¿Populismo salarial?

    En el marco del debate sobre la informalidad que se está produciendo en el país, ha salido a relucir el bajo nivel del salario mínimo que pagan las empresas dominicanas.  El Banco Central, en la segunda publicación que ha hecho para contrastar la posición del empresariado, indica que la República Dominicana (RD), después de México, es el país de la región con el menor nivel de salario mínimo. Para sostener su posición, el BC indica que en el año 2011, medido en dólares ajustados por la paridad de poder de compra ($PPP), RD tenía un salario mínimo mensual de US$231, más bajo que el de Haití (US$238). El BC indica en su publicación que elaboró el cuadro utilizando informaciones de la OIT y del Banco Mundial.

    Lo primero que resalta en ese cuadro es que para el caso de RD, el BC utilizó el salario mínimo para las pequeñas empresas, el cual equivale al 60.9% del salario mínimo que pagan las grandes empresas.  Para los demás países no se indica cuál salario mínimo fue utilizado.  No estamos seguros que el BC, en el caso de los demás países de la región tomó el salario mínimo correspondiente a las pequeñas empresas, a fin de evitar comparar ñame con guineo. Si el BC hubiese utilizado el salario mínimo de las grandes empresas de ese año (RD$9,905) y lo divide por la tasa de cambio vigente al 1ro. de junio (RD$38.0593) el salario mínimo en dólares corrientes sería de US$260.25.  Si lo ajustamos por la paridad de poder de compra ($PPP), tendríamos un salario mínimo en $PPP del 2011 ascendente a US$379.13, muy diferente al de US$231 calculado por el BC y  más elevado que los de El Salvador, Brasil, Guatemala, Uruguay, Nicaragua, Bolivia, Haití y México, publicados  por el BC en su artículo.
    En segundo lugar, para determinar si el salario mínimo que se paga es bajo o alto, el BC no debería olvidar que la economía dominicana es una economía abierta, que compite en el mercado global.  Cuando las empresas dominicanas compiten con los bienes que importamos del exterior, los mismos vienen expresados en dólares corrientes, no en dólares ajustados por la paridad de poder de compra ($PPP). Lo mismo sucede cuando nuestras empresas exportan.  Venden y facturan a dólares corrientes, no en $PPP. En consecuencia, en los costos tanto de las importaciones, de los bienes manufacturados internamente para consumo doméstico como en los de los bienes que importamos, la determinación del salario a pagar debe hacerse en dólares corrientes, no en $PPP. Sólo en economías cerradas al comercio internacional tendría sentido la fijación de salarios en $PPP.

    Eso nos llevó a entrar a la base de datos del Banco Mundial para examinar los salarios mínimos en dólares corrientes que estaban vigentes en junio del 2011 en América Latina. El Banco Mundial utiliza los niveles comparables de salarios mínimos para cada país, diferente a lo que hace el BC en su artículo, cuando utiliza el de las pequeñas empresas para RD y el salario mínimo general para los demás países. Cuando se listan los salarios mínimos de la región en dólares corrientes, el salario de US$260.25 de RD a junio del 2011, supera a los de Ecuador, Jamaica, Guatemala, Perú, Paraguay, Nicaragua, México, Bolivia, El Salvador y Haití.

    Algo que nos sorprendió es que en el análisis del BC, a pesar de haber sido elaborado en julio del 2014, se refiere a los datos de salario mínimo del 2011, a pesar de existir información más actualizada.  En la misma base de datos del Banco Mundial, se tienen las informaciones correspondientes a junio 1ro. del 2013, las cuales presentamos en uno de los gráficos anexos.  En el mismo se advierte que RD tenía un salario mínimo en dólares corrientes de US$273.40 a esa fecha, que aunque está por debajo de la media de la región, es más elevado que el de Perú, Jamaica, Paraguay, Nicaragua, Bolivia, México, El Salvador y Haití.

    El BC en su artículo no da mucha importancia al hecho de que los sobrecostos laborales (bonificación, salario de Navidad, vacaciones, aporte a pensiones, seguro familiar de salud,  seguro accidentes de trabajo, seguro social, preaviso, cesantía, Infotep, entre otros), como proporción del salario, en RD son los más elevados de la región, estimándose entre un 58% y un 65%. Sin lugar a dudas, esto eleva el costo laboral, que es la variable que las empresas igualan a la productividad del factor trabajo.  Si estos sobrecostos laborales han aumentado en los últimos 10 años, debido a la entrada en vigencia del nuevo régimen de seguridad social, nadie debería sorprenderse que el aumento de los salarios en términos reales haya sido inferior al aumento de la productividad laboral.  Lo que debe compararse es si el aumento del costo laboral total ha sido inferior al aumento de la productividad laboral.  Pero también, si el aumento de la productividad laboral no está siendo afectado por el tradicional abultamiento del crecimiento del PIB en RD, que sorprende no sólo al mercado global de capitales sino también, a algunos organismos internacionales de financiamiento y análisis económico-social.

    La RD, por otra parte, no sólo compite con sus pares de la América Latina.  Lamentablemente, también tenemos que competir con países del Asia.  En muchos de esos países, los salarios mínimos son más bajos que el de RD.  De ahí que una política de populismo salarial, como parecería estar patrocinando el BC en “tiempos políticos” para algunas entidades del Estado, podría tener consecuencias serias no sólo para la cuenta corriente de la balanza de pagos y el desempleo, sino también, para la propia situación fiscal, en la medida en que aumentos de salarios en el sector privado motivarían a los  514,105 empleados del sector público a demandar también ajustes salariales.

    El BC no debe olvidar que las empresas pagan sus salarios con los ingresos que reciben de la venta de bienes y servicios.  No tienen quien le transfiera dinero todos los años para pagar su nómina. Y para poder vender, tienen que ser competitivas.  Si pagasen, por ejemplo, como paga el BC, probablemente no tendrían a quién venderle y quebrarían.  Este año, el promedio de los empleados del BC recibirá un ingreso por hora de RD$940.75, casi siete veces lo que ganará el promedio de los empleados de la administración pública (RD$142.48) y diez veces lo que gana el empleado promedio en el sector privado formal (RD$93.98).  Estamos seguros que todos los empresarios quisieran pagarles a sus empleados como el BC les paga a los suyos.  El problema es que las empresas no emiten dinero. Lo obtienen compitiendo.  El BC, por definición, no tiene que competir, tiene el monopolio de la impresión de dinero.  Por eso, a pesar de que sus ingresos propios en el 2014 serán de RD$1,829 millones, su nómina (costo laboral) será de RD$3,951 millones.  El empresario que opere de esa manera, quiebra.

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