“Debate Bosch-Isa Conde: El problema de las alianzas”

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A“Una respuesta a Bosch (Contranotas sobre Táctica y Estrategia)”, el profesor Juan Bosch, le responde con: “Respuesta al señor Isa (1)”, publicado en Vanguardia del Pueblo No. 397, del 26 de mayo de 1983, p. 4.

Este debate, como vemos, cada vez se torna más agrio, pero sin perder la altura expositiva de los expositores ni la profundidad teórica. En este artículo el profesor Bosch, como diría el pueblo, “le entra como la conga” a los líderes del Partido Comunista Dominicano desde el primer párrafo, veamos: “La pobreza de argumentos y la notoria capacidad para exponer juicios válidos de los acontecimientos políticos de manera coherente (los lleva) a situaciones penosas, y eso es lo que explica que al cabo de dieciocho años -que son muchos años- de haber tomado la dirección del PCD éste no haya logrado hacerse respetar ni siquiera de la mayoría de los pequeños burgueses de las tres capas bajas que se benefician con las becas de estudios (…) que los líderes del PCD distribuyen a montones” (p. 61).

El presidente del PLD considera que el Secretario General del PCD es un típico pequeño burgueses, que se cree “juez supremo de las actuaciones políticas de otras personas para juzgarlas según sea su interés del momento (...)”, con una actuación sinuosa siendo “leninista cuando le viene bien y cuando no le viene bien es isista y nada más” (p. 62). Acusándolo de descargar sobre el PLD “los venenos propios de su condición de pequeño burgués que se creyó elevado a la categoría de un gran líder mundial (...)”, para lo cual “hacen falta alas muy potentes, que el señor Isa no tiene” (p. 63). Finalizando ese apartado con estas palabras: “Lo que sucede en el alma de un pequeño burgués dominicano (…) que se da cuenta de que no es ni puede ser lo que creyó que era se conmueve de tal manera que afecta su capacidad para juzgar cualquier acontecimiento, no importan sus dimensiones o su peso relativo”.

Entonces, el profesor Bosch, pasa a defenderse de las acusaciones de Isa Conde relativas a la Revolución de Abril de 1965, y lo hace con dureza. Estima que Isa Conde confunde hechos históricos, que piensa tener una autoridad que realmente no tiene para juzgarlos, y que repite argumentos de la CIA “y de cierto degenerado dominicano acerca de nuestra cobardía”.
Afirma que “se necesita ser un retrasado mental o un farsante de tomo y lomo para pretender que nosotros podíamos conseguir en Puerto Rico que la aviación militar norteamericana nos trajera al país (…)”. Estima que Isa Conde no tiene condiciones objetivas ni subjetivas para ser leninista ni las tendrá “en los años que le queden de vida”, incluso que el día que “el señor Isa (…) se conociera a sí mismo caería en un abismo insondable: caería en el vacío absoluto” (p. 66).

En el último párrafo acusa los dirigentes pecedeistas de que “repiten como cotorras lo que dicen los textos” y que sus ataques se basan en “infamias, en mentiras que satisfacen pasiones pequeño-burguesas (...)”.

La respuesta de Isa Conde sería tan contundente como esta.

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