Bosch, Peña, Leonel y Luis han sido víctimas de campañas sucias

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Peña Gómez fue acusado de tener intenciones de unir a la República Dominicana y Haití.
El PLD desató una campaña para vincular a Abinader al narcotráfico; antes la víctima fue Leonel con Quirino

En el tramo final de cada campaña electoral los ánimos suelen subir y se intensifican los ataques entre los aspirantes a la presidencia de la República, sin embargo, el uso de las redes sociales en este proceso electoral, ha dado pie al uso de campaña sucia, especialmente contra el candidato del Partido Revolucionario Moderno (PRM), Luis Abinader.

En la historia política de los últimos 30 años los políticos más afectados por la campaña sucia han sido Juan Bosch en el 1990, acusado por el PRSC de ser ateo; José Francisco Peña Gómez, porque era de origen haitiano y se le acusaba de representar un peligro para la soberanía; Leonel Fernández desde el 2004, 2014 y 2019 ha sido blanco de campaña sucia.

En los procesos electorales también abunda la campaña negativa, esta última consiste en resaltar los aspectos negativos del contrario en base a hechos reales, mientras que la campaña sucia se basa en hechos que no se corresponden con la verdad.

El oficialista Partido de la Liberación Dominicana (PLD) y el propio gobierno han destapado casos de personas vinculadas al tráfico de drogas y lavado de activos en una estrategia comunicacional que incluye vincular esas figuras al candidato del PRM.

En las redes sociales los voceros del PLD pusieron a circular un vídeo en el que se observa Abinader descender del helicóptero propiedad de Miguel Arturo López, que según la Procuraduría encabeza una red de lavado de dinero proveniente del narcotráfico.

Igualmente, contra Abinader se ha desatado una campaña que afirma que apoya el matrimonio entre personas del mismo sexo y que apadrina la agenda LGBT. En las redes sociales también abundan acusaciones contra el candidato del PLD, Gonzalo Castillo, vinculadas a la corrupción y al supuesto uso de los recursos del Estado para beneficiarse.

Aunque no en este contexto, Leonel Fernández, candidato presidencial de la Fuerza del Pueblo (FP), ha sido víctima de una campaña sucia que incluyó la acusación del exconvicto Quirino Ernesto Paulino Castillo, de que habría aportado dinero a la campaña de Fernández en el 2004. La aparición de Quirino fue en febrero del 2014 y logró una gran difusión en programas de radio y televisión. En abril de ese año, el Comité Político del PLD aprobó reformar la Constitución para la reelección de Danilo Medina.

Fernández ha afirmado que esa fue una campaña orquestada desde el Palacio Nacional para anularlo moral y políticamente. En abril del 2019, el comunicador Jaime Bayly acusó a Fernández de recibir aportes de recursos para su campaña supuestamente de exfuncionarios del gobierno de Hugo Chávez. Fernández volvió a acusar a sus antiguos compañeros del PLD y sectores “enquistados en el Palacio Nacional” de orquestar una campaña en su contra.

Cuando fue candidato presidencial en el 2004, Fernández también enfrentó una campaña sucia en la que figuras vinculadas al gobierno que presidía el PRD pusieron a circular un audio en el que una voz imitando la de Fernández instaba a subir el dólar y desestabilizar el país para beneficio político. El PLD enfrentó la campaña y Fernández ganó con 58%.

José Francisco Peña Gómez es una de las figuras políticas mejorar recordada de la historia reciente del país. Pero en su carrera política tuvo que enfrentar intensas campañas sucias, especialmente las que inducían que no era dominicano y que de ser presidente unificaría a Haití y la República Dominicana. También se le acusó de practicar el rito del vudú, una tradición religiosa africana.

Dice desde el 2019 hay campaña sucia

El especialista en comunicación política, Felipe Vallejos, sostuvo que en la actual campaña electoral se ha apostado por la campaña sucia. “La inusitada recurrencia masiva de tácticas propias de la campaña sucia, que no es más que el empleo de datos alterados, difundidos en medios no tradicionales, incluso con alcance en los tradicionales, que buscan dañar la reputación de los candidatos. Sostuvo que ni la campaña negativa ni la sucia surten el efecto de cambiar el voto y menos cuando gran parte del electorado ya tomó una decisión. “Si concita algún efecto es el de la radicalización de los votantes, en especial si son tácticas de último minuto, porque lo aprecian como una persecución contra su candidato, lo victimizan, y su reacción inmediata es arrinconarse todavía más”, dijo.

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