Semana Santa

En medio de todos los problemas, noticias y cuestiones de interés de todo tipo y candente actualidad, tanto aquí como fuera, la vida sigue su ciclo y así agotamos el período de la Semana Mayor, que ahora es lo que más nos ocupa.

Semana Santa

Hoy la mayor parte de la gente empieza a dejar la ciudad en plan de vacaciones. Desde hace unos días el saludo de rigor es ¿Adónde irás para Semana Santa? La publicidad oferta artículos de playa o excursión. Hoteles playeros están llenos; las&#8230

Semana Santa

Dos épocas del año me hacen pensar más que las demás: Navidad y Semana Santa. ¿Por qué? ¿Es que tienen algo en común? Algunos pensarán que en las navidades celebramos el nacimiento de Jesús y en la Semana Santa pasamos por recordar el dolor&#823

Semana Santa

En esta semana me acojo al título de esta columna, alejándome de los temas económicos, de las situaciones que de una forma u otra impactan la vida diaria de los dominicanos, para centrarme en otro de importancia mayor.Hace muchos años…

La Semana Santa

La Semana Santa o Semana Mayor es una fiesta movible que generalmente cae en marzo o abril de cada año y es celebrada por los cristianos, especialmente por los católicos, un simbólico recuerdo de la pasión, vida y muerte de Jesús, llamado también&#8

En medio de todos los problemas, noticias y cuestiones de interés de todo tipo y candente actualidad, tanto aquí como fuera, la vida sigue su ciclo y así agotamos el período de la Semana Mayor, que ahora es lo que más nos ocupa. La ocasión divide al país entre los que optan por quedarse en la ciudad y los que salen de asueto a playas, ríos, montañas y pueblos.

La seguridad de los viajeros es la principal preocupación de las autoridades, que montan su tradicional operativo de prevención de desgracias. Es de rigor insistir en el llamado a la moderación y la cooperación. Vamos a asumir el compromiso de no ser parte de las estadísticas de desgracias personales del feriado.

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Hoy la mayor parte de la gente empieza a dejar la ciudad en plan de vacaciones. Desde hace unos días el saludo de rigor es ¿Adónde irás para Semana Santa? La publicidad oferta artículos de playa o excursión. Hoteles playeros están llenos; las autoridades montan la campaña de prevención de desgracias, llamando a la moderación y la prudencia. También están los que prefieren quedarse en la tranquilidad de la ciudad y los que se integran a las celebraciones católicas. Unos u otros, en lo que todos debemos insistir es en procurar paz de mente y espíritu. Aprovechar estos días para entretenernos, compartir o divertirnos sin excesos. Ese debe ser el marco de esta Semana Mayor. Porque la vida sigue después. 

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Dos épocas del año me hacen pensar más que las demás: Navidad y Semana Santa. ¿Por qué? ¿Es que tienen algo en común? Algunos pensarán que en las navidades celebramos el nacimiento de Jesús y en la Semana Santa pasamos por recordar el dolor de su crucifixión, su entrega por nosotros para liberarnos del pecado.

Y así es, ambas épocas del año tienen un importante significado especial para el mundo católico, pero hay algo más que siempre me hace meditar. Y es que en ambas épocas se hacen más evidentes las diferencias sociales y de fe.
En navidades a unos les sobra en exceso, grandes celebraciones, muchos regalos, mientras otros esperan la ayuda para poder tener la única cena especial del año y los regalos, si acaso llegan, son de escaso valor.

En Semana Santa la diferencia es de fe. De aquellos que aprovechan la semana para recordar el sacrificio de Jesús en la cruz, para acercase más a las creencias de la fe. Otros sólo piensan en la diversión que nunca es incompatible con recordar lo que significa la Semana Mayor, siempre que se separen espacios para pensar en cómo podemos ser mejores seres humanos, cómo podemos ser mejores ciudadanos y cómo estar más cerca de aquellos valores que Jesús en su corta vida nos enseñó y que con un tremendo mensaje resumió en siete palabras cuando era crucificado en la cruz.

La primera palabra, “padre, perdónalos porque no saben lo que hacen”. Jesús en la cruz, a pesar del enorme sufrimiento, le pide al Padre que los perdone. En la vida diaria debemos pedir al Padre que perdone aquellos que matan, a los que con la palabra dañan a otros, a los que engañan, a los que roban, a los que abandonan a sus hijos, a los que dañan reputaciones para ganar dinero, a los que cada día con su palabra ofenden. Esta primera palabra es poderosísima; es poder vivir sin odio, perdonar aunque nos ofendan a diario y procurar para ellos que su alma atormentada también pueda encontrar la paz.

