El PLD entre cebollas y limones (otra vez…)

Hace poco –apenas dos años (2015)- murió Güenter Grass un escritor polémico, vibrante y valiente que escribió una autobiografía (Pelando la cebolla) lacerante y amargamente narrada cual alquimia-holocausto y reveladora de su trayectoria política-intelectual, de su vida personal y familiar salpicada de caos, dolor, guerras, artes, memorias y testimonios desgarradores de una Alemania convulsionada bajo la atmósfera siniestra del nazismo-fascismo, los delirios y los instintos insaciables de una aberración demoníaca: la fijación de un loco, Adolfo Hitler.

Tal autobiografía y su sugerente título bien podría recrear, en parte, la situación actual que vive el PLD, pues ese cuerpo orgánico está viviendo el momento más álgido y eclipsante de un liderazgo siamés de evidente bifurcación política-ideológica: sin duda, la herencia irreconciliable: Bosch-Balaguer. Uno menos, otro más, pero ambos signados por esos paradigmas.

Dije cebollas y limones, porque lo que empezó como una tolerancia de largo alcance -sin obviar enfrentamientos y escaramuzas- hoy se aleja y se contrapone, en mi opinión, por un error político-metodológico que podría sintetizarse en un lugar común o de fácil imaginario: “poner las carretas delante de los bueyes”. Porque primero había que hacer el ejercicio político (al mejor estilo de la escuela-Bosch) antes de zaherirnos.

Ahora, nadie anda desalmado (de verbo y parcialidad) y el que no habla calla para no agravar ni encender hoguera. Y me pregunto si había necesidad de todo esto.

Mientras tanto, una marca (la del PLD) -la idea es de un dilecto amigo- que estaba en la estratósfera política-electoral, según todas las encuestas, ahora sufre y aguanta.

Que de qué hablo…

Sencillo, estoy hablando de Leonel Fernández, Danilo Medina y el PLD. Trípode y sustento de una armadura hecha, según Juan Bosch (1973), para completar la obra de los Trinitarios y adecentar el ejercicio de la política y del poder.

Sin embargo, ese instrumento navega hoy entre cebollas y limones (primarias abiertas o cerradas). Y lo peor: no hay árbitro (pues toda su jerarquía o casi toda, aspira: unos a miembros vitalicio del CP -sin refrendación eleccionaria-, otros a Presidente; y casi todos, a ministros), y las bases, a falta de atenciones oportunas-orgánicas-institucionales, están a la meced de grupos de presión, de fanáticos, de chismes de patio, de acechanzas mediáticas e intrigas de adversarios y aliados fingidos.

Por supuesto, las cebollas y los limones están sacando lágrimas…

Ojalá encontremos, llegado el momento -antes de las próximas elecciones-, suficiente agua y toalla para secarlas. Pero acaso, ¿ya no será demasiado tarde, o cuando no, cuesta arriba? (…).

Mientras, ¡feliz aniversario 44!

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