Desde el corazón del Noroeste

    Estos últimos días nos hemos visto en la necesidad de trasladarnos a un espacio en el que los recuerdos afloran de sólo adentrarnos por la Ave. Próceres de la Restauración. Y, al penetrar, nos recibe, cual estandarte de la historia inicial de esta tierra, el obelisco a los héroes de la Gesta Restauradora.

    Nos apena que siendo un símbolo de la ciudad Cuna de la Restauración de la República Dominicana, el mismo luzca descuidado, ávido de mantenimiento. Pero eso no es todo, si continuamos transitando por mi Sabaneta querida, nos damos cuenta de que las construcciones más emblemáticas como la Escuela Ana Joaquina Hidalgo, además de encontrarse arropada por una gran muralla, sus pasillos ya no son los de cuando cursaba el sexto curso de primaria que lucían unos azulejos resplandecientes y bien dispuestos.

    Mayor es nuestra tristeza al caminar por el parque Don Juan Rosado, con las barandas destruidas, los bustos del Patricio Juan Pablo Duarte y del Prócer Santiago Rodríguez sin ninguna tarja que permita identificarles. Más aún, el mural histórico en el frontispicio del Palacio Municipal es casi inapreciable porque la pintura se ha ido corroyendo con el tiempo y a nadie parece importarle.

    Un elemento que llama poderosamente la atención es el Árbol del Noroeste, insigne escultura creada por el artista Dionisio Peralta, oriundo de la comunidad de El Guanal, provincia Santiago Rodríguez.  Se trata de un inmenso árbol que desde su tronco hasta sus ramas resalta los elementos tradicionales que identifican tanto la provincia Santiago Rodríguez como el Noroeste. 

    Ahora bien, lo más valioso y que menos se ha hecho para conservarlo, es el Antiguo Palacio Consistorial. Una hermosa construcción de principios del siglo XX. Ya algunos amigos como los arquitectos José Miguel Báez y Ricardo González se han interesado por restaurar esta maravilla de la arquitectura noroestana, pero a nadie más parece importarle. Ahí bien pudiera funcionar un Museo de la ciudad, porque a pesar de la grandeza de mi Santiago Rodríguez, quien lo visite, a no ser por el Árbol del Noroeste, difícilmente comprenda la grandeza de este suelo.

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