Madre

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A fuerza de la costumbre se ajustaba a la práctica, pero mi madre, fallecida a destiempo por cáncer, restaba importancia a la tradición de vestir largo tiempo de negro y otras convenciones relacionadas, para manifestar luto por difuntos. “El luto se guarda en el corazón”, sostenía. Bajo su influencia, yo misma no le “guardé luto” cuando falleció, lo que me granjeó murmuraciones de familiares. También consideraba irrelevante visitar tumbas religiosamente y así pienso yo. Su memoria la llevo en mí. Este Día de las Madres celebro a mi inolvidable progenitora por las bases que me dio para tratar de no renunciar nunca a vivir conforme las propias convicciones, no ajenas. Mi inspiradora eterna, siempre promotora de libertad entre sus hijos. Gracias, madre.

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