Hitos del bolero dominicano: Una visión apasionada (7)

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Bullumba Landestoy.

Rafael ‘Bullumba’ Landestoy
(1925-2018)
Bullumba Landestoy, pianista y compositor, nació en La Romana, Republica Dominicana. A los 20 años trabajó como pianista en La Voz del Yuna. Vivió hasta los años 50 en el país, desde donde partió a México. Luego se trasladó a Puerto Rico y allí entabló amistad con Rafael Hernández.

Su obra musical es vasta y profunda. Bullumba fue, con toda seguridad, el compositor dominicano más afortunado en el ámbito internacional. Su bolero ‘Pesar’ lo grabaron Daniel Santos, Toña la Negra, Panchito Riset, Alcibíades Sánchez con la orquesta Billo’s Caracas Boys, el Trío Janitzio, Alberto Beltrán, Miltinho:

“El dolor que has dejado en mi vida /con tu indiferencia, /no lo puedo arrancar ni un momento de mí. /Y tan sólo este inmenso pesar /que tortura mi alma /se ha quedado en mi vida /después de negarme tu amor”.

Las canciones ‘Carita de ángel’ y ‘Mi dulce querer’ fueron recogidas y llevadas al cine por el destacado cantante y actor mexicano Fernando Fernández:

“Vidita, /carita de ángel, amor de mi vida, / te llevo en el alma. / Vidita, yo sufro por ti. /Vidita, a veces de noche junto a las estrellas /yo miro tu imagen. /Vidita, y sufro por ti”.

La notable intérprete mexicana Lupita Palomera grabó su bolero ‘Sin necesidad’. Toña la Negra y Milagros Lanty llevaron al disco la canción de Bullumba ‘Yo soy mulata’. Juan Arvizu grabó el bolero ‘Incomprensión’.

Landestoy es un músico de sólida formación académica, con una obra que incluye decenas de temas de música culta para piano. Intérpretes como René Rodríguez, Milton Cruz y María de Fátima Geraldez han ejecutado sus obras.

En los boleros de Bullumba Landestoy se da una originalísima forma de estructurar la melodía, con pertinacias y aliteraciones sonoras que, al cabo, discurren soportadas en progresiones armónicas de gran extrañeza y donaire.

Los canjes melódicos y estructurales en que se basa el tema ‘Carita de ángel’ constituyen, a juicio nuestro, una de las primeras y más valiosas innovaciones técnicas que registra el bolero dominicano tradicional.

Ramón Antonio ‘Papa’ Molina
(1925-2020)
Trompetista, arreglista, compositor de merengues y boleros, Ramón Antonio ‘Papa’ Molina constituye una de las personalidades más destacadas de la música popular dominicana durante el siglo XX. Nació en Moca, provincia Espaillat.

Realizó sus primeros estudios de solfeo y teoría musical con el profesor Tilo Rojas. Muy tempranamente fue considerado un ‘niño prodigio’ en la ejecución de la trompeta. Durante corto tiempo formó parte de las agrupaciones musicales de Enriquillo Sánchez, Tatán Minaya y Luis Alberti. En 1942 se integró como primera trompeta de la orquesta San José, vinculada a La Voz del Yuna, en Bonao. En 1949, y hasta 1961, se desempeñó como director de dicho grupo, entonces llamado Súper Orquesta San José.

Casado con la bailarina Josefina Miniño, es el padre del renombrado músico sinfónico José Antonio Molina, antiguo conductor de la filarmónica de Palm Beach, Florida, y actual director de la Orquesta Sinfónica Nacional.

Su bolero más divulgado es ‘Evocación’, que fuera grabado por Alci Sánchez, Alberto Beltrán y la orquesta de Billo Frómeta, Rafael Colón y Betty Misiego:

“Cuando suelo evocar /con marcada inquietud /tu boca sin igual que me roba la vida, / no hago más que anhelar / la historia de tus besos / y entregarte mi corazón”.

Otras canciones suyas grabados por artistas locales son: ‘Sufro por ti’, interpretada por Alberto Beltrán y la Súper Orquesta San José; ‘Nunca te lo he dicho’, en la voz de Lope Balaguer; y ‘Cuándo volveré a besarte’, con versiones de Elenita Santos y Rafael Colón.

Aunque las canciones de Papa Molina constituyeron típicas expresiones de la época, ajustadas a los patrones de estilo prevalecientes en el ámbito de la música caribeña, las mismas no recibieron la merecida difusión internacional. Esta eventualidad, cabe destacarlo, no impide que reconozcamos los altos méritos de su obra.

El bolero dominicano después de 1960

Los 60 estremecen al mundo occidental con el fenómeno hippie, las drogas y el rock, las protestas estudiantiles de París y la guerra de Vietnam, entre otros signos inusitados. En tanto la sociedad dominicana de esos días, con los pávidos ojos recién abiertos, apenas comenzaba a despejarse las legañas de una lenta pesadilla de treinta años.

Roto ya el maleficio de la dictadura, la ciudad de Santo Domingo crece desmedidamente, en unas rachas de transformaciones y de vicisitudes. Estos cambios, luego, darán sustento y espacio a una inédita cultura dentro de un ignoto marco de avenencia: el modo de vida de la ciudad grande y su frenética, su alienada tribulación.

El segundo período del bolero dominicano se establece en ese tiempo, esto es, en las postrimerías del decenio de 1950 y en los primeros años después de 1960. Surge entonces una nueva perspectiva del bolero, encarnada en compositores como Manuel Troncoso (1927-2012), Rafael Solano (1931) y Nelson Lugo (1940-2006).

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