Restauración; nacimiento de la Segunda República (1)

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Bajo el grito de ¡Viva la República! entraban los valientes dominicanos al combate, durante la guerra de Restauración, mientras los españoles lo hacían con el grito de ¡Viva La Reyna! Eran motivaciones muy disímiles de un ejército de desarrapados hombres descalzos, sin instrucción militar mayor, en desigual confrontación de desventaja pero preñados de valor y fervor patriótico, frente a un numeroso ejército regular de equipamiento de primer orden. En la historia que se enseña en las escuelas, resulta escaso el tiempo y los conocimientos para explicar cómo la población fue afectada con la entrega del país a España, al convertirlo en Provincia ultramarina, cayendo a la categoría del peyorativo término de “indianos”, súbditos de la reina Isabel II, y “españoles, sin quererlo, a partir del 18 de marzo de 1861, fecha en que se sorprende a la población dominicana con la noticia de una cesión no consultada y terriblemente impopular. Las medidas impositivas poniendo gravámenes a los productos no españoles, el intento de poner impuestos, al tiempo de crear un monopolio del tabaco, irritaron a los productores de Santiago, hegemónico grupo de poder económico y político que desde el inicio se opuso militantemente a la acción política de la anexión. España, con las colonias de Cuba y Puerto Rico en absoluto control; con los Estados Unidos comprometidos en su guerra civil, quisieron aprovechar su presencia en la geopolítica del gran Caribe, siendo además depositarios de un numeroso contingente militar en esas colonias, pretendió con este paso fortalecer su influencia en Latinoamérica y recuperar colonias perdidas. Pedro Santana, el controvertido personaje de nuestra historia, héroe y ejecutor de la acción militar de la defensa de la independencia de Haití, lograda apenas 17 años antes, se convierte de golpe en el gran traidor a la patria, al empeñar la autonomía y libertad como ciudadanos de un país independiente y libre de lo cual hay muestras de fatal arrepentimiento del ascendido a la “nobleza”, como Marqués de las Carreras. Se precipitan acontecimientos de trascendental importancia: la fallida intentona de José Contreras, el fusilamiento del patricio Fco. del Rosario Sánchez, las acciones del ejército español para desalojar a los haitianos ocupantes de los territorios invadidos por Toussaint Louverture en 1794. Estos desalojos provocaron que el presidente haitiano Fabré Geffrard ayudara a la gigante conspiración que se aglutinaba en el Cibao, mientras se desarrollaban acciones varias en el Sur. Rafael Trujillo en los años 50tas, en una acción política con miras a satisfacer egos haitianos, dio su nombre a una importante y amplia nueva avenida, rebautizada más tarde como Abraham Lincoln, pero esa es otra historia. Los españoles, afectados por el cólera sufrieron una gran cantidad de muertes a más del terror que infundían los dominicanos, dueños de un increíble valor y arrojo.

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