Las secuelas emocionales de la delincuencia

    La situación es, lamentablemente, bastante común: “Yo iba para mi trabajo, como a las 6:15 de la mañana, del lado derecho venía una pareja…Sentí como un escalofrío y me pasé al lado izquierdo e igual, la pareja se pasó al lado izquierdo. Viene la mujer y me dice: ¡párate hija de la gran…! Entonces yo me detuve frente a un portón y me empezó a registrar, me abrieron la cartera y la mujer me dio una bofetada. Me sacaron mis cosas, me dijeron “váyase  y no mire ´para atras”, pero me pusieron una pistola en la sien…Yo decía: ¡Ay no! No me hagan daño porque yo tengo dos hijos…Me quede fría,  empecé a llorar y comencé a temblar”. Lo que cuenta esta mujer lo podría contar una cantidad importante de personas en nuestro país. Todos los días se producen casos en que parejas o grupos de hombres jóvenes -y con cierta frecuencia mujeres-, a pie, en carro o en  motores, usando armas cortas o pistolas, asaltan peatones, o vehículos en calles de la capital y en otros lugares del país.

    Actuando de improviso y contando con la reacción retardada o ineficaz de las fuerzas de seguridad pública, usualmente amenazan, gritan, exigen y arrebatan las pertenencias de sus víctimas. Luego  de la acción, que se tiende a describir como un momento eterno para el que lo vive, se van y dejan a las personas asustadas, indignadas, con  una sensación de impotencia ante la intrusión violenta en su cotidianidad y el riesgo que encierra.

    Uno de los últimos hechos acontecidos,  y que ha consternado a la población, es el caso sucedido a la joven de 28 años de edad Francina Hungría, a quien dos delincuentes le dieron un balazo en la cara para robarle su vehículo. El resultado del hecho es que la joven perdió su ojo derecho y aún no se sabe si perderá también el izquierdo.

    Durante una entrevista realizada a la siquiatra y  terapeuta Leidy  Bastista, en el programa “Consultando con Ana Simó, que se transmite por CDN La Radio en el dial 95.5,  la especialista dijo que en los medios de comunicación comúnmente se habla del botín, del modus operandi, de las condiciones en que fueron tratadas las víctimas y si se capturó o no a los antisociales. Pero la noticia apenas esboza cómo cambia la vida de los afectados después de pasar por una experiencia traumática. Explicó que hechos de este tipo deja muchos efectos sicológicos en la persona a quien le suceden.

    Lasreacciones que se pueden encontrar son el aumento en la frecuencia cardíaca, estrés traumático,  temblor, frío y sudoración asociadas a la vivencia de peligro y malestares intestinales, como diarrea. Es común que las personas experimenten miedo y nerviosismo durante e inmediatamente después del asalto.  Sin embargo, hay algunos efectos emocionales que permanecen días, semanas y meses posteriores al ataque sufrido.

    Las heridas psicológicas se agravan cuando en la realización de este delito hay uso de fuerza física, armas, máscaras, y si los ladrones emiten gritos y ruidos para intimidar a las víctimas.

    La perpetración del robo en lugares considerados “seguros” por la víctima, como la propia casa o el trabajo, así como la reiteración de los robos sufridos tienden a incrementar los sentimientos de vulnerabilidad, inseguridad y temor, que pueden llevar a la paralización y al encierro de la persona.

    Se suma a  todo esto el temor de ser identificados y ubicados fácilmente y el miedo a un posible retorno de los agresores. Puede suceder que la persona que atravieza por esta situación asuma una conducta evasiva , lo que puede afectarla más a nivel emocional.

    Estrategias de afrontamiento

    La vida de una persona que ha sido afectada por la violencia se ve alterada de una u otra forma. Ante esta situación, se adoptan una serie de medidas que buscan evitar o minimizar el riesgo de sufrir otro hecho -aunque dada la situación, esto no es sino una tentativa, a veces fallida-.

    Las personas intentan evitar lugares, horarios, rutas o medios de transporte, se intenta tener un “perfil bajo” para los asaltantes,  además de permanecer alerta ante cualquier signo de peligro que se perciba en el entorno. Se intenta evitar hablar por teléfono celular en las calles o en el transporte  y se busca no tener objetos visibles que puedan incitar a los asaltantes.

    Finalmente, las personas se encomiendan a Dios. De hecho, la religiosidad es una forma común de afrontar la vida cotidiana amenazada por la violencia, más cuando se ha sido victima.

    Ante el  hecho Laidy bastista comenta que lo primero que debe hacer la persona que ha sido agredida es aceptar que  le ha sucedido un hecho  traumático, que escapó de su  control. Dice que una buena medida es  dejar de culparse y  hay que hablarsobre lo sucedido con  las personas con quienes nos sentimos protegidos, como la familia y los amigos, porque callarlo sólo logrará profundizar el miedo y culparnos cada vez más.

    La experta aconseja buscar técnicas  que nos ayuden  a  relajarnos   a desconectarnos del hecho , así como realizar cosas que nos resulten agradables, como tomar un baño relajante, escuchar música o ver una buena película.

    Así mismo sugiere mantenerse centrado y enfocado, y comprender  que  se trata de algo que  pasó   y que no tiene  por qué volver a suceder.

    Queremos ofrecerte lo mejor de nosotros
    ¿Te gusta el contenido de este artículo?

    Compartir
    Noticia anteriorUn espacio para los libros antiguos y raros
    Noticia siguienteLas tradiciones religiosas que envuelven la Navidad