Guerra anhela crecer, pero el pueblo sigue abandonado

    Al igual que Pedro Brand, en el municipio de San Antonio de Guerra el desarrollo camina a paso lento y sin esperanza inmediata de avances. Cuando la capital fue convertida en el Gran Santo Domingo, en el año 2001, esta comunidad era distrito municipal de Santo Domingo Este. Exigieron cambiar de categoría. Cuatro años después, en el 2005, ganaron el pleito y lograron la condición de municipio. Y siete años más tarde, con una población que crece al unísono con las demandas sociales, en Guerra no funciona ninguna oficina gubernamental; el servicio de agua solo es estable en el casco urbano de esa jurisdicción y los caminos vecinales lucen igual que en la época de las devastaciones de Osorio, en el 1606.

    Sus autoridades expresan con orgullo que ya no son la comunidad lejana de la capital y que la segmentación les ha permitido aprovechar los recursos para beneficio de sus munícipes. Dicen, también, que al tener la categoría de municipio son mejor valorados que antes, cuando solo eran una parte del territorio que abarca el municipio Santo Domingo Este.

    Sin embargo, la práctica y la cotidianidad que envuelve a esta demarcación contradicen el optimismo de sus autoridades. Diariamente, cientos de personas residentes en esta localidad se ven precisadas a viajar al centro de la capital o a su municipio vecino, Santo Domingo Este, para realizar diligencias tan simples, como cambiar un cheque o pagar una factura eléctrica.

    Olvidados

    Solo la Junta Central Electoral tiene una Oficialía del Estado Civil que funciona en la calle principal del pueblo. No tiene juzgado de paz ni un distrito escolar, que como municipio les corresponde.

    En las secciones y parajes de Guerra, colindante con Bayaguana y Boca Chica, el agua potable llega a veces o casi nunca. Esto a pesar de que este municipio abastece del preciado líquido a gran parte de la provincia Santo Domingo, a través de cuatro importantes proyectos de ríos subterráneos que los habitantes de esta zona no han podido capitalizar.

    Se trata de los ríos subterráneos Mareno, La Joya, Bella Vista y Estorla, desde donde están conectadas las tuberías que mediante el sistema de bombeo llevan millones de galones de agua a distintos sectores de la provincia Santo Domingo.

    Mientras, una considerable población de Guerra, especialmente los de la zona rural, se conforman con saber que el subsuelo de su territorio es rico en producción de agua, aunque no puedan aprovechar este envidiable privilegio.

    El último censo de población y vivienda contabilizó en Guerra 43 mil 963 habitantes. En el censo del 2003, los pobladores de esta comunidad eran 34 mil 553. Desde que nacieron como municipio, las inversiones de sectores privados en esta demarcación ha sido escasa y las existentes no benefician directamente a la colectividad de los munícipes.

    Se pueden citar como ejemplo, la construcción del cementerio privado Parque del Prado y el funcionamiento de nueve escuelas de béisbol para peloteros de grandes ligas, donde la inmensa mayoría de sus integrantes no son precisamente prospectos nacidos en Guerra.

    La única fuente de empleo formal en el municipio es una zona franca, de capital canadiense, enfocada en la confección de textiles, que ofrece unos mil 500 empleos directos.

    El resto vive del motoconcho, la agricultura, el comercio y en los últimos años unos pocos se dedican a la producción y venta de plantas ornamentales en terrenos de su propiedad.

    El ayuntamiento de Guerra solo recibe del erario 4 millones 100 mil pesos. Para aumentar sus ingresos, pretenden explotar una de las características más importantes que tiene este municipio, que es la belleza y el esplendor que ofrecen sus verdes campos y praderas, a través del turismo ecológico.

    Este proyecto incluye, igualmente, los humedales tan abundantes en este pueblo, que debe su nombre a Hernando Guerra, un hacendado afectado por las devastaciones que en el 1606 ejecutó el entonces gobernador Antonio de Osorio en poblados de la parte norte de la isla.

    Evolución histórica del municipio, desde el 1849

    Guerra tiene un distrito municipal, Hato Viejo. Al norte, limita con los ríos Yabacao y Ozama; al sur, con Los Paredones y La Piedra; al este con el río Brujuelas y al oeste con el arroyo Mojarra. Es la única demarcación que luego de ser erigida municipio fue degradada y nuevamente elevada a la categoría actual.

    El decreto 214, del 15 de octubre del 1849, la lleva por vez primera a la condición de municipio; el 9 de marzo del 1952 adquiere la condición de sección del Distrito Nacional, y en el 2005 vuelve a la categoría de municipio.

    Optimismo

    Joan Berroa
    Encargado de planeamiento urbano
    “Como éramos la última parte del Distrito Nacional, las autoridades que regían aquí venían ocasionalmente.  Se tenía la concepción de que nosotros éramos lo más lejano de la capital. Pero ya, al ser municipio, las autoridades municipales se están preocupando por la organización propia del municipio de Guerra. Esto (la división territorial) ha sido muy beneficioso, porque le hemos dado un carácter formal a las actividades del municipio”.

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