Abinader, el virus y el Gobierno

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Nunca ninguno de los tertuliantes imaginó que aquel adolescente   con mirada de adulto -llamado Luis Rodolfo- que en 1983 acompañó a su padre, José Rafael Abinader, en una peña/entrevista nocturna de El Nuevo Diario, en 33 años (2016) emergería como el líder de la oposición nacional, y a quien ahora vemos consistente, valiente y apuesto en su halagüeño carril en perspectiva de ceñirse la banda de jefe del Estado en los próximos comicios presidenciales y legislativos.

Cuatro años después del encuentro periodístico en la casa del presidente del rotativo, doctor Bienvenido Corominas Pepín, en Los Prados, volví a verlo -1987- y a conversar  con él en la Universidad Dominicana O&M, cuando terminaba sus estudios de economía en Intec. Con esmero y curiosidad, a partir de 1999 Luis Rodolfo Abinader siguió y analizó las intríngulis de  los comicios del Colegio Dominicano de Periodistas (CDP), y en 1998 se integró activamente a la campaña de su progenitor por la senaduría de Santiago.

El salto cualitativo y cuantitativo ha sido impecable, en la estancia de la disciplina, la firmeza y el optimista en la faena partidaria, y en su visión estratégica de unirse, en una coyuntura cumbre de la competición interna del Partido Revolucionario Dominicano (PRD) del 2012,  a Hipólito Mejía, y no a Miguel Vargas Maldonado. La herencia prosélita/económica/moral y los consejos paternos hebillaron como el primer gran empujón.

Hoy suplica el voto, caldeado por sólidos valores familiares: su ascendiente, José Rafael Abinader, demostró rectitud como ministro de Finanzas durante la revolución constitucionalista de 1965 y en 1982, como vice-rector administrativo de la UASD, como contralor general de la República, etc. Su madre, Sula Corona de Abinader,  realza discretamente por su temple sereno y consejera acertada, y sus hermanos Rita (abogada) y José Rafael hijo (economista y rector) aderezan laboralmente con modestia y en bajo perfilY la esposa, Raquel Arbaje, influencia en la madurez orientativa.

Luis Abinader Cuenta con experiencias gerenciales en iniciativas corporativas familiares novedosas y exitosas, como miembro del Consejo de Directores de la Fundación de la Universidad Dominicana O&M y vicepresidente ejecutivo de Cementos Santo Domingo y los hoteles Sol de Plata (Sosúa-Cabarete-1993-2009) y LTI-Sol de Plata Bávaro (luego SuperClubs Breezes Punta Cana). El primer proyecto fue cerrado por el colapso generalizado del turismo en la Novia del Atlántico, y el segundo traspasado en atención a una ventajosa oferta de compra.

Escribimos este recuento, desde la distancia del confinamiento, motivado en el interés de ilustrar, como un observador viviente y un opinante mediático, en torno a exposiciones  públicas totalmente desacertadas y contaminadas contra un ciudadano que, como vemos en la descripción precedente, ha crecido sostenidamente en la liza política más por vocación que por la búsqueda de meriendas.

Además, queremos bifurcar  este trazo en tres pistas:

1.- Reconocer que,  en el foco del mortal coronavirus, Abinader ha estado jugándose la vida. A las autoridades sanitarias entregó un hospital en La Vega, a alcaldes electos ambulancias, raciones alimenticias a centros religiosos católicos/evangélicos, a hogares de adultos mayores, a la Policía Nacional, y se reúne con médicos, bioanalistas y productores agropecuarios.

2.- Si las pasadas elecciones colocaron a Abinader  como vanguardia de la oposición, cómo es posible que ante una emergencia tan peligrosa su labor humanitaria pretenda ser desdeñada y hasta vituperada por “comunicadores”  libertinos. Los asesores que recomiendan estas campañas impiadosas, como la del hospital de La Vega,  no le hacen un bien al gobierno ni a su candidato, porque las nuevas audiencias no las consumen con facilidad.

3.- Luce un craso error  afrontar  este virus únicamente desde la trinchera gubernamental, en virtud de que se trata de una pandemia que está arrancando vida humana. En la Comisión de Alto Nivel contra el Coronavirus deben estar el gremio médico –al margen del carácter de su presidente-,  otros líderes políticos de relevancia, las universidades y los sindicatos de trabajadores, por lo menos.

Ni el gobierno  ni los recursos son suficientes. La otra soledad puede matar a más personas, que terminará afectando a los que desprecian propuestas y acompañamientos.

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