Los 100 años de una leyenda: Charlie Parker

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Un ataque al corazón y la cirrosis precedieron a la neumonía y a una úlcera hemorrágica que lo llevaron a la tumba a los 34 años.

El exceso era el camino. Charlie Parker vivió intensamente y murió de modo prematuro, revolucionó el jazz y se convirtió en el héroe negro de una sociedad que reivindicaba las raíces y el cambio por la igualdad.
Hoy, 29 de agosto, se cumplen 100 años del nacimiento de una figura que es, para muchos, el mejor músico del siglo XX. Charles Christopher Parker (Kansas, Estados Unidos) es uno de los profetas del bebop junto a su amigo Dizzy Gillespie, con quien compartiría escena en formato de quinteto -Miles Davis a bordo- en el Carnegie Hall en 1947 y en la Sala Pleyel en 1953, aunque su primera toma de contacto tendría lugar en 1939. Ambos diseñarían el estilo que renovó el jazz hasta nuestros días, el bebop, que sigue vigente como primordial en el género.

A pesar de la inicial hostilidad ante la novedad entre el público, la prensa y los compañeros de oficio; la transición de las big bands a formaciones y combos pequeños, el virtuosismo de sus componentes, la capacidad de improvisar, la coloratura de las interpretaciones y la rapidez de los solos se hicieron hueco.
Parker era el responsable. “Podías saber el color del pelo de la chica en la que estaba pensando cuando tocaba en plena forma”, dijo de él Charles Mingus, otro de los músicos clave en la historia del jazz.

Intérprete de saxo alto con capacidades armónicas inusitadas, compuso piezas que ya son estándars del repertorio jazzístico. El origen de su alias, ‘Bird’, es incierto, pero la querencia por el apelativo granjeó títulos como “Ornithology”, “Yardbird Suite”, “Bird Feathers”, “Chasinï The Bird” o “Blue Bird”, entre otros.

‘Bird’ fue autodidacta. Rechazado en los conservatorios de música, su inspiración procedía de saxofonistas consagrados como Lester Young o Buster Smith, de cuya banda formó parte.
Aunque se le achaca al bebop la inclusión formal de la percusión afrocubana, ya las orquestas de jazz completaban algunos de sus números con ritmos latinos. Es, de todos modos, la revisión de Parker del “Begin the beguine” una sorpresa refrescante.

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