Nuestra diplomacia en China, de Alberto Despradel

El reciente anuncio de la reapertura de las relaciones bilaterales del país con la gran nación asiática hace obligada la relectura del libro La Misión Diplomática en la China Continental (1947-1950) del intelectual y diplomático dominicano Alberto Despradel, gracias a su exhaustiva documentación y a sus referencias con análisis de coyuntura sobre las peripecias vividas por el entonces embajador Leonte Guzmán Sánchez tras la huida del presidente nacionalista Chiang Kai Shek, derrotado por los comunistas liderados por Mao Tse Tung.

La obra aporta datos históricos con los informes que enviaba Guzmán Sánchez al Gobierno Dominicano sobre los acontecimientos que ensangrentaban a China, después que en el contexto de la Segunda Guerra Mundial lograron liberarse del imperio japonés, tarea encabezada por los dos grandes líderes que luego rivalizaran como abanderados del comunismo y el nacionalismo. El enviado criollo se mantuvo en esos afanes, refiere Despradel, hasta el 4 de abril de 1949, cuando la inseguridad social y política le hizo insostenible su presencia en la tierra de Confucio. Se trata de un recuento pormenorizado de los hechos con una perspectiva desde los intereses dominicanos, en un esfuerzo por explicar porqué la sólida unión de los comunistas se impuso sobre la dispersión nacionalista, trayendo como resultado un régimen que transformó el panorama político universal. Fue entonces cuando Guzmán Sánchez informó que se retiraba de la sede en Nankin, a fin de ponerse a buen resguardo junto a su esposa Josefa Vidal, su hijo José Manuel Guzmán Vidal y todo el personal, dando cuenta además a la Cancillería china de que abandonaría el territorio “por el puerto de Shangai a bordo del vapor de bandera norteamericana “Presidente Wilson” el día 27 de abril de ese año”.

Despradel describe con apego a la metodología de la investigación científica escenas que plasmó con la estética narrativa del novelista el francés André Malraux en La Condición Humana, sorprendido por los mismos acontecimientos en China. La fundación de Taiwán por Shek marcó definitivamente las diferencias.

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