La autosuficiencia alimentaria

Quizás desde fines de la década pasada, los gobiernos de la República Dominicana han venido expresando, con mucha autocomplacencia, que el país produce la inmensa mayoría de los alimentos que consume

Quizás desde fines de la década pasada, los gobiernos de la República Dominicana han venido expresando, con mucha autocomplacencia, que el país produce la inmensa mayoría de los alimentos que consume. El último en hacerlo fue el Presidente Danilo Medina en su discurso del 27 de febrero pasado cuando destacó como una victoria que “nuestro campo…produzca ya más del 85% de los alimentos que consume el país”.

No está claro el origen del dato ofrecido por el Presidente Medina, pero el que se puede calcular a partir de la hoja de balance alimentario de la FAO no está muy lejano a esa cifra. Aunque el balance alimentario de la FAO, que tiene información para todos los países del mundo, sólo tiene datos hasta 2013, esos indicadores no cambian drásticamente en pocos años, por lo que se puede argumentar que uno u otro dato es una aproximación razonable a la situación actual.

Sin embargo, hay tres preguntas importantes que responder. La primera es: ¿Qué tan relevante es la autosuficiencia alimentaria? ¿Es motivo de orgullo? La segunda es: ¿Qué tan buenos son los datos de autosuficiencia? ¿Reflejan en verdad la proporción de nutrientes que nos proveemos a nosotros mismos? La tercera es ¿se ha incrementado o se ha reducido la autosuficiencia alimentaria a lo largo del tiempo? ¿Puede la política pública reclamar éxito?

¿Es relevante ser autosuficiente en alimentos?

La autosuficiencia alimentaria no es relevante por sí sola. Lo relevante es la seguridad alimentaria, la cual se define como un estado en la que las personas tienen acceso permanente a suficientes alimentos nutritivos para mantener una vida sana y activa. Eso implica que haya disponibilidad de alimentos variados y en cantidad suficiente, ya sea por la vía de la producción, el comercio u otras. También implica que haya acceso, lo que tiene que ver con la capacidad para tenerlos por la vía de la producción, la compra u otras formas. Por último, supone que los alimentos sean usados de manera adecuada y que el estado de salud permita que éstos sean aprovechados en términos nutricionales por las personas.

La autosuficiencia puede hacer una contribución importante a la seguridad alimentaria de dos maneras. Primero, porque la producción de alimentos puede ayudar a incrementar los ingresos de quienes los producen. Una muy elevada proporción de esas personas vive en zonas rurales en condiciones de pobreza debido a los bajos ingresos que reciben. Si éstas logran producir más alimentos y hacer más productivas sus unidades económicas, la intensidad de la inseguridad alimentaria en que viven se reduciría. Segundo, porque una mayor oferta nacional de alimentos contribuye a reducir los riesgos asociados aumentos en los precios internacionales. Si hay una alta dependencia de alimentos importados y la capacidad de producción es reducida, los shocks de precios en los alimentos importados, como los que vivimos en 2008, reducen la capacidad de comprar alimentos e incrementa el riesgo de hambre entre los más pobres.

Sin embargo, la autosuficiencia no debe ser un objetivo en sí mismo y sólo es relevante en la medida en que contribuya a la seguridad alimentaria. El objetivo de autosuficiencia podría incluso reducir la inseguridad alimentaria si se impulsa la producción a cualquier costo, aún a pesar de que ésta sea altamente ineficiente, y si se termina produciendo algunos alimentos a costos tan altos que terminen reduciendo el acceso a esos alimentos de muchas personas con bajos ingresos. Por eso, una mayor autosuficiencia es pertinente cuando hay recursos productivos ociosos y que pueden articularse de una forma relativamente eficiente para producir alimentos, mientras que es poco pertinente cuando no hay tales recursos. Como caso extremo piénsese en la pertinencia de la autosuficiente en una pequeña isla del Caribe con pocas tierras productivas, sin ríos y con pocas precipitaciones.

De lo anterior se deriva que más importante que medir la autosuficiencia lo es medir el grado de inseguridad alimentaria en que viven las personas, e identificar quienes son ellas, donde viven, que hacen y por qué viven en esa situación. Esto es lo que permitiría diseñar buenas políticas para superarla.

