No dejarlo todo a Dios

    La temporada ciclónica terminó el pasado 30 de noviembre sin que la isla de Santo Domingo fuese afectada por un fenómeno atmosférico de importancia, pese a que la misma fue muy activa, ya que se formaron 18 tormentas o ciclones tropicales. Seis de ellos alcanzaron la categoría de huracanes.

    En general, fue un período en el cual las lluvias escasearon, aunque en ocasiones resultaron bien distribuidas en todo el territorio. Pero a principio del año el país sufrió una disminución de precipitaciones que si bien no condujo a una emergencia nacional, resultó muy crítica en la Línea Noroeste, con pérdidas muy sentidas para los ganaderos y los agricultores.

    Igual, la oferta de agua potable disminuyó en las zonas urbanas y en los sistemas de suministro de las dos principales ciudades.
    Al término de la temporada ciclónica, nos aproximamos a un período invernal que se ha adelantado dramáticamente en los países de clima templado. En el Caribe, la tendencia histórica es que se produzcan precipitaciones moderadas, y excepcionalmente, tormentas “fuera de época”, ahora atribuidas al cambio climático.

    Al término de la semana pasada, la Corporación del Acueducto y Alcantarillado de Santo Domingo (CAASD) dio cuenta de una disminución de los caudales que suministra al Gran Santo Domingo, a consecuencia de la falta de lluvia.

    No hay indicadores que sugieran que las precipitaciones aumentarán durante estos tiempos, pero como la naturaleza se comporta ahora de manera imprevisible, quizás nos sorprenda un fenómeno que ayude a mejorar el nivel de agua en los embalses.
    Aunque todavía no se escuchan los gritos, la realidad es que las lluvias no fueron suficientes para la agropecuaria. Que apenas aguaceros repentinos impactaron algunas zonas. Ninguna tormenta dejó grandes aportes. Tampoco hubo mucho que lamentar, pero las aguas siempre son bienvenidas.

    Ahora hay inquietud. ¿Qué previsiones tenemos en estos tiempos en que aminoran las lluvias y los ríos disminuyen sus escorrentías?

    Las autoridades responsables de las políticas hídricas y el gobierno nacional, deben desde ya poner en sus agendas el tema de agua para consumo humano y para la agropecuaria. Es un asunto muy sensible para la sostenibilidad alimentaria y para la vida misma.

    No dejarlo todo a la voluntad de Dios. l

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