Nuestros hijos en la pandemia

La cuarentena tiene desafíos hasta hace poco imaginables. Aunque parezca extraño, uno de ellos es cómo convivir en familia, con nuestra pareja, padres o hijos. Esto así porque resultaba casi imposible estar tanto tiempo juntos, mirándonos las caras, con toda la eternidad del mundo para compartir. Hoy no solo es necesario: es obligatorio.
Naturalmente, este cambio en nuestra cotidianidad implica serios retos, adaptaciones otrora impensables, asumir la realidad con mayor sabiduría, tener en ocasiones paciencia oriental, saber que debemos cambiar o sucumbir, tratar de ser felices dentro de las circunstancias o entregarnos a la amargura y a la desesperanza.

Sin dudas, uno de los temas más delicados es la presencia de nuestros hijos en el hogar. La mayoría toma clases virtuales algunas horas al día, lo que es positivo, porque la enseñanza nunca debe tomar asiento. Hay padres que han recordado algo de materias olvidadas o se han involucrado en el tema tecnológico, siendo una grata experiencia.

Pero luego de terminar esas clases: ¿qué se hará en el tiempo que resta, que es la mayor parte del día? Quizá Dios nos ha dado la oportunidad de compartir más con nuestros hijos, de conversar, de reírnos, de abrazarnos, de conocernos más…

Dicen que la mejor inversión que podemos hacer en la educación de nuestros hijos es estando en familia, lo que ahora se impone. Posiblemente solo vivamos esta situación una sola vez. Así que aprovechémosla para que nuestros hijos, abrazados en familia, puedan conocer facetas que los harán mejores personas.

El siguiente comentario se le atribuye a una educadora española. Creo nos puede dar una idea de cómo podemos actuar en estos momentos, que en gran medida depende de nosotros los adultos si pueden ser útiles o no para el porvenir de la patria, de nuestro entorno y de nosotros mismos.

“¿Y qué pasa si los niños “pierden” el año escolar? ¿Y si en lugar de aprender matemáticas aprenden a cocinar, a coser su ropa, a limpiar, a cultivar un huerto o una planta?

¿Y si aprenden a cantarle canciones a sus abuelos o a sus hermanos más pequeños? ¿Y si aprenden a cuidar sus mascotas y bañarlas? ¿Y si desarrollan la imaginación y pintan un cuadro? ¿Y si aprenden a ser más responsables y a estar con toda la familia en la casa?

¿Y si nosotros los padres les enseñamos a ser buenas personas? ¿Y si nosotros los padres aprendemos lo mismo? ¿Y si aprenden que estar juntos y sanos es mucho mejor que tener el móvil o celular de moda? Eso nos falta y si ellos aprenden, a lo mejor no perdimos un año, a lo mejor ganamos un tremendo futuro”.

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