Lo más intangible es la cultura, te forma

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Menicucci considera que los momentos significativos en la vida a veces no se ven, pero son los que determinan el ser.

Orlando Menicucci, consagrado artista de la plástica dominicana con 50 años de carrera, ha asumido el arte como un sacerdocio, realizando a través de éste, más que obras, movimientos que perduran a través de los tiempos. Graduado como experto de UNESCO, que le permite ejercer en museos como el Smithsonian o el Prado, por citar algunos, Menicucci prefirió quedarse en su país, no sin antes haber tenido la experiencia de trabajar en países como Brasil, donde restauró obras de artistas como Picasso y Chagall, y en Colombia, donde tuvo el honor de restaurar la Virgen de Acerías Paz del Río.

1. Su contacto con la imagen
De la infancia recuerdo cosas que me impresionan. Mi padre tenía un laboratorio de fotografía en la misma casa, y desde los 5 años empiezo con él a hacer revelados. Mi primera experiencia con la imagen fue ver surgir del revelador una imagen de la nada, lo que para un niño era mágico, ver nacer la imagen en el laboratorio del patio de tu casa, en ese ambiente de luces rojas, de niños pequeños, de un señor tan preciso con su trabajo fotográfico, una persona que se dedicaba a registrar todo. Esto, dentro de mi desarrollo fue de mucha importancia, fue un gran momento observar a mi padre viendo la imagen surgir de la nada, y esa sensación de que en mi casa se hacía imagen”.

2. Performance de su madre
Con mi madre, recuerdo un momento muy específico. Ella pertenecía al movimiento Unión Cívica Nacional, antes de ser partido político, pero quedaban los remanentes del trujillato y teníamos que pasar todas las noches de un lugar a otro para que no nos mataran. Era un antecedente para ese momento inolvidable cuando matan a Manolo Tavárez, en diciembre, y Santiago se convirtió en un pesar. Mi madre siempre era muy carnavalesca, ella había decidido no participar más en las fiestas después de esta muerte. Sin embargo, ese espíritu carnavalesco la motivó a crear un gran traje, que se llamaba Confusión Política. Cuando comenzó a elaborarlo conceptualmente, junto a su hermano Príamo Morel, creó un traje de la República dividido en dos mitades: sobre la miseria y sobre la abundancia. Cuando entró al salón, con una paloma blanca, hubo un silencio absoluto, porque en Santiago había una gran tristeza, aunque estaba en su carnaval. No hubo música en la sala, y entró con aquel gesto en la mirada, soltó la paloma, y la paloma dio vueltas y cae muerta en el medio de la fiesta, en el Centro de Recreo… y del silencio absoluto se pasó a los aplausos. Ella se ganó el premio del carnaval, se lo entregaron al traje Confusión Política”.

3. Grupo Fiordano
Otro momento inolvidable, vinculado a los procesos artísticos, fue cuando creamos el grupo Fiordano en la Madre y Maestra. Hicimos un gran manifiesto de compromiso, el cual todavía Danilo de los Santos y yo, como últimos exponentes, mantuvimos hace poco vigente. Nosotros hicimos nuestro juramento con sangre, ya yo tenía 17 años. Como en las escuelas había una deficiencia, creamos ese grupo y pudimos optar por proyectos experimentales; entonces, la euforia de la creación grupal nos dio un planteamiento muy importante en cuanto a crear un lenguaje propio en cada uno, y al mismo tiempo pudimos concretar la acción social de la difusión de la cultura. Ahondamos tanto que terminamos tomando el Palacio Consistorial; nos fue cedido y fue convertido en una gran sala expositiva que quedó en el tiempo como gran centro de la cultura”.

4. Un premio y un hijo
Todos los nacimientos de los hijos son especiales, mágicos. Fue muy emocionante cuando gané la Bienal Nacional de Artes Visuales del 1974, aunque en eso estaba haciendo el departamento de Bienes Muebles de Patrimonio Cultural, pero siempre un parto supone un gasto. Me gano la bienal y con ese dinero pude recibir a mi hijo. Después que vengo de México con un nuevo lenguaje, también tengo a mi hijo en ese nuevo lenguaje; y entonces el premio me dio tranquilidad, porque no tenía todo el dinero para recibirlo, el sueldito no me daba”.

