¡Dios lo hace!

Dios restaura lo que pasó, el Soberano tiene maneras tan poderosas como intencionales de hacer que, lo que una vez fue imprescindible, aquello por lo que rogaste, te desvelabas, hoy signifique “nada”; tiene el poder de girar tanto tu corazón que por lo que antes mordías tus labios hoy ni muevas las cejas. Dios mismo se sienta en el lugar de ese pasajero que te atormentaba, te hacía sudar, sentirte devastado, casi muerto, estremecido, pero ¿feliz? Nunca! Se llevó “eso” que cuando no lo tenías te sentías nadie, cambió la posición que era tu equilibrio por una postura firme junto a él y lo que impactó tu alma hoy ni te duele, ni te inmuta ni lo extrañas. Orar te expone a lo imposible, creer a lo inconcebible!

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