¿Son reales las repatriaciones?

En los últimos meses hemos visto en los diversos medios los anuncios de repatriaciones de extranjeros indocumentados por parte de Migración y los institutos correspondientes del Ministerio de Defensa, por alegada disposición del presidente del país.

Sin embargo, las calles, plazoletas, pasos a desnivel, mercados, tarantines, las intersecciones de las principales vías de la capital y el interior, siguen atiborradas de extranjeros de distintas nacionalidades, como si por el contrario, se mandaran a buscar.

Los dominicanos son desplazados de los parques, las tiendas, los negocios informales, la construcción, los centros de diversión, los hospitales y, hasta las denominadas mujeres de vida alegre, tienen una desigual competencia, con la presencia de esos extranjeros que se anuncia que salen, pero que siguen aquí.
La construcción de un muro fronterizo es sumamente importante, pero lo es más aún, tomar conciencia del riesgo que estamos corriendo dejando pasar todo como si nada ocurriera y, sin pensar, que hasta quienes se nutren de ese jugoso negocio, también serán afectados en el mediano plazo.

Es innegable que el negocio del tráfico de indocumentados en la frontera con Haití y, en algunos casos, por la vía aérea, deja grandes beneficios económicos a grupos de anti dominicanos inescrupulosos y soldados codiciosos, pero es más cierto que al final, todos lloraremos lágrimas de sangre.

El robo de identidad y la falsificación de documentos para dotar de cédula, pasaporte y hasta permisos de residencia, es una verdad que truena, pero para las autoridades cómplices, por acción u omisión, no está pasando nada. De los callejones salen en filas y los barrios más pobres están realmente invadidos.

Migración, los institutos castrenses, la Policía Nacional, la Justicia, la Junta Central Electoral y sus oficialías, deben asumir, de una vez por todas sus roles y, tomar las acciones de rigor para que el desorden que se registra en este contexto, encuentre un muro moral, legal y patriótico, que les cierre el camino. ¡Basta de burla!

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Santos Aquino Rubio
El autor es periodista y abogado.