5. Muerte y vida
El nacimiento de mi segunda hija, con otro matrimonio, fue inolvidable. Me impresionó mucho porque fuimos el 21 de marzo al médico, y nos dice: ustedes no se pueden ir porque la niña va a nacer; entonces tenía que recibir aquella primavera en un momento muy especial, vinculante a la muerte de mi padre. Yo creía que todavía no iba a nacer, porque la semana anterior, a la mamá de mi hija se le había muerto un hermano en España, y a mi padre, casi muriendo, no pude asistirlo porque ella entró en una condición de lloro que no paraba. Entonces, yo tenía esa disyuntiva de mi padre y mi hija. Ese día, cuando la madre de mi hija coge el teléfono y oye que mi padre había muerto, ahí mismo se le quitó todo. Entonces hay cosas que yo digo que mi hija tiene un físico como si fuera mi padre, esa tranquilidad… La muerte de mi padre salva el nacimiento de mi hija y eso fue inolvidable, pero muy bello también. Cuando llegué con ella y mi esposa, ya lo habían enterrado. Yo veo a mi hija y veo a mi padre”.

6. Hijo sustituto
Mi madrina, Cheíta Moscoso, tenía un hijo llamado Príamo, que éramos de la misma edad. Una vez fueron a la rigola del Isa, y a Príamo se lo llevó la rigola, muere delante de ellos, no pudieron hacer nada. Al morir Príamo, yo tenía que ir todas las tardes a su casa a acompañarla, ella no hablaba pero yo la entendía, yo era Príamo para ella. Después yo no quería ir, lo que quería era jugar, pero mi madre me hizo comprender que debía pasarme las tardes con ella; entonces iba sin que tuvieran que mandarme, se dio un estado muy amoroso. Cuando me casé con Socorro Castellanos la primera que se instaló en mi matrimonio fue tía Cheíta, porque se estaba casando su hijo”.

7. Nuevo premio
Yo participé en la XIII bienal y vuelvo participar en la XXVI, ya había sido subdirector del Museo de Arte Moderno. Habíamos creado las bienales del Caribe, y estando en Santiago comienzo a hacer una obra muy vinculante, yo no estaba pensando en la bienal, pero hay obras que te dicen: mire yo quiero participar. Nunca se me olvida que no tenía un centavo ni para el autobús, la cosa es que tenía que llegar al museo porque era el último día de la entrega, la obra se llamaba Tierra, entonces esa obra me dice: voy a participar, no fui yo, la obra me lleva. Llego casi en el momento que estaban cerrando a Santo Domingo, entrego la obra, y me gané el premio. Era una obra sobre la problemática, no del descubrimiento, de los encuentros… eso me impresionó porque yo estaba muy lejos de eso, y pensar que hay gente que dice que fue premiada disque por trayectoria. Eso fue muy revitalizante y ahí decidí quedarme aquí en Puerto Plata”.

8. Satisfacción y dolor
No olvido cuando inauguramos la Sala de Arte y Arquitectura frente a las ruinas de San Francisco. Duramos allí 5 años y se nos quemó, pero en el 92 andaba una revista de arquitectura de Italia tomando imágenes en toda América de lo que ellos creían que era el encuentro del mundo; de aquí no iban a llevar nada, pero pasaron esos periodistas, vieron aquello, se impresionaron mucho y eso fue lo que usaron como símbolo para su revista. Estaba haciendo el salón de arquitectura, siendo subdirector del Museo de Arte Moderno y al mismo tiempo pintando los fines de semana a monseñor Roque Adames su bóveda maravillosa en la Catedral de Santiago, que no pudimos terminar por completo porque hubo que inaugurar la catedral antes de tiempo. Después esa obra tuvo filtraciones, toda la parte de arriba de la cúpula de la catedral fue transformada. Yo les dije a ellos que si iban a destruir la obra que me llamaran, porque tenía manera de rescatar imágenes, por ser restaurador; pero no, tengo un dolor ahí, ya Roque Adames estaba muerto, inclusive todo el trabajo de la cripta se hizo a través de mí. Yo fui y trasladé el Cristo de Juan de Avalo, el Museo de Arte Moderno lo cedió porque no es un sitio religioso, y logramos también trasladar La Piedad del antiguo ayuntamiento, y pudimos llevar también una obra religiosa de Gaspar Mario Cruz que ya había hecho los Portales de Santiago, pero le llevamos también el Santiago Apóstol, el único que quedó fuera fui yo, que me destruyeron la obra, pero sé que había pudrición”.

