Enseñar artes visuales

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Biblioteca de la Escuela de Beaux Arts de Paris.
Esencial para crear con calidad y dar trascendencia a las obras

Desde el año 1682 L’ecole nationale superieure des Beaux Arts de Paris imparte docencia tanto teórica sobre la historia del arte, como práctica en múltiples talleres bajo la responsabilidad de artistas reconocidos donde se dan encuentro estudiantes de todos los niveles. Hoy día esa formación es de ocho semestres en un espacio propicio para ese aprendizaje. Sí, la escuela posee más de 450 mil obras de artes de todas las épocas, una biblioteca con más de 65 mil volúmenes, conferencias regulares, coloquios, etc. y se sienten orgullosos de tener como egresados a Henry Matisse, Claude Monet, Edgar Degas, Renoir, entre otros que muchos piensan que aprendieron a pintar por arte de magia o por la famosa y equivocada teoría de la herencia genética.

En la Parson’s Fine Arts de New York se prepara a los artistas jóvenes con un programa exhaustivo para que contribuyan, de manera original, al enriquecimiento de la cultura visual universal, una vez salgan de sus aulas. Sigue impartiendo cursos de fotografía para los que creen que ya no es necesario, porque también “fotógrafos somos todos”.

En la facultad de artes de la UNAM, México, y a pesar de las enormes quejas de Avelina Lesper, se imparte clase de dibujo y pintura, aunque muchos profesores hayan claudicado a las reglas del “arte contemporáneo” de eliminar la enseñanza de dibujo, pintura y escultura.

La facultad de artes de la universidad China de Shangai tiene más de 400 mil estudiantes extranjeros que llegan allí becados para consolidar su formación artística.

Pero insistimos, ¿es realmente necesario e importante impartir clases de arte en estos tiempos? ¿Acaso no somos todos artistas? ¿Acaso todo lo que nos rodea no es arte, desde un palillo de diente bien colocado en algún museo, hasta cualquier colchón viejo de esos que la guagüita anunciadora que recicla nos compra?

Evidentemente, preguntas retóricas porque no vale que las declaraciones denigrando las Artes Visuales se divulguen y que cada vez más haya “artistas” autoproclamados, el Arte sigue siendo una disciplina del saber del ser humano que requiere de estudios. De lo contrario, esos espacios estuviesen cerrado, o no?
Es muy importante para cualquier lector de otras áreas del conocimiento que entienda una cuestión que es fundamental en la mitología popular: El arte es cuestión de gusto. Y justamente esta sentencia es la que confunde no solo al público común y corriente, sino que los mismos artistas, con una formación pobrísima sobre la historia del arte lo asumen como una verdad.

Y es que no se puede confundir las preferencias personales con la creación en el contexto universal del arte en la historia. ¿con qué se come eso? Pues no con queso. Es cierto que cualquier persona, tenga o no conocimiento del arte tiene un gusto muy suyo y personal que puede usar a la hora de elegir, pongamos, el cuadro que va a adornar su casa. Así tendremos que en ese derecho de elección serán validadas miles y miles de obras sin ningún valor artístico, obras de artesanía como artes, etc. Y realmente para el que la compró esa es la mejor obra porque se corresponde con su formación, o mejor, con la ausencia de formación en artes visuales. Pero otra cosa es la creación de obras de artes a nivel de la producción de una sociedad en la que tiene que haber un juicio valorativo-comparativo de una producción artística enmarcada en la historia del arte. Es en este contexto donde no interviene aquello de que el asunto es cuestión de gusto, sino de criterios. Es así que, si un artista crea una propuesta que contribuye al avance de las artes por su originalidad y otras cualidades, independientemente de que ella agrade o no a los historiadores del arte, todos estarían de acuerdo en que es un aporte y que su producción es buena como obra de arte. Si fuese así, no habría fraude ni artistas autoenganchados.

Cuando a una editorial llegan 2000 libros y solo se seleccionan 100, no es una cuestión de gusto, es una cuestión de evaluación literaria. Quienes hacen la selección tienen una formación en literatura y conocen su historia. Es lo mismo que en arte. No tiene que ver con el conocimiento elitista, aunque de cierta forma lo es. ¿Acaso es la población de un barrio la que decide sobre el diseño de un hospital? Para ello se requiere de especialistas en arquitectura.

