En Venezuela: la tolerancia del chavismo

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I.- Los métodos de lucha no se recetan
1.- Personas que se identifican sinceramente con el proceso democrático que se desarrolla en Venezuela, me han formulado la pregunta de por qué el gobierno legítimo de Nicolás Maduro, no acciona legalmente contra aquellos que propician acciones terroristas y de sabotajes en coordinación con el imperio; impulsan medidas represivas que hacen posible el bloqueo económico, financiero, diplomático, marítimo y aéreo, a la vez que en forma abierta y desafiante hacen todo lo posible y necesario para desestabilizar mediante golpe de Estado, desconociendo las instituciones, y contribuyendo así a llevar sufrimientos al pueblo.

2.- A la distancia escapa a cualquier persona saber la razón por la cual en Venezuela no se acciona ante los tribunales frente a los desestabilizadores contra los cuales hay pruebas suficientes de que son los responsables de actos terroristas, y están en complicidad con el imperio en sabotajes al suministro de energía eléctrica.

3.- Porque no estoy en Venezuela, ni conozco interioridades de las que sí tienen conocimiento los hombres y mujeres que dirigen la Revolución Bolivariana, no me aventuro a opinar en el sentido de si contra los adversarios nacionales y extranjeros se está procediendo con titubeo.

4.- No es buena decisión enviarle receta a los militantes revolucionarios de otros países indicándoles la táctica que deben aplicar frente a sus adversarios. Sería una intromisión decirle a los nacionales en lucha cómo deben operar ante tal o cual situación, porque las condiciones internas cambian de un momento a otro, y solamente aquellos que están accionando en el lugar de los hechos pueden tener el dominio de la situación que se presenta en cada coyuntura de un proceso social y político. El tiempo dirá si los dirigentes de la Revolución Bolivariana, han actuado como mandan las circunstancias frente a quienes buscan impedir que las masas populares venezolanas sean dueñas de su destino.

5.- Los más calificados dirigentes revolucionarios son los llamados a decidir los métodos de lucha a aplicar en cada coyuntura histórica del proceso revolucionario. De donde resulta que absolutamente nadie puede arrogarse el derecho de hablar o actuar con tono dogmático o de suficiencia de lo que hay que hacer o no hacer para enfrentar al imperio y a la ultraderecha en la guerra no convencional llevada a cabo contra el pueblo venezolano.

6.- Dirigir una revolución desde el poder requiere suma inteligencia; mucha prudencia y gran sagacidad. No se puede proceder por emociones. En cada ocasión hay que pensar detenidamente lo que más conviene, porque cualquier error puede resultar costoso. Saber cuándo se toma una decisión que entraña la vida de un enemigo o de un aliado, porque no se debe olvidar que “la revolución no devora a sus hijos, pero castiga a los traidores”.

7.- Es de suponer que los líderes de la Revolución Bolivariana han estudiado a fondo la experiencia pasada y presente de los distintos procesos que ha vivido Venezuela, y han asimilado con sentido creador y estudiado con igual espíritu las condiciones actuales de su país y la correlación de fuerzas a nivel mundial. La lucidez en el análisis de cada acontecimiento importante, la educación de enseñanza y la crítica de los errores, son medios para mejor aprender a dirigir con acierto la lucha popular y elaborar diferentes formas de cómo enfrentar con éxito a los adversarios.

8.- Los hombres y las mujeres que en Venezuela están dirigiendo el gobierno han de proceder con el convencimiento de que para realizar su misión deben saber utilizar todas las formas o aspectos, sin la menor excepción, estar preparados para sustituir una forma por otra del modo más rápido e inesperado. No pueden menospreciar ninguna vía, cualquier camino que pueda servir para llegar hasta vencer a los enemigos del pueblo.

9.- Los sectores de la sociedad que procuran los cambios para que la gran mayoría del pueblo alcance su felicidad, tienen que partir de que sus acciones políticas están dirigidas a los supremos objetivos generales del bien común que encuentra su encarnación más completa en la sociedad donde no tenga espacio la desigualdad. Pero no deben ignorar que aquellos que se resisten a las transformaciones necesarias que benefician al pueblo, no aceptan tranquilamente las modificaciones de las arcaicas estructuras que generan opresión.

II.- Libertades y medidas coercitivas

10.- Lo ideal fuera que una vez la minoría nacional pierde la hegemonía sobre el Estado, se someta al nuevo orden del pueblo organizado. Pero ocurre que no; ella se resiste y recurre al terror y a la desestabilización en sentido general. Ante semejante situación, la mayoría del pueblo se ve en la necesidad de hacer uso de la coerción que debe ser aplicada únicamente contra aquellos elementos antisociales, todo en nombre de la defensa de los derechos fundamentales y de la garantía de la generalidad de la población a tener una vida digna; sin temor a susto repentino; inquietud por los sabotajes y pánico permanente. Las medidas coercitivas no se deben glorificar; ellas solo deben ser de uso circunstancial y contra aquellos que con sus actos lesionan a la sociedad.