La segunda palabra, “hoy estarás conmigo en el paraíso”. Jesús nos enseña que a pesar de lo grave de nuestros pecados, si logramos arrepentirnos como el ladrón bueno, estaremos al momento de nuestra muerte con él en el paraíso. Existe la justicia de la tierra que en muchas oportunidades es muy imperfecta y no castiga como debe ser. Sin embargo, Jesús en su misericordia divina perdona todos los pecados por graves que estos sean; si realmente hay un arrepentimiento sincero, nos perdona nuestros errores, nuestros egoísmos.
La tercera palabra, “he aquí a tu hijo, he aquí a tu madre”. Esta es la parte humana de Jesús, su preocupación por su madre, la cual al momento de la crucifixión se encuentra sola con el discípulo que amaba, la hermana de la virgen María y María Magdalena. Todos lo habían dejado solo. Eso sucede diariamente, acompañamos a los que tienen riqueza, poder. Sin embargo, nos olvidamos de los que nos necesitan. Nos llenamos la boca de ser cristianos, rezamos el Padre Nuestro, nos damos golpes en el pecho, pero nos olvidamos de las necesidades y las urgencias de los demás.

La cuarta palabra, “Dios mío, dios, mío, ¿por qué me has abandonado?”. Ese grito de Jesús en la cruz al Padre de por qué lo abandona en el dolor si sólo ha hecho el bien. Cuántas veces clamamos por ese abandono al ver tantas injusticias, ante la inseguridad que se lleva la vida de inocentes, la violencia, la justicia que falla injustamente, el político que se hace rico con los recursos que deben estar destinados al bien de la ciudadanía, al empresario que no paga sus impuestos, al sacerdote que no cumple con los mandamientos, al militar que no protege, al periodista que habla por encargo, al abogado que encubre las faltas del asesino, del narcotraficante, del violador. O simplemente, cuando entendemos que el mundo se nos viene encima y Dios también nos ha abandonado.

La quinta palabra, “Tengo sed”. Cuántas veces se nos acercan personas con problemas, solicitando nuestra ayuda en la medida de nuestras capacidades y volteamos la cara. Jesús más que sed de agua, tenía sed de justicia, de comprensión, de aliviar el sufrimiento de los demás, la sed de perdonar. Es salir a la calle, no con la intención de resolver a tiros nuestras diferencias, es recordar las necesidades de los demás.

La sexta palabra, “Todo está consumado”. Jesús acata la voluntad del Padre, asumiendo el mayor de los sacrificios: la muerte por nuestros pecados. Sin embargo, nosotros no somos capaces de obedecer las leyes más simples, de respetar a nuestras familias, de respetar a los que nos rodean.

La séptima palabra: “Padre, en tus manos encomiendo mi espíritu”. Jesús muere por nuestros pecados, no cometió pecado alguno más que lavar los nuestros con su muerte, sufrió en la cruz el peor de los maltratos. Tememos a la muerte porque somos pecadores, recordemos siempre el Salmo 23: “Aunque ande en valle de sombra y de muerte, no temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo, tu vara y tu cayado me infundirán aliento”.

El domingo, cuando asistía a la misa del Domingo de Ramos, el sacerdote nos pidió guardar hasta el día de Pascua de Resurrección las palmas que nos habían dado y cada día rezar por alguna intención.

Así lo haré y en estos días antes rezaré por la paz el mundo, por mi familia, por las elecciones que pronto celebraremos. Que las mismas transcurran en paz y todos los funcionarios que serán elegidos recuerden que deben servir y no servirse.

Rezaré por una mejor distribución del ingreso, rezaré por los niños enfermos y abandonados, rezaré por nuestros vecinos que pasan tantas vicisitudes, rezaré por los venezolanos, por los que hoy son asesinados en el Medio Oriente sin misericordia, rezaré por los valores de nuestro país. Rezaré por la paz del alma de los que odian, por los que insultan y también por los enfermos, por aquellas personas que dan su vida para auxiliar al prójimo sin pedir nada a cambio.
Feliz Semana Santa y Pascua de Resurrección.

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En esta semana me acojo al título de esta columna, alejándome de los temas económicos, de las situaciones que de una forma u otra impactan la vida diaria de los dominicanos, para centrarme en otro de importancia mayor.

Hace muchos años la Semana Santa era de recogimiento; no había el ambiente festivo de hoy día. No creo que festividad y meditación sean incompatibles siempre que recordemos la esencia de los que celebramos o que utilicemos el descanso no solo para ir a playas, volver a la casa de familiares, sino para reflexionar sobre nuestras vidas.

Al inicio de cada año nos trazamos planes sobre qué queremos emprender, revisamos lo que hemos hecho en el año recién transcurrido. Semana Santa debe ser algo parecido, pero en el orden espiritual.