El problema es que cuando se saltó esa evaluación normal del arte y se valoró como buena y válida una cantidad de basura, con el supuesto pretexto de romper con la tradición, se introdujo la mediocridad. Para entender esto hay que hacer un análisis profundo sobre los valores de la sociedad de consumo y la proliferación de galerías comerciales. Es importante señalar que muchos museos fueron administrados por personas, más que amantes y conocedoras del arte, comerciantes burdos que se asociaron con esos “artistas” incapaces de hacer una raya derecha ni con una regla, arroparon el mercado, crearon el famoso rating sobre el valor de la obra de arte de los artistas y los que no estaban dentro, cayeron en el gancho valorando como válido estos “nuevos conceptos” que dominan el arte de hoy. A pesar de la gran cantidad de programas y plataformas informáticas, sería muy difícil que una película de dibujos animados, pongamos de ejemplo, se realizara si los autores no saben de arte, no supieran dibujar, no tuvieran ni ideas de la proyección de la luz, de las proporciones de volúmenes, etc.
Hoy día son miles y miles de personas las que viven gracias a su formación artística. Pero también hay que admitir que son muchos, aunque no tantos, los “artistas” que han fabricado un entorno haciendo pasar basura como arte y lo han logrado.
¡Bravo! Por tanto, se presenta la siguiente disyuntiva: o usted, al decidirse por las artes, se autoproclama artista y ya, no estudia nada, hace garabatos, e inventa y hace como los famosos, en vez de etiquetas de sopa Campbells usted expondrá etiquetas de guandules Goya, o Salsa de tomate Linda. Se puede convertir por un tiempo en un buzo de Duquesa o Rafey y recolectar chancletas, botellas de agua, calimetes, cantaritas de salchichas, etc. y luego, en asociación con una galería importante anuncie pomposamente su exposición grandilocuente sin olvidar de contratar al mejor curador y/o crítico que haga un discursazo del tamaño del bate. Póngale precios mas alto que la cuota del ranking de artistas de New York y sobre todo anuncie al otro día la compra de varias obras por esos millonarios precios. Aunque no se venda ni un calimete. Eso abulta y da prestigio a la vanidad. Si de verdad usted quiere aprender a dibujar, a esculpir (no a escupir que eso es “arte contemporáneo) entienda que las Artes Visuales, como la música y otras disciplinas artísticas requieren de estudios profundos.

En la República Dominicana existe una institución que depende del Ministerio de Cultura denominado el SINFAE (Sistema Nacional de Formación Artística y Especializada) que funciona directamente con el contenido y calendarización de los programas de Bellas Artes a nivel nacional. A partir de estos programas se aprende a dibujar y a pintar una manzana y cualquier objeto tridimensional, un paisaje y una persona. Las creaciones que derivan de esta formación serán parte del trabajo y características de cada quien con sus propias reglas y métodos, que lo pueden llevar lejos, si lleva pasión. La manzana es para aprender forma y sombras, no para que te dediques a pintar manzanas.

El arte, hemos dicho, es una combinación de la sensibilidad, las emociones y la inteligencia humana. ¡Cuidado! Que nadie se deje engañar y ceda al chantaje de que somos ignorantes porque nos hayan dicho que una funda llena de estiércol es arte y que solo los iluminados pueden entender ese profundo concepto. No, las obras de arte en toda la historia de la humanidad no requieren explicaciones porque ellas en sí contienen la esencia de ser, como obra. Lo que es ebanistería es ebanistería, lo que es estiércol es estiércol, lo que es basura es basura y lo que es arte es arte. Eso no cambia en su esencia, sí evoluciona de acuerdo a la calidad y creatividad de los artistas.

El artista visual es alguien que tiene una formación, que ha estudiado, sea académica como autodidácticamente. No se aprende de quien no sabe, por tanto, se requiere que los profesores muestren sus trabajos.

Para hacer arte se requiere, además de la formación, de un talento que haga posible que esos conocimientos desemboquen en obras fruto de la creatividad. En consecuencia, no es fruto de la creatividad exponer 25 semillas de aguacates que cualquiera puede hacer. Un artista y un científico son exactamente iguales, con la salvedad de que uno tiene una formación en arte y el otro en ciencia. Sus aportes estarán relacionados con la pasión de crear algo nuevo para que la humanidad avance en el área que a cada uno le corresponde.

En la República Dominicana y dominada por la SINFAE, hay más de 25 academias de música, repartidas por el territorio nacional, salvo en La Altagracia, Monte Plata, El Seibo, Monseñor Nouel, María Trinidad Sánchez y Valverde. Y tenemos 13 escuelas de Bellas Artes (Santo Domingo, Santiago, La Romana, San Cristóbal, Ocoa, Azua, San Juan de la Maguana, Cotuí, San Francisco, La Vega, Salcedo, Moca y Puerto Plata).

Es normal que su funcionamiento sea muy precario, empezando por los locales y sus estructuras, y los programas que datan de cuando se inauguró la primera escuela en tiempos de Urdaneta y Rotetán. Y esos programas no solo nos hunden en la ignorancia para la formación artística, sino en la ignorancia para la apreciación, para que cualquier ciudadano pueda expresar su sentir sin que haya una manipulación impositiva que le diga que una chancleta enganchá en una etaca es una obra de arte.

Si creen que estoy equivocado, abramos los debates. Esto es un reto, no te calles, pero no me contradigas con silencios, con risitas cobardes, con dogmas y frases aprendidas sin sentido. ¡Esto es serio! Juntos podemos enrumbar el arte.

Seguiremos en esta precariedad con las limitaciones de recursos dedicados a partidos políticos que no aportan nada, ni a la civilidad ni a la supuesta democracia. Si queremos cambios sustanciales en la sociedad hay que tomar en cuenta las artes que no pueden seguir en manos de improvisados, que no podemos seguir sin recursos. ¡Manos a la obra!

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