11.- Es un compromiso de los políticos revolucionarios aplicar el modo de lucha que más convenga a la emancipación social de aquellos que desde siempre han sido víctimas del desprecio, las injusticias y la opresión. Los luchadores sociales con el objetivo de alcanzar los fines económicos, políticos, éticos y morales, deben saber dominar las distintas formas de cómo combatir políticamente, porque ninguna forma de participación política se excluye unas a otras, sino que, por el contrario, pueden combinarse. Aquellos que trabajan en política en favor de las masas populares, si no saben combinar las distintas formas de lucha son malísimos revolucionarios.

12.- Toda revolución, si ciertamente es humanista, y la Bolivariana ha demostrado que lo es, está en el deber de actuar en todo momento preocupada por lo que es el centro de su atención, el pueblo. Por tanto, en nombre de los intereses de las grandes mayorías nacionales, no se debe permitir que los enemigos nacionales y extranjeros del proceso revolucionario, levantando un democratísmo en el cual no creen, vengan a motivar la guerra civil, justificar la intervención extranjera e imponer el fascismo.

13.- Las libertades públicas y las instituciones deben existir y funcionar para el ejercicio cívico y ciudadano de las personas que creen en la conveniencia de vivir en un ambiente de garantías plenas y de real y efectivas oportunidades para todos. Lo que no se debe aceptar son las acciones desestabilizadoras para hacer propicio el gobierno de aquellos que solo se mueven a favor de sus irritantes privilegios, a la vez que desprecian al pueblo y a sus más consecuentes defensores.

14.- Las acciones contra aquellos que en Venezuela procuran desestabilizar el orden social establecido en provecho del pueblo, dependen de la situación concreta en cada momento. Las formas de coerción quedan determinadas por el grado de desarrollo de las fuerza chavistas y, además, por las circunstancias especiales como, por ejemplo, por las formas de resistencia de los enemigos del proceso democrático venezolano. Los límites de la violencia revolucionaria son, históricamente, relativos y cambiantes. No se determinan de manera arbitraria, sino de acuerdo con la necesidad y la conveniencia de las masas populares.

15.- Está comprobado en los hechos que los opresores no ceden voluntariamente el poder y se mantienen siempre dispuestos a eternizar sus dominios. De ahí que es legítima de parte de los oprimidos la realización de acciones para tomar el control del Estado y desde el mismo hacer los cambios que necesita la sociedad en general. La revolución social es una causa auténticamente humana y en nombre de ella no se le puede dejar camino abierto a los que usurpan el poder contra el pueblo y cuando lo pierden aplican todos los medios para recuperarlo sin importar que sean los más deleznables.

16.- De una forma incontrovertible, la historia da fe que las formas más despóticas de la lucha política son aplicadas por las minorías, aliadas con el imperio, y siempre están dispuestas a hacer todo lo que esté a su alcance para reprimir a quienes tratan de cuestionarle su absolutismo. Pero, por el contrario, sin caer en excesos, una vez las masas populares llegan al gobierno deben hacer uso de los mecanismos legales e institucionales para impedir el retorno de aquellos que no aceptan subordinarse a la voluntad de la mayoría de la población.

Reflexiones finales

17.- En fin de cuentas, todos aquellos que en cualquier país actúan en el movimiento democrático están en el deber de aprender que no basta con tener la razón, ni el justo argumento que se aduce en apoyo de nuestras ideas, sino que se requiere, además, hacer que las grandes mayorías nacionales, las masas, asimilen las razones que nos mueven, y las hagan suyas, las apoyen con acciones conscientes. El sacrificio, la infatigable defensa de la soberanía nacional y los recursos naturales unifican a los mejores ciudadanos y ciudadanas, a la vez que hace posible alcanzar grandes conquistas en provecho del pueblo.

18.- La Revolución Bolivariana está en el deber de garantizarle al pueblo las más amplias libertades, pero sin olvidar que la libertad deja de ser uno de los derechos del ciudadano si este abusa de ella, utilizándola en perjuicio de sus conciudadanos. No hay libertad para los enemigos de la libertad.

19.- Porque sé de los sufrimientos que pasó lo mejor del pueblo chileno con motivo del golpe de Estado fascista contra el gobierno democrático de Salvador Allende, y ante el proceder rabioso de la caníbal ultraderecha venezolana, y los métodos tradicionales odiosos que utiliza el imperio contra sus adversarios, es propicia la ocasión para transcribir la carta enviada en fecha 29 de agosto de 1972, por Luis Corvalán, al doctor Allende, en vista de la notoria conspiración que concluyó en Chile con el puchismo militar del 11 de septiembre de 1973, la cual textualmente dice así: “El reconocimiento de los derechos de la oposición no puede llevarnos a aceptar toda clase de excesos y fechorías. Ciertos opositores creen que se puede hacer cera y pabilo de la ley. Hay diarios y radios de la oposición que han convertido en pan de cada día la mentira, la injuria, la calumnia, las publicaciones falsas y alarmistas… Nuestra primera y principal obligación con el pueblo y el país es ponerles camisa de fuerza a los que quieren arrastrar a Chile a un baño de sangre. La necesidad de mantener y asegurar el desarrollo de la libertad y la democracia nos impone la obligación de aplicar la ley contra quienes incurren en delitos en busca de la caída del Gobierno y de la implantación de una dictadura fascista”.

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