El papa Francisco pedía perdón en estos días por los errores de la Iglesia y yo digo que con razón fue elegido para esas funciones, porque hacía falta un Sumo Pontífice más cercano a la feligresía, menos pomposo, sin cambios de tradiciones que alejen al católico de su iglesia.

Hay tres lecturas que nunca me pierdo: Los Dos Minutos de Don Luis García Dubús, la homilía de los domingos del Padre Manuel Maza y Rosas Para el Alma, de la pastora Lucy Cosme.

El padre Maza ha hablado del milagro de Jesús, cuando unta de barro los ojos del ciego, que se lamentaba sobre su ceguera y se preguntaba si la misma era consecuencia de los pecados de sus padres. Entonces, Jesús le responde que es  todo lo contrario, que la ceguera es una oportunidad para revelar la gloria de Dios.

¿Pero cuántos tipos de ceguera no hay en el mundo? ¿No será ciego el que miente, el que roba, el que mata, el que por su ineptitud evita que otros salgan de la pobreza? ¿No será ciego el que insulta, el que odia? ¿No serán ciegos los que discriminan, los que llevan al mundo a la guerra para luego beneficiarse económicamente? ¿No serán ciegos los que cobran comisión para hacer un trabajo por el cual ya reciben una paga? ¿No serán ciegos los que maltratan a sus hijos, engañan a sus parejas, violan niños y mujeres o los que trafican con seres humanos? ¿No serán ciegos los que no aprecian el trabajo de otros?

Nuestros obispos, en su carta pastoral a la Nación con motivo del Día de la Independencia, aun cuando no mencionan el término ceguera, lo dejaron implícito cuando proponían que la incapacidad de buscar soluciones y acuerdos beneficiosos para todos era una especie de ceguera que no nos permite avanzar como sociedad.

En esta Semana Santa meditemos sobre la necesidad de la luz divina, que eliminemos la oscuridad que generan el odio, la indiferencia, la falta de armonía entre la familia y las naciones. Recordemos que todos somos hijos de Dios y que el valor del ser humano no está en lo que posee, sino en lo que es. La pobreza no está en la ausencia de bienes materiales, sino en la inconformidad de quienes nada tenemos.

Por último, haré un resumen de algo que leí de la pastora Lucy Cosme en su maravilloso libro. Cosme indica que muchas veces Dios precisa de personas con valentía para poder llevar hacia adelante sus designios, con sensibilidad y nobleza. Dos palabras que muchas veces cambiamos por indiferencia y crueldad. Y dice finalmente: “No se trata de tu condición sino de tu disposición”.

Esa última expresión debe quedar grabada para siempre en nosotros, porque muchas veces rehusamos tomar decisiones por no creer que contamos con las condiciones para ejecutarlas. Es todo lo contrario: es la actitud, es el coraje lo que nos falta.

Que esta Semana Santa nos acerque a Dios y podamos sacar de nuestro corazón el odio, la exclusión y los juicios de valor, para sustituirlos por un verdadero amor al prójimo. Que recordemos que la verdadera felicidad está en dar, no en tener.

Los que decidan salir de la ciudad o venir a ella, háganlo con prudencia. Las celebraciones son buenas con moderación y no olviden que los que somos y queremos ser se lo debemos al Señor.

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La Semana Santa o Semana Mayor es una fiesta movible que generalmente cae en marzo o abril de cada año y es celebrada por los cristianos, especialmente por los católicos, un simbólico recuerdo de la pasión, vida y muerte de Jesús, llamado también el Rabit de Galilea.

Se inicia con el Domingo de Ramos que recuerda la entrada en un burrito de Nuestro Señor Jesucristo, a la Ciudad Santa de Jerusalén siendo aclamado con vítores y ramos por la multitud y Jesús sabiendo lo que le esperaba, dijo los siguientes versos:

¡Jerusalén, Jerusalén, cuántas veces he querido abrigarte, como la gallina abriga sus polluelos , y tú no has querido, pero llegará el día en que no quedará piedra sobre piedra.

El ayuno, característico de la Cuaresma, debe ser entendido como en no hacer nada más que una sola comida al día y en abstenerse de ciertos manjares. Esta imposición obliga a unas reglas gastronómicas severas en cuanto a los ingredientes y a las cantidades, los pescados acompañados de todo tipo de verduras, legumbres, etc. Y los dulces pasan a ser los ingredientes protagonistas de la mayoría de los platos. Suelen ser platos, por regla general con gran capacidad de saciamiento; ayudan a evitar la tentación del consumo de carne.

