Julio de Windt Pichardo: “A mí me sonrió el amor desde que nací”

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Julio de Windt Pichardo:
Actualmente, don Julio colabora en la Academia Dominicana de Música junto a mi esposa Edith, además, ejerce de abogado.
De Windt fue director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional, donde permaneció durante 46 años

En 2013 Julio de Windt Pichardo fue declarado Gloria Nacional de la Música Sinfónica Dominicana por el Ministerio de Cultura, por recomendación del maestro José Antonio Molina, a quien manifiesta su “gran admiración.

Aunque de pequeño estudió piano, su instrumento favorito siempre fue el violín, el cual enseñó a sus alumnos cuando fue profesor en el Conservatorio Nacional de Música, donde formó, en 1963, la primera Orquesta de Cámara Juvenil de dicha institución, con la cual ofreció numerosos conciertos por todo el país.

En su natal San Pedro de Macorís, de adolescente, don Julio fue un bohemio. Allí, tocaba además del violín y el piano, la flauta, acordeón, la clavieta y el órgano, este último es el que más toca para entretenerse, por lo que conserva uno en su casa.

“Esa bohemia era tan bella, el llevarle serenata a las muchachas y a las amigas también, lo disfruté mucho, porque a mí me gusta, tanto la música popular como la clásica, no tengo preferencia. Los fines de semana me entrego a la música”, resalta De Windt Pichardo.

1. Infancia
En San Pedro de Macorís crecí en un ambiente muy musical, porque, tanto mi padre como mi madre eran amantes de la música. Allí realicé mis primeros estudios musicales. Siendo un adolescente me conseguí un bandoneón y les tocaba serenatas a las muchachas, porque antes entendía que se podían conseguir con la música. Cuando cursaba el tercer teórico, los estudiantes más malos de la clase eran mis panas full, recuerdo que un día mi papá iba en un coche a visitar a un enfermo y me vio cantando y tocando bandoneón en un parque con unos amigos, cuando me di cuenta que me había visto, cogí una bicicleta prestada y me fui a la casa, cuando llegó, me dijo que montara la bicicleta en el coche, que fuera a la escuela a sacar un cero, que en julio iba a sacar un 100, porque no me iba a dejar poner un pies fuera de la casa, entonces me dije, pero bueno, es un negocio estudiar. A partir de ahí, me convertí del peor estudiante al mejor. Ese hábito de ser buen estudiante se me quedó hasta terminar la carrera de derecho. Un día papá se dio cuenta de que usaba una libreta para todas la materias, entonces le dijo a mi mamá ese niño anda manga por hombro, y me obligó a organizarla. A partir de ese día me convirtió en una persona organizada. Si no hubiera sido por mi padre, no lo hubiera logrado, porque mi mamá era suavecita”.

2. Sus padres
Mi padre Julio De Windt Lavandier era un médico y poeta muy respetado en San Pedro, su poesía ha tenido reconocimiento internacional. En el libro de los 1001 sonetos mejor escritos del mundo, el único dominicano que figura es un soneto de él. Papá también escribió dos libros: “Baladas y Canciones y “Castalia de Cristal”. Recuerdo que cuando lo visitábamos a San Padro, siempre nos entregaba un libro como tarea para que cuando volviéramos al mes siguiente le dijéramos lo que habíamos aprendido de ahí. Parte de mi modesta cultura la debo a ese ambiente de tanta cultura que había en mi casa, donde la cultura era casi obligatoria, pero que después se hizo espontánea. Mi mamá, Mirtha Pichardo de De Wintd era una mujer de carácter muy manso, mi papá era de carácter fuerte, porque al ser el mayor de 14 hermanos, también era el papá de ellos, él quería mucho a sus hermanos. Siempre lo recuerdo con veneración, al igual que a mi madre, ella era la que complementaba, gozaba con el vuelo de una mariposa, con la poesía… Mamá tocaba el piano, me enseñó el solfeo elemental cuando era pequeño, se preocupó mucho porque estudiara, me enseñaba las notas musicales con dulzura, porque antes en la escuela al muchacho que no se sabía las clases le daban un reglazo, pero mamá era con paciencia y cariño que me enseñaba. Era una mujer dulce y bondadosa, para ella todo el mundo era bueno, quería criar a todos, por eso algunas sobrinas vivieron en mi casa. Mi hermana mayor se llamaba Julieta, murió hace un tiempo. Mi otra hermana, Eva, tiene 86 años, es también mayor que yo, y como no es ninguna indiscreción, tengo 83 años. A mí me sonrió el amor desde que nací, tuve mucha suerte”.