9. Virgen de la Antigua
Algo interesante fue cuando monseñor Flores me pidió restaurar la Virgen de la Antigua. Yo también hice una restauración bellísima a la obra del segundo viaje de Colón, que fue depositada en las ruinas de La Vega Vieja, y cuando hubo el terremoto fue la única imagen que se salvó. Nunca se me olvida cuando estuve en el montaje de la Feria de Sevilla, fui el correo del Museo del Hombre Dominicano para las piezas taínas de la Cartuja en el Museo de Sevilla. Fui a la catedral y estaba cerrada, y cuando supieron que había restaurado la Virgen de la Antigua, que había sido la copia de la que ellos tienen en la capilla de la Virgen de la Antigua, pedí conocer la original, y vi que sí era la más parecida porque la que está en la catedral de Santo Domingo no tiene el parecido de la original que está en Sevilla, entonces eso me produjo también un momento inolvidable”.

10. Dominicanidad
Otro momento inolvidable fue cuando fui a montar el pabellón dominicano a una feria internacional en Corea del Sur. Estaba doña Zoila Martínez, la defensora del pueblo, de embajadora, pero había un conflicto entre la gente de Hong Kong y Japón, no estaban de acuerdo con que pusiera ciertas cosas y me dijeron que no podía poner nada; pero por suerte que andaba con una música de Juan Luis Guerra, y me di cuenta que allá eran lampiños, pinté todo, era al lado del pabellón de Finlandia que tenían cosas maravillosas de madera. Nadie iba a los otros pabellones, pasaban por ahí porque yo estaba en el medio con la música de Juan Luis, porque hasta que no me dieran permiso no podía montar nada pero había que abrir, entonces fue muy interesante porque yo sacaba las manos, los viejitos pasaban y me pasaban las manos, escuchaban el merengue, veían lo que había pintado y le gustaba. l

Experiencias de vida

“Tengo muchas anécdotas inolvidables. En Colombia yo restauré la Virgen de Acerías Paz del Río, que nadie le podía poner las manos. Llegaban restauradores de Europa y los indios los veían y les decían no; y a la compañía para la que yo trabajaba también le habían dicho que no. Un día fui de paseo solo y me puse a analizarla sin pedir permiso, para ver qué tenía la obra; no sabía que me estaban acechando, y de momento llegaron esta gente, me miraron y dijeron: sí, usted es que la va a restaurar.
Con ese dinero conocí a Ecuador, Perú y parte de Bolivia. Yo viví en Bogotá, duré cuatro años pues no pude aguantar a Balaguer. La compañía para la que trabajaba tenía la iguala del Banco de Colombia para restaurar el Museo del Oro. Yo soy experto de UNESCO, me gradué con un curso especial de la UNESCO, puedo ejercer en Japón, la Smithsonian, en el Prado, pero prefiero estar aquí. Dirigí en Brasil el departamento de Restauro, con 40 restauradores para mí, siendo el primer latinoamericano que lo dirigía porque ni a los brasileños se lo permitían; eso por la formación europea que yo tenía, porque a todos los grandes profesores del mundo se lo llevaban a México a un programa de tres años; entonces cuando les dije quienes habían sido mis profesores me pusieron de subjefe de taller. A los dos meses el checoslovaco que estaba ahí quiso independizarse, terminé siendo jefe del taller, y yo restauré desde Chagall, Rubens hasta Picasso”.

Influencia
Soy hijo de dos grandes artistas. A mi padre, Armando Menicucci, le decían el hombre Kodak, porque era el hombre de la fotografía. Mi madre, María Margarita Morel, fue reina del carnaval 37 años.

Valoración
La cultura es lo más intangible que hay, porque es la que forma; lo otro es lo tangible de lo intangible, hacer visible lo invisible”.

Aportes
Siempre he creado movimientos, nunca vas a ver una obra mía en una galería, porque no estoy compitiendo, hago cosas puntualmente”.

Vital
Los momentos nos ayudan a no perdernos, si usted no tiene los recuerdos bien presente, sus arquetipos se pueden perder un poco. ”

Vida gremial
Fui secretario de finanzas de tres presidentes del Colegio de Artistas Plásticos: Gaspar Mario Cruz, Antonio Guadalupe y Alberto Bass”.

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