dios. No te preocupes por el qué dirán, obedece y no duermas en la estéril realidad. Justo en esa área de tu vida donde todos leen “debilidad” es que Dios escribe perfección, con el dedo de su poder.