¿Qué tan buenos son los datos de autosuficiencia alimentaria?
Los datos que comúnmente se manejan para estimar la provisión nacional de alimentos son los volúmenes de producción, importaciones y exportaciones. También se utilizan los de inventarios de alimentos. Estos se miden generalmente en toneladas. Los datos de volúmenes permiten, de una manera muy sencilla, calcular la disponibilidad total de alimentos y la proporción de esa disponibilidad que es suplida por la producción nacional y la que es cubierta con importaciones.

Pero en verdad los volúmenes de alimentos no hablan nutrición, que es lo importante. Los indicadores tradicionales hablan de las toneladas producidas y consumidas, no de las calorías o de los nutrientes que proveen. Por ello, más relevante que preguntar cuánto del total de alimentos disponibles se producen en el país y cuánto es importado lo es preguntarse sobre que proporción de las calorías que consumimos vienen de alimentos que producimos en el país y que proporción de alimentos que se importan.

También es importante preguntarse sobre los tipos de alimentos y de nutrientes que producimos, y los tipos que importamos. Esto permite ver en cuales nutrientes podríamos ser vulnerables a shocks externos y en cuales a shocks internos como tormentas, huracanes o plagas que diezmen la producción.

Los datos del balance alimentario de la FAO permiten hacer este tipo de estimaciones porque ofrecen un detalle de los volúmenes producidos, importados y exportados de cada grupo de alimentos, tanto de origen animal como vegetal, en qué se utilizan (alimentación humana o animal, preparación de otros alimentos, semillas, desperdicios y otros), y las calorías que provee cada uno de ellos.

Con esta información se puede estimar los porcentajes de las calorías son provistos por alimentos de origen vegetal y animal que consume una persona promedio en la República Dominicana, y los porcentajes de esas calorías que provienen de alimentos nacionales e importados.

El resultado es contrastante con las cifras estimadas a partir del volumen. Mientras que utilizando los datos de volumen se obtiene que para 2013 el 78% de la disponibilidad de alimentos en el país era de origen nacional, en términos de calorías ese porcentaje era de 67%, 11 puntos porcentuales menos que el resultado medido por el volumen. El 33% de las calorías eran provistas por alimentos importados.

Las importaciones de alimentos (y de calorías) se concentran en un número reducido de rubros: cereales, frijoles, aceites vegetales y lácteos. En las importaciones de cereales se destaca la de trigo, que proveen el 8% de las calorías que consumimos (presumiblemente a través del pan, principalmente), las de habichuelas cuyas importaciones aportan el 1.5% de las calorías consumidas, las de aceites vegetales cuyas importaciones proveen el 12% de las calorías, y las de lácteos que aportan el 0.7%.

¿Ha aumentado la autosuficiencia alimentaria?

La respuesta es negativa. En 1990, la proporción de alimentos importados medidos en volumen era de 11% y la provisión local alcanzaba el 89%. Medido en calorías, los alimentos nacionales aportaron el 78% y los importados el 22%.

En comparación, en 2000 las importaciones de alimentos representaron el 24% del total y aportaron el 36% de las calorías, mientras las nacionales explicaron el 76% del volumen y el 63% de las calorías. Comparado con 2000, en 2013 los cambios fueron modestos. Como se indicó antes, las importaciones explicaron el 22% del volumen de alimentos disponibles y el 33% de las calorías.

Eso significa que, aunque las políticas públicas y otros elementos pudieron haberse combinado para impedir que las importaciones de alimentos aumentaran aún más su participación en el mercado, no lograron contener la tendencia, la cual fue particularmente marcada en la década de los noventa. Es muy probable que haya sido la protección comercial la que jugó un rol destacado en contener las importaciones, antes que la promoción de la productividad y la calidad en la producción de alimentos, y eso es una pena.

Las conclusiones son tres. Primero, la autosuficiencia alimentaria tiene sentido cuando logra reducir la inseguridad alimentaria incrementando la producción, los rendimientos y los ingresos de los productores más pobres. Segundo, cuando ésta se mide en términos de aportes de calorías, los números no son tan buenos como los que comúnmente se reclaman. Tercero, a largo plazo, las importaciones han avanzado y la política pública parece que no tiene mucho de que enorgullecerse.

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