Juan Bosch y el PLD

En los últimos meses, uno de los temas más debatidos en los medios de comunicación, así como por las organizaciones sociales y empresariales, entre otras, es el relativo al proyecto de Ley de Agrupaciones y Partidos Políticos, por lo que sería de mucho interés recordar las concepciones del Maestro Juan Bosch sobre este tema.

Queremos iniciar precisando que en el contexto de los liderazgos políticos latinoamericanos y caribeños, Bosch se vincula con una modalidad de conducción y liderazgo político fundamentada en tres aspectos:

Primero, en el desarrollo de un cuerpo teórico-ideológico que define el tipo de partido al cual se aspira y los principios, valores e ideales en los que se fundamenta esa concepción.

Segundo, en la búsqueda de la formación continua entre sus seguidores, basada en un programa de formación y educación política que, combinado con una práctica política orientada cuidadosamente, fundamenta su acción política.

Tercero, en la capacidad de institucionalizar su pensamiento en una organización político-partidaria con fuerte base popular.

En ese mismo sentido, es importante recordar que, entre sus múltiples cualidades, una condición que distingue a Bosch como líder político es su fuerte compromiso, no sólo con valores y convicciones ideológicas que asume, sino con las normas y reglas que rigen los mismos.

Su liderazgo se configura sobre la base de un pensamiento, teórico e ideológico, fundamentado en fuertes concepciones morales. A diferencia de los liderazgos cimentados en figuras carismáticas y discursos populistas, Bosch supo mantener una coherencia de pensamiento intachable a lo largo del tiempo y en relación con sus acciones públicas.

El pensamiento teórico e ideológico y los valores morales de Bosch están vinculados estrechamente a su concepción y visión sobre los partidos políticos; visión que no se puede separar de los valores, principios y convicciones que juegan un papel fundamental en toda su vida.

Entendía que “un partido político era el producto de la sociedad en que se halla, pero al mismo tiempo no puede dedicarse sólo a las tareas de cada día, sino que entre sus obligaciones está la de contribuir al desarrollo de la sociedad en la que actúa, y tiene que prepararse para ver con claridad no sólo lo que sucede en torno suyo sino además prever lo que sucederá para evitarlo si está llamado a ser dañino, o acelerarlo si está llamado a serle útil al pueblo”.

Otro aspecto fundamental en la concepción de Bosch acerca del partido es el rol que éste debe jugar en la organización y conducción del pueblo. Considera que el pueblo no debe hacer por sí mismo lo que el partido debe hacer por servirle al pueblo, en tanto el partido representa al pueblo y actúa en el campo político para servir al pueblo, y hace en ese campo lo que el pueblo no puede hacer. En este sentido sostiene: ... “La dirección política del pueblo debe ser obligación y trabajo nuestro, del PLD, pero la lucha diaria para resolver los problemas diarios… debe ser obra del pueblo llevada a cabo por el pueblo organizado”.

La construcción del PLD, considerado por Juan Bosch como “Un Partido Nuevo en América” y como su mejor obra política, lo concibió como un partido de militantes, con métodos de trabajo propios, que aseguraran capacidad, organización y eficiencia, pero sobre todo vinculado al pueblo y sus problemas reales.
Estas concepciones son las que siempre debemos tener presentes al momento de tomar decisiones que impacten la sostenibilidad de nuestra organización partidaria.

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