El doble sueldo

Desde el lunes empezaron a circular los montos extraordinarios que el gobierno desembolsa en diciembre por el pago de la regalía pascual o salario 13 a sus servidores. Cobraron los pensionados y jubilados y progresivamente lo hará la totalidad de la nómina pública, hasta el 20 de diciembre, que es la fecha tope fijada por la ley para este fin.

La suma anunciada es de más de RD$14,000 millones, que llegarán a los bolsillos de esos servidores, y por extensión a la economía.

Como el gobierno, el sector privado también desembolsa montos extraordinarios para el pago del doble sueldo a sus servidores.

Las empresas, grandes o pequeñas, tienen también que cumplir con la ley. Esos desembolsos tienen desde cualquier perspectiva un gran impacto. Entran a la economía.

El salario 13 es una reivindicación instituida desde 1959, mediante la Ley No. 5235, del 25 de octubre de ese año. Fue recibiendo modificaciones hasta quedar incluida como un derecho definitivo en el Código Laboral Dominicano. En principio, si bien era una ley, no dejaba de ser una simple concesión, pues estaba supeditada al “buen comportamiento del trabajador.”

Con la ley No. 16-92 que establece el Código de Trabajo de la República Dominicana, el régimen del salario navideño queda consagrado en los artículos 219 al 222 de la misma.

El artículo 219 establece: “El empleador está obligado a pagar al trabajador en el mes de diciembre el salario de Navidad, consistente en la duodécima parte del salario ordinario devengado por el trabajador en el año calendario, sin perjuicio de los usos y prácticas de la empresa, lo pactado en el convenio colectivo o el derecho del empleador de otorgar por concepto de éste una suma mayor”.

Ese pago, en consecuencia, dejó de ser un regalo fundado en la buena voluntad del Estado protector o del empleador para enseñorearse como una reivindicación más de los trabajadores.

Ese dinero tan esperado para “tantas cosas”, debe ser bien administrado. Darle el mejor uso posible, evitar gastarlo sin proporción y sin medida, de modo que el afán consumista no se lo trague de un tiro.