Pocos apoyos y muchas torpezas: la destitución de Vizcarra apunta al fracaso

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Lima.- Lejos, y puede que aún más lejos todavía. Así queda este domingo la opción de que la oposición destituya al presidente de Perú, Martín Vizcarra, después de que los impulsores de la iniciativa se toparan con mucho menos respaldo del que creían y cometieran graves torpezas que parecen condenarlos al fracaso.

Si bien lo que suceda en el juicio político abierto a Vizcarra en el Congreso aún está rodeado de incertidumbres, lo cierto es que la situación pinta cada vez más favorable para el presidente y peor, mucho peor, para quienes sostienen vehementemente su expulsión del poder.

Ni la opinión pública se ha sumado a la "indignación nacional" que supuestamente iba a generar unos audios que comprometen a Vizcarra en un caso menor de presunta corrupción que investiga el Congreso, ni la mayoría de fuerzas políticas parecen apostar por el paso dramático de descabezar al Estado en este contexto de crisis sanitaria y económica causadas por el COVID-19.

Todo lo contrario. Son los promotores de la medida, particularmente el presidente del Congreso, el opositor Manuel Merino, quien asumiría la Presidencia de Perú en caso de prosperar el juicio político, los que se han cubierto de oscuridad sobre sus intenciones, maniobras y honestidad en esta crisis.

El jueves en la mañana estalló la bomba cuando Edgar Alarcón, congresista del partido ultranacionalista Unión por el Perú y ex contralor de la República, enemigo jurado de Vizcarra y sobre quien pesan varias investigaciones por enriquecimiento ilícito, difundió de forma sorpresiva, fuera del orden del día parlamentario y con la anuencia de Merino, tres grabaciones "anónimas".

En ellas se escuchan varias conversaciones de Karem Roca, secretaria de Vizcarra, con el presidente y con el cantante Richard Swing donde aparentemente el presidente coordina cómo ocultar visitas de éste último al Palacio de Gobierno.

Según los enemigos del mandatario, los audios revelan que el presidente mintió y manipuló para negar su proximidad con Swing, al que el Congreso investiga los altos honorarios que recibió del Ministerio de Cultura desde que Vizcarra es presidente en contrataciones para actos de difícil justificación.

La "derrota" de este intento de destitución, calificado de "complot" contra la democracia por Vizcarra, parece sin embargo haber sido clara incluso desde que inició su trámite.

"Yo sentí como una derrota la votación que la admitió a trámite la vacancia (destitución). Esto estaba previamente concertado. Antes de votar se hablaba en el Congreso que tenían 96 votos, pero cuando votamos, no pasaron de 65. Sentían preocupación y nerviosismo", dijo a Efe la diputada Mirtha Vázquez, del Frente Amplio de izquierdas, quien se opuso a la propuesta.

Los 65 votos a favor fueron suficientes para abrir el juicio político (bastaban 52), pero muy lejos de los 87 votos necesarios para lograr la destitución. Algo no había salido según lo previsto, aparentemente.

"Creo que estaban apostando a tener un ánimo general airado, con la estrategia de generar indignación para acelerar el proceso. Querían hacerlo tan rápido que se apelase a las emociones antes que a la razón de los congresistas. Creo que la reacción de la opinión pública y los medios, ayudó a calmar la situación y enfriar esta llamada", analizó para Efe el politólogo Mauricio Zavaleta.

Y entonces apareció la segunda bomba de esta crisis o "la torpeza cometida por Merino, quien en caso de sacar a Vizcarra del poder debería ser él quien formase un Gobierno interino hasta las próximas elecciones.

Merino llamó el jueves a varios líderes de las Fuerzas Armadas para "transmitir calma" ante las acciones parlamentarias, antes incluso de que se hubiera presentado la moción de destitución.

"Esos errores vienen desde el principio, porque no se puede invocar la vacancia cuando la investigación no había terminado", recordó Vásquez, que es abogada de profesión.

"Se hizo de forma apresurada y torpe. Invocar a los militares evidencia torpeza de gran magnitud, y más allá que eso, una grave irresponsabilidad", añadió.

Para Zavaleta, las explicaciones que dio Merino, que reconoció el hecho, son "inverosímiles". "Parece que en realidad estaba llamando para tantear si iban a apoyarlo como presidente una vez que saliera la vacancia. Me parece que ese es el sentido: 'cuando se termine esto necesito que estén conmigo', no veo otra razón más que esa", indicó el politólogo.

El barco de la destitución está en pleno hundimiento, y lejos de captar más votos, los está perdiendo. La tesis del "complot" que denunció el Gobierno parece cobrar fuerza y pocos parecen ahora dispuestos a dejarse arrastrar por el mismo.

Daniel Urresti, polémico ex general, diputado del partido populista Podemos que votó en bloque por la moción, anunció que ahora no apoya este paso "salvo que aparezcan motivos que realmente lo justifiquen".

Más importantes son las palabras de César Acuña, líder del partido Alianza para el Progreso (APP), cuyos 21 diputados votaron con entusiasmo por el juicio político, pero quien el domingo dijo que la destitución sería "impertinente e innecesaria".

Keiko Fujimori, líder del partido fujimorista Fuerza Popular también se expresó desde su arresto domiciliario afirmando que "no hay motivos" para destituir al mandatario, su otrora archienemigo.

Y el propio partido de Merino, Acción Popular (AP), evidenció graves divisiones internas y varios de sus líderes expresaron pública y enfáticamente su rechazo a las maniobras para la destitución.

"AP está jugando mal sus cartas, pero siempre estuvo muy dividido. Ahora van a cobrar fuerzas los rivales de Merino. Y APP ha visto cómo iba el viento y en base a eso tomó la decisión de cambiar. Estaban decididos a vacar, y ahora Acuña dice que no", añadió Zavaleta.

Más allá de las medidas legales que el Gobierno ha solicitado al Tribunal Constitucional que podrían desactivar el proceso de destitución antes de que el próximo viernes se dé la votación parlamentaria, poco puede pasar para que Vizcarra salga derrotado.

"Lamentablemente, en las condiciones de ahora, todo puede cambiar de la noche a la mañana (...), pero tendría que aparecer algo muy grave, con delitos claros. Parece difícil, pues uno espera que pusieran toda la dinamita en un primer momento y no guardar algo que sea de peso para el final", culminó el analista. EFE

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