El futuro del PLD

    Con los resultados de las pasadas primarias se cierne un futuro incierto en el PLD. Aunque los cómputos de la Junta Central Electoral (JCE) reflejan un virtual ganador, se ha desatado un cuestionamiento desde el otro participante, que entiende que ha sido víctima de una defraudación a través de la plataforma electrónica.

    Los resultados tan cerrados hacen muy difícil una aceptación pura y simple, toda vez que las primarias apenas cierran una fase de un largo proceso de pelea en entre los dos liderazgos principales de esa organización.

    Están enfrascados en un pleito de anulación y negación de uno y otro, desde el poder uno, y desde la sociedad o parte del partido el otro. Guardan meramente las formas sin que se declare formalmente que ocurre por el predominio de uno sobre el otro.

    En esa condición, las reglas de juego partidarias fueron abandonadas y se buscó un árbitro: la JCE, como administradora de las primarias.

    No son diferencias por razones ideológicas o programáticas sobre las visiones del partido o de la sociedad y el Estado. Es una competencia por el poder, y más que eso, entre dos individuos, dos personalidades.

    Obviamente, todo eso ha ido contra la institucionalidad del PLD, convertido en una simple franquicia para tal disputa.

    Estamos ante una división fáctica, expresada crudamente en la realidad, tan pasionaria, que entre los jefes se obvia mencionar al contrario por su nombre.

    Habría que ver cómo se definirá la contienda. Hay quienes hacen exhortaciones de unidad y lamentan lo que sucede. Pero no es nada nuevo en la historia dominicana.

    Una división de un partido no es necesariamente mala o buena. Simplemente provoca determinados efectos. Puede dar lugar a una depuración, o a una debacle, según la perspectiva del analista. Habría ganadores y perdedores. O quizás sólo perdedores.

    Pero una solución de esa cuestión podría ayudar a romper el predominio de un partido sobre todos los poderes, podría acabar con un bipartidismo que no es real, porque la contraparte opositora es muy débil.

    Quizás, hasta contribuiría a bajar tensiones en la sociedad.

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