3. Estudios
Realicé mis estudios de violín en San Pedro con el maestro Mariano Arredondo, luego pasé al Conservatorio Nacional de Música, donde tuve varios maestros, entre ellos el maestro de violín dominicano, Jacinto Ginbernard. Como violinista tuve oportunidad de ser elegido por el maestro Manuel Simó para asistir a dos festivales en Estados Unidos, celebrados en California y en Virginia del Oeste, ese fue un momento muy importante para mí. También, tuve la oportunidad de ser alumno de Enrique García Asencio, quien vino al país en dos ocasiones a dictar cursos de Dirección de Orquesta, cuyos conciertos de clausuras tuve el privilegio de dirigir. De ahí, fui director invitado, tanto en Estados Unidos como en América de Sur, con el favor de la crítica. Eso para mí fue una distinción muy grande. Luego inicié los estudios de Dirección de Orquesta con los famosos maestros Igor Marquevich y Hans Swarowsky. Fui elegido entre ocho jóvenes músicos en América Latina para recibir el curso de Dirección de Orquesta, impartido en Buenos Aires por el maestro Swarowisky, que era profesor de la Academia de Viena. A la vez que estudiaba música, realizaba mis estudios de derecho, me gradué de abogado en 1958, profesión que todavía ejerzo concomitantemente con la música”.

4. Director de orquesta
Tuve un privilegio de ser director titular de la Orquesta Sinfónica Nacional por 46 años, los primeros 20 como violinista y el resto compartiendo la dirección con el maestro Manuel Simó, una persona de grata recordación para mí. Luego ocupé varias posiciones como violinista, después pasé a ser subdirector junto al maestro Simó en 1975. Además, fui director asociado de los maestros Carlos Piantini y Rafael Villanueva, ya fallecido, y cuya batuta conservo como recuerdo. Al retirarme del cargo, después de tantos años, fui designado director emérito de la Orquesta Sinfónica Nacional. Luego de mi salida de la sinfónica, fungí como director invitado en algunas ocasiones”.

5. Agradecimiento
Le agradeceré eternamente al maestro Simó que me aconsejó que enviara mi curriculum a Buenos Aires, donde iban a elegir a ocho directores jóvenes para un curso de Dirección de Orquesta, que impartiría el maestro Swarowsky, eso fue en 1975. Recuerdo que le dije, maestro usted si es optimista, si van a elegir a ocho maestros de América Latina a mí me parece que no voy a estar entre esos ocho, entonces me dijo que como quiera que le llevara el curriculum que lo iba a mandar. Afortunadamente fui elegido entre los ocho para recibir ese curso”.

6. Escritor
He compartido la música con la escritura. Escribí un libro titulado Testimonio de un Director de Orquesta, donde están mis recuerdos y experiencias. Ese libro fue recomendado por el maestro Caonex Peguero como lectura obligatoria en la Maestría de Música de la Universidad Autónoma de Santo Domingo (UASD). Tuvimos que hacer una segunda edición, la hizo el Banco Central, ese libro fue elegido y aprobado por el comité cultural que preside el licenciado José Alcántara Almánzar. Para mi gratitud, esa segunda edición del libro se agotó también”.

7. Experiencia
Cuando dirigí la Orquesta Sinfónica de Bropfor en Estados Unidos, fui coach de los directores jóvenes, que eran como diez, a los cuales tenía que hacerles observaciones de cómo debían tocar mejor. Tengo como testigo a mi esposa que me acompañó y que era la traductora del español al inglés para esos estudiantes. En la ciudad de México dirigí la Sala Nezahual Coyote, que es una réplica del hall de la Orquesta Filarmónica de Berlín. Allí tuve una experiencia maravillosa con el favor de la crítica. En Venezuela dirigí la Orquesta Sinfónica de Maracaibo, pero también tuve la maravillosa oportunidad de dirigir en algunas ciudades de México y en El Salvador varias veces, así como en varios países de América del Sur. En 1981 fui invitado a Rusia para observar sus movimientos musicales, entre ellos la gran competencia Chaikovski celebrada en Moscú. Además, recibí un reconocimiento en Israel, donde habían invitado a varios directores de orquestas de América Latina y de Venezuela”.

