Disputar la democracia

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“Disputar la democracia”, con el subtítulo: Política para tiempos de crisis, es un sugerente texto de Pablo Iglesias Turrión, escrito cuando el líder de Podemos era poco más que un desconocido en España, que sirve, como apunta el autor, “para dar a conocer mi manera de ver muchos asuntos sin los matices que impone la responsabilidad política” que actualmente tiene.

El libro está dividido en cuatro capítulos, un epílogo y unos apéndices. Y es de fácil lectura, aunque cansa algo, para un latinoamericano, la parte relativa a la historia reciente española.

Por razones de espacio solo comentaremos parte del capítulo I, que se titula: “Política. El pesimismo de la inteligencia y el optimismo de la voluntad”.

En este crítica al izquierdismo, el cual está afectado de enfermedades “infantiles y seniles”, según él, tomando como referencia el texto de Lenin de 1920: “La enfermedad infantil del izquierdismo en el comunismo”, el cual “pasó a la historia como una defensa de la flexibilidad táctica frente al sectarismo y el dogmatismo”, (p.26).

La enfermedad infantil la conforman los “defensores de la pureza de los principios, de los símbolos y las fraseologías tendentes a convertir los referentes teóricos en catecismo y casi siempre terriblemente minoritarios y débiles, aislados, incomprendidos e incapaces de confrontar sus principios con la praxis”. (p. 27).

Acusándolos de radicales que prefieren adorar como a santos imágenes y estatuas de revolucionarios a los cuales ni entienden. Olvidando que “la radicalidad en política no se mide por los principios o por lo encendido de los discursos, sino por la radicalidad de los resultados”. (p. 29).

Las enfermedades seniles, en cambio, poseen unas formas “absurdamente prudentes y conservadoras de hacer política”. Alejadas del pueblo, de sus necesidades y de lo que demanda el momento político. Donde “Congresos, asambleas, reuniones (…) conversaciones de pasillo y llamadas telefónicas que alejan a los militantes de la sociedad y les conducen a una praxis cotidiana que adquiere vida y lógica propias y que poco tiene que ver con enfrentar al adversario”. (p. 30).

Pablo Iglesias ha hecho un cambio discursivo, desde una postura de izquierda radical, hasta declararse “centrista”.

El líder de Podemos es un “izquierdista moderno” que procura no autoengañarse, pues sabe perfectamente que “lo que define tener poder político es la fuerza de imponer la propia voluntad” (p.41), y que “los demócratas nunca debemos olvidar que las razones sin fuerza no son nada” (p. 42). Y que el Derecho, por más vuelta que se le dé “en el mejor de los casos, no es más que la voluntad política racionalizada de los vencedores” (p. 41).

Por esto hay que leer el momento político y hacer las correcciones necesarias, para ir ganando terreno y realizar los cambios que ameritan los tiempos, esa ha sido la lógica de Podemos, en España: buscar un reparto del poder y lo han logrado.
Sugerente el libro de Iglesias, un líder de solo 41 años de edad, que ha cambiado el panorama político español.

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