Rosa Tavárez un pincel de vanguardia y una exposición pendiente

Autorretrato, Lápiz Grafito S Papel, 46 x 30 Pulgs, 1975.
Esta muestra sería su reencuentro con su Santiago y su Palacio Consistorial

Rosa Tavárez ha querido volver a Santiago, del que nunca se fue, ¿acaso no es grande el corazón para cargar la geografía del lar natal? El de los artistas sí, y se graba en la memoria y te persigue como una sombra de colores.

Este reencuentro pendiente de Rosa tiene más matices que el arcoíris porque el Palacio Consistorial la ha estado esperando, donde no se hablaba de Geometría desde que el arquitecto Louis Boegart lo construyera hace más de un siglo y porque sus paredes se adornaron con el mundo que ella inventó, Geometría Herida, en los años 90.

Esta niña correteaba en su ciudad con luz desde 1915, ¡¿campo?!; por el Parque Duarte y su retreta de danzones por el Mercado Modelo, cuando era modelo; en sus calles sembradas de marchantas y coches, el Santiago de Yoryi con su calle del Sol esplendorosa, la vigilancia de la Fortaleza, su ventana al mundo desde el Correo de la San Luis, sus macaraos coloridos que se eternizaron en las acuarelas de Federico Izquierdo; su escuela México fundada por Ercilia Pepín; su río Yaque; sus locos graciosos e inofensivos; su merengue y la pegajosidad social que lo hacía ser una familia donde todo el mundo se conocía. Este Santiago de Rosa, borracho más de una vez con Bermúdez lava gallo, que inspiró al poeta Tomás Morel y al Dr. Bueno, el que te vio y que te ve desde su tumba cercana a la de Monsieur Glas, quien no duerme desde que vino de Italia anestesiado y en mármol; el mismo que quedó petrificado en el lente de Apeco, de Domingo Batista, cansado de guerra; de Fonso y Julio González temiendo que la genealogía santiaguesa entera, desapareciera.
Esta ciudad enriquecida por sus campos, por el humo de Tamboril y Villa González, cibaeño como ninguno, que machaca su i sin reparo y con naturalidad; con gente de todos los colores sin complejos o con muchos, alegres, gozones y requetepasaos de bulla; el mismo que lee La Información aunque sea analfabeto, que la aprovecha hasta para envolver velones al lado del Gabino que le decía que sus quinielas se pelaron.

Y todas esas costumbres fueron captadas por Yoryi en símbolos que él les descifraba a sus alumnos como si incursionara entre los mundos vecinos de la vida y de la muerte. En Rosa hay un extracto de esas enseñanzas.

La Geometría ha sido herida desde que Hilma Af Klint y Cezanne redujeron el paisaje a su antojo a finales del siglo XIX, desde que Braque y Picasso pintaran con lentes rotos para inventar el cubismo que nos llegó con Vela Zanetti, Colson, Giudicelli, Oviedo, Flores y que ancló con Jacinto para zafarse de la escuela maldita del paisajito. Pero el arma de Rosa fue única como es la obra del artista consagrado, sin necesidad de previa descripción en el formulario del “Arte” Conceptual de moda que desnaturaliza el Arte mismo.

Los maestros sirven para el estímulo, la enseñanza de las técnicas, la sicología de la vida y todas esas herramientas que necesita el artista en sus estudios básicos que lo convierte en un creador y en un ser humano noble. Es lo que hizo Rosa para definir su camino y es lo que transmitió a su vez como educadora por más de 30 años a sus alumnos.

Expresionismo figurativo en la obra de Rosa

Cuando René Descartes decía, poco después del Renacimiento, que eran más bellos los edificios construidos por un solo arquitecto, no se equivocaba, como tampoco se equivocó cuando defendía el desarrollo de la ciencia sin la influencia de la Escolástica. Con cinco arquitectos, el Monumento de Bona fuera hoy una Medusa de cinco pescuezos.

Por eso la necesidad, hasta la necedad, de insistir en el carácter individual del arte sin contaminación ni “pedidos” y/o “arreglos” previos de los curanderos de una “contemporaneidad” inexistente e inservible; fría, comercial y sin humanidad. El artista, en su soledad, crea y organiza su obra. Darle cabida a un curandero sería validar su ineptitud.

El Expresionismo Figurativo en la obra de Rosa Tavárez se constituyó en Arte de Vanguardia con su sello propio, lejos de aquellas propuestas de principio del siglo XX. El expresionismo siguió a otro movimiento artístico que rompió las ataduras con el academicismo para deformar la realidad y fortalecer las manifestaciones subjetivas. Por eso no se puede hablar de Expresionismo, como un todo, diferente al caso alemán, porque los expresionistas hicieron tantos caminos como artistas existían.

Se cuenta a Ludwig Kirchner como uno de los pioneros, aunque se conozca más la obra “el Grito” de Edvard Munch. Siguieron con su propio camino expresionista figurativo, Rouault (Ruol), Modigliani con sus figuras jirafescas y sin ojos; Chaïm Soutine y sus caricaturas al óleo y sus paisajes bailando con los ventarrones franceses; los chivos y rabinos volando bajo desde el pincel de Chagall; las figuras zombies de Otto Dix, los aztecas y Pancho Villa en murales enormes de Diego Rivera; los burgueses de Orozco con sus gestos de autosuficiencia y repugnancia a la “chusma indígena”; los rostros en relieve conectados a los brazos potentes en la magia de Siqueiros; la gordura imposible justificada como estudios de volúmenes de Botero en su recreación de la historia de Colombia y del Arte, etc.

Rosa se une, o es parte, de las mujeres artistas dominicanas que han hecho historia en la plástica nacional porque fue parte de la Patria herida por la intervención, y por la represión vestida de democracia que nos enlutó a todos. Se une a Celeste Woss y Gill, a Elsa Núñez, Rosa Elina, Amaya, Myrna, Rosalba, y más que a nadie, a Ada porque son ellas dos la expresión más contundente como respuesta artística al momentum de compromiso. Es la misma respuesta que recibió el comercio frente a sus improntas.

Rosa, como la de los vientos, no se queda en la isla, navega, vuela y se coloca en la cima del Arte Mundial como lo demuestra su inclusión en la colección del Museo Moderno de New York, MoMa. Su obra está allá, junto a Georgia O’Keeffe, Frida, Mary Cassatt, Bertha Morisot y Artemisia Gentileschi, Tamara de Lempicka y tantas otras olvidadas por su condición de mujer.

Esta exposición pendiente, sería su reencuentro con su Santiago y su Palacio Consistorial para engalanar la ciudad y devolverle su orgullo, enaltecer doblemente el sentimiento de identidad porque Rosa es nuestra, y nué veidá que la capitai no la va quitai.

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