Por otra parte, la carne es objeto principal de abstinencia, cubre tanto a las carnes rojas (buey, ternera, carnero) como a las carnes blancas (cabrito, cordero, cerdo) y la caza. Este precepto se aplica por igual a los productos de carne: embutidos y demás partes. En algunos casos es permitido el uso de tocino, siempre y cuando sea posible cocinar con aceite vegetal y demás yerbas.

La comida durante la Cuaresma se distingue de un país a otro, pudiendo señalar algunas naciones de América, incluyendo, como es natural, a nuestro país, la República Dominicana.

Argentina

Para la Pascua cristiana se consumen huevos y rosca de pascua. En tanto que para Semana Santa, fechas en que la iglesia católica exige ayuno de carnes salvo la de pescado, son típicas las empanadas de vigilia (principalmente las rellenas de atún), y guisados con bacalao o, en su defecto, cazón. Los pescados acompañados de cualquier tipo de verduras, legumbres, etc., los dulces pasan a ser los ingredientes protagonistas de la mayoría de los postres.

Chile

Se suele comer algunos tipos de empanadas con mariscos, con verduras, a veces mermelada de fruta (pera, alcayotas), o manzanas picadas (esto es típico de el Sur), pero por lo general, la primera, es de consumo más habitual y masivo, junto con la de queso, que puede ser frita o al horno, ésta última se hace con masa de milhojas. También es el consumo habitual de pescado y mariscos, como comidas como pescado frito, ceviche, pescado al horno,  (típico del sur de Chile) y demás platos especializados en pescados y mariscos.

En nuestro país se preparan las “habichuelas con dulce”. Es un plato que se prepara con habichuelas (frijoles) rojos, leche de coco, leche evaporada, azúcar, canela, malagueta, batata que se acompaña con galletitas dulces y pasas sin semillas. Esta se prepara desde inicio de la Cuaresma, por lo regular se prepara la primera habichuela con dulce para el Miércoles de Ceniza (día de inicio de la Cuaresma), también se preparan para el Miércoles y Viernes Santo. Esta práctica es acompañada de una tradición que implica compartir con vecinos este plato.
Por esto, para estos días, siempre se ven personas llevando de una casa a otra o envases con habichuelas con dulce para compartir con vecinos de la zona.

En otras zonas del país es tradicional preparar en lugar de este plato maíz con dulce. La preparación es la misma, lo único que se sustituye son las habichuelas por maíz, y esto se denomina “Chacá”.

También en nuestro país la gente aprovecha la Semana Santa para:

  • Acudir a los lugares turísticos, principalmente playas y ríos del país.
  • Visitar sus familiares y lugar de origen.
  • Descansar y reflexionar en sus hogares.

La ciudad capital de Santo Domingo queda prácticamente desierta a partir del Jueves Santo y hasta el Domingo de Resurrección. Su caótico tráfico vehicular  y agitada vida urbana desaparecen por completo y le sustituye una extraña calma y silencio, ajenos a esta ciudad de más de dos millones de habitantes.

En nuestro país las celebraciones religiosas empiezan el Domingo de Ramos con la bendición de los ramos en el templo de Nuestra Señora de las Mercedes desde las 5:00 a.m.  Desde allí se trasladan en procesión hacia la Catedral Primada de América para la celebración de una especial misa o eucaristía.

Se trabaja hasta el miércoles o en algunos lugares hasta el jueves al mediodía.
El Jueves Santo por la mañana se hace la Misa Crismal y los sacerdotes renuevan sus promesas y se entregan los Santos Óleos a las parroquias. En la tarde se hace la misa de la Cena del Señor, acompañada del lavatorio de los pies y una procesión.

A mediodía del Viernes Santo se imparte el Sermón de las Siete Palabras, acompañados de los actos conmemorativos de la Pasión y Muerte de Jesús y la Adoración de la Santa Cruz.

En la noche del Sábado Santo tiene lugar la vigilia pascual, a partir de alrededor de las 11:00 p.m. y hasta la madrugada y que incluye el lucernario, la bendición del fuego, bendición del Cirio Pascual, procesión, pregón pascual, liturgia de la palabra, liturgia bautismal, letanía de los Santos, bendición del agua bautismal y los actos de Confirmación (renovación de las promesas  del bautismo).

Es característico en el Viernes Santo visitar los denominados Monumentos  en los que se expone al Señor con luces y adornos muy bellos y que en la capital, donde existen muchas iglesias, son visitados por miles de fieles donde oran y hacen peticiones a Jesús a favor del pueblo, familiares y amigos.

Celebremos, pues, esta Semana Santa con santo fervor cristiano y oremos para que se detengan los crímenes que se cometen, especialmente contra las mujeres, para que el Señor salve este pueblo de tanta maldad e inseguridad.

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