Por ser mujer...

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Sé que a muchos no les caerá bien que lo diga, pero también sé que muchos estarán de acuerdo conmigo.
Se trata del constante debate sobre la cuota de la mujer en la política, en las candidaturas y más recientemente, en las posiciones gubernamentales.

Es increíble que aquellos que abogan por esta cuota, no se den cuenta que son los principales promotores de la desigualdad y la discriminación, pues basan sus reclamos en cuestiones de género obviando las capacidades de algunas mujeres para el buen desempeño de esas posiciones.

Es increíble que por el solo hecho de ser mujer, se deba recibir un trato privilegiado. Es increíble que se crea que por ser mujer se le tenga que obsequiar una candidatura para ocupar una posición en el Senado, la Cámara de Diputados, o una alcaldía.

Ahora, que el presidente electo Luis Abinader ha adelantado que nombrará una mujer en la gobernación de cada provincia, resulta imperiosa la necesidad de saber cuáles criterios serán considerados para dichas designaciones.

En lo personal, veo al conjunto, al ser humano que debe tener las mismas oportunidades, que debe alcanzar las posiciones que sus capacidades y preparación le permitan desarrollar con cierto nivel de eficiencia.

No existe trabajo o posición específica para hombre o para mujer, existen, sí, puestos de trabajo con ciertos requerimientos y exigencias que deben ser ocupados por quienes reúnan los requisitos sin que interfieran cuestiones de género.

Lo he dicho antes y lo he escrito con anterioridad, por ser mujer no quiero nada.

De igual manera no acepto privilegios, pero tampoco permito discriminación o ser descalificada por mi sexo para desempeñar una función para la que demuestre estar calificada.

Considero una dádiva inaceptable una cuota otorgada sin mayores méritos que la condición de mujer.

Muchas damas en nuestro país han demostrado que todo cuanto han logrado ha sido por haber invertido largas horas de sus días al estudio y la preparación y como ellas existen muchas más que sólo esperan una oportunidad. A esas no hay que regalarles nada, por lo que ceder candidaturas, y llenar posiciones públicas para cumplir con la llamada cuota de la mujer se traduce en un insulto a las féminas que han logrado destacarse por sus méritos y que brillan con luz propia.

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