8. Labor altruista
Actualmente hago una labor en la Academia Dominicana de Música junto a mi esposa Edith como profesor de Dirección de Orquesta para Jóvenes. Estamos desarrollando esa labor, porque en el país existe una confusión generalizada sobre qué es la dirección de orquesta, entonces nosotros estamos ahí para enseñarles. Es tan importante para el director de orquesta no conformarse con los movimientos físicos que hace, sino con desarrollar una cultura artística lo más amplia posible; amar la naturaleza, la vida, tratar con amor a los músicos que dirige, porque ya se acabó el tiempo en que los directores hacían rabietas y le tiraban la batuta a los músicos para que toquaran mejor”.

9. Colección
Hice una colección de las grabaciones musicales de los conciertos de temporada de la Orquesta Sinfónica Nacional. Para mí las grabaciones son demasiado importantes, porque es un control de calidad de la orquesta. Por ejemplo, si el concierto eran los miércoles, lo grabábamos en vivo, entonces el viernes invitaba a los integrantes de la orquesta a que pasara por la oficina para oír los discos, para que fueran conscientes de cómo estaban tocando. Así se hicieron muchas experiencias de mejoramiento, porque creo que las grabaciones son importantísimas para mejorar la calidad de una orquesta”.

10. Consejo
Mi padre me dio muchos consejos valiosos. Recuerdo que en una época, como violinista, salía mucho en los periódicos, porque los relacionadores públicos me publicaban, entonces mi padre creía que era yo que estaba buscando el que me publicaran. Recuerdo un día en que fui a tocar un concierto a San Pedro de Macorís, cuando me iba me llamó, me dijo que se le olvidaba decirme una cosa, le pregunté que qué era lo que quería decirme, entonces me dijo que la gente seria no salía mucho en los periódicos. Otro de los consejos que me dio papá fue que no me preocupara por tener mucho dinero, que eso lo que trae es problemas. Entonces, durante mi carrera como abogado me he dado cuenta de que él tenía razón, porque en mis años de ejercicio profesional he visto cómo el dinero ha destruido a familias enteras”.

Esposa e hijas

Conocía a Edith Hernández de referencia, cuando estudiaba en el Conservatorio. Ella después se fue a estudiar a España unos años, entonces cuando regresó al país, ingresó como oyente a un Curso Internacional de Dirección de Orquesta que hacía, ahí nos empezamos a conocer mejor. Para ser sincero, no me casé muy temprano, sino a los 34 años, quizás un poco desacreditado, porque no había manera de que me casara pronto, pero cuando la conocí, ella alegró mi vida. La elegí, porque es mi complemento, nos llevamos religiosamente bien, porque somos diferentes, pero tenemos en común la música, que la dialogamos de manera continua. Recuerdo que durante el curso, mi maestro Enrique García Asencio me preguntaba que cuándo era que iba a resolver con la muchacha, entonces le decía que se esperara, que todavía era muy corto el tiempo, pero a los diez meses justo de conocernos nos casamos. Eso fue en 1969. Tenemos dos hijas, las cuales eligieron nuestros caminos, la mayor eligió el derecho y la menor la música, es violinista de la Sinfónica Nacional.

Le doy gracias a Dios de tantas cosas que me ha dado, que no sé si las merezco, pero sobre todo por Edith, que es mi directora, ella metodológicamente es mejor que yo, ella me indica en el orden que debo de poner las cosas. Soy antipedagógico, pero ella me corrige, así que estoy muy satisfecho de iniciar este curso de dirección de orquesta en su academia, donde hasta ahora están fascinados, los alumnos.

Admiración
Tengo una gran admiración por el maestro José Antonio Molina, es un gran músico, con quien he tenido la oportunidad, cuando era joven, de acompañarle como pianista en dos conciertos”.

Educación
Mi padre me convirtió del peor estudiante de la escuela en el mejor. Ese hábito de ser buen estudiante se me quedó hasta terminar mi carrera de derecho. Si no hubiera sido por él, no lo hubiera logrado, porque mi mamá era suavecita”.

Consejo
Uno de los consejos que me dio mi padre, fue que no me preocupara por tener mucho dinero, que eso lo que trae es problemas”.

Plenitud
Mi esposa Edith alegró mi vida, nos llevamos bien, porque somos diferentes, pero tenemos en común la música, que la dialogamos de manera continua”.

Cultura
Mi modesta cultura la debo al ambiente cultural que había en mi casa, donde era casi obligatoria, pero que después se hizo espontánea”.

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