David Ortiz y el país

    Muy triste lo ocurrido a David Ortiz. Y lo deploramos. Habla muy mal de la República Dominicana. Al margen de causales desconocidos, esa agresión nunca debió ocurrir. Un hombre de su dimensión y humanidad merece protección y cuido de cada uno de los dominicanos.

    Duele y avergüenza, que un hombre bueno sea atacado mientras se entretenía, que estuviera a un tris de ser asesinado. ¿Cómo explicarlo?

    Nuestra solidaridad con el ciudadano que ha puesto a brillar el nombre del país por lo más alto, apreciado como una persona de servicio, de causas humanas y sociales (“No me dejen morir que soy una persona de bien”).

    Y justamente se produce cuando muchos ciudadanos de Estados Unidos están mirando hacia uno de sus destinos favoritos, porque al margen de las circunstancias, tres estadounidenses han fallecido en tierra dominicana mientras vacacionaban, en tiempo reciente.

    Todo eso se conjuga y daña la imagen de tierra de acogida y destino de miles de turistas norteamericanos que cada año vienen a pasar unos días.

    La violencia sale por doquier. En las calles, en los sitios de diversión. Tendremos que aceptar que nos hemos convertido en una nación violenta.

    Dirán: -Eso ocurre en cualquier sitio. Es verdad, en cualquier parte del mundo un ciudadano puede ser objeto de un ataque, pero nuestro foco es este territorio, y asistimos a un deterioro en el clima de convivencia.

    No es una exageración decir: Aquí nadie está seguro. Hechos diversos lo confirman. Sólo hace unos días que el responsable de la seguridad de los padres de la esposa del Presidente de la República fue atacado a plena luz del día. Y estuvo al borde de la muerte.

    Es como si aceptásemos la derrota a manos de los violentos. Y eso no debe ser. Estos casos tienen que obligar a las autoridades a entender que la seguridad ciudadana es fundamental. Una apuesta en la que no se puede transigir y hay que hacer todo lo necesario para que los dominicanos nos sintamos seguros.

    Vaya nuestro apoyo total al Big Papi, confiados en que se recuperará y que, pese a todo, no perderá la fe en su pueblo que lo quiere como el héroe que tanto disfrutamos.

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