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Tres mujeres, tres voces extraordinarias. Pocas veces ocurren cosas como esta. De hecho, cada vez menos irán ocurriendo cosas con esta.

Estamos condenados a ser probablemente las últimas generaciones que seamos testigos de voces y repertorios, de noches memorables con pianistas y orquestas como la que las noches del viernes y sábado 22 y 23 de julio del 2022. Anótense pues fecha, hora (9:00 pm) y lugar: Teatro Nacional Eduardo Brito.

Paloma San Basilio, Pasión Vega y Maridalia Hernández fueron las protagonistas del memorable concierto en que quedó demostrado que el buen gusto aun existe, que la calidad artística aún se mide por los códigos de siempre. Aunque la decadencia arropa gran parte de la sociedad joven y el arte dentro de algunas pocas décadas ya no podrá blasonar de valores como los mencionados.

La primera en salir a escena en el Teatro Nacional fue una Maridalia que parecía regresar de un largo viaje por sabe Dios qué mundos. Como si renaciera en sí misma a plenitud artística, como una mariposa que sale de la crisálida donde ha estado adormecida en el marasmo de un ambiente poco propicio para el gran Arte. De hecho, más de uno de los espectadores afirmó haber asistido probablemente a su mejor presentación en varias décadas. No pudo comenzar mejor que con el bolero Teatro, de Tite Curet Alonso, que la Lupe convirtiera en carta de presentación. Con una apertura de cortina así no podía ser de otro modo que un repertorio muy selecto, tan selecto que nos permitiera que la mejor voz dominicana hiciera gala de todo su esplendor. Agradeció la bendición de cantar con “estas dos grandes damas” dueñas de «dos de las mejores voces del mundo». 

La declaración de principios de Maridalia incluyó Olas y arenas, de la puertorriqueña Silvia Rexach, quien el 22 de enero de este año hubiese cumplido 100 años. Luego el merengue Nuestro amor, de Juan Luis Guerra. 

Un momento que llamaría central en su performance fue cuando interpretó en perfecto inglés Imagine, de John Lennon y What a wonderfull world, de Louis Armstrong, el mismo cuya voz rajada y discos estaban siempre presentes en los años 80 en una de las tiendas de discos de los almacenes GUM de Moscú, único cantante que había logrado cruzar el muro de hierro. Antes de cantar hilvanadas ambas canciones como en una trenza, reflexionó de este mundo de ahora, que ya no es una preocupación, sino casi una realidad.

Un estupendo arreglo acompañó Balada para un loco, de Astor Piazzola con versos de Horacio Ferrer, en una interpretación admirable de Maridalia.

Se podría decir que la almendra de su presentación estuvo en ese momento entre Lennon y Piazzola. El tercer tiempo fue para tres temas que ella ha dado voz y memoria: Para quererte, de José Antonio Rodríguez, Te ofrezco, de Juan Luis Guerra y la versión que arreglara la propia Maridalia, de Camarón de la Isla, Vivo enamorado, que ella grabara en sus tiempos en que era la voz de 440. Faltó eso sí, rematar con un gran final. Sin embargo, ese tema le sirvió de puente para las dos artistas de las que fue anfitriona.

Maridalia fue ovacionada como hacía tiempo. Y sería excelente que pudiese aprovechar este empujón para producir un gran concierto en los 40 años de vida artística que se cumplen este año.

pura pasión

Salió Federico Lesle, pianista de Pasión, quien ayudó al público del Teatro Nacional a entrar al ambiente del instrumento, después de la presentación de Maridalia con el acompañamiento de la orquesta dirigida por el guitarrista Federico Méndez. 

Pasión Vega es fraseo, es teatralización, es salero, es gracia y es belleza en escena. Abrir con Tonada de luna llena (Yo vide una garza mora…) del inmenso Simon Díaz era abrir con poesía, pura poesía. Y eso fue también con Fina estampa, ese vals peruano de Chabuca Granda, que dio paso entre grandes aplausos -como cada canción de este concierto-, a decir: “Les confieso que estoy nerviosa como la primera vez de niña, porque no sabía lo que me iba a tocar aquí. En medio de ese sandwich yo soy el jamón… y Maridalia y Paloma son los panes, dos grandes panes… En fin, estoy tan nerviosa que digo tonterías”, agregó.

Para salir del embrollo se cantó coplas de su niñez, de las que le cantaba su madre para dormirla: A tu vera (compuesta por Juan Solano y el poeta Rafael de León) y La bien pagá, del sevillano Juan Mostazo y Ramón Perelló. Esta última copla fue interpretada en el cine por Sarita Montiel en el filme Varietés de 1971, dirigido por Juan Antonio Bardem.

Dueña de un discurso escénico de honda cultura y de no menos profundidad de interés social, Pasión Vega cantó María se bebe las calles, de su propia autoría, y donde aborda el tema de los femenicidios.

Su más solicitado tema fue Lucía, de Joan Manuel Serrat que como ella recordó “acaba de pasar por acá hace unas semanas”. Canción que saborea con especial fruición. Y Malagueña salerosa que si bien es mexicana, se ha sabido que su autoría de desconocida, a pesar de haber sido atribuida durante mucho tiempo a Elpidio Ramírez y Pedro Galindo. 

Hasta ahí, su repertorio fue acompañado con el piano de Federico, el español. Para cerrar optó por agregar la orquesta del Federico el dominicano, con la que hizo la bachata Natural ( de su disco Todo lo que tengo), justo después tocó el turno a la canción que da título a ese disco suyo del 2019, muy rítmica y pegajosa ( “a ese tiempo que se va le digo adiós. Esta es mi manera de vivir… No me quiero despedir… Será mejor”)… Y finalizó con La Tarara, con letras de Federico García Lorca.

Ovacionada, Pasión dejó el camino abierto para el regreso a República Dominicana.

La Maestría de una paloma

Paloma San Basilio, con más de 16 millones de disco vendidos cuando de verdad se vendían discos físicos, uno a uno, es una artista no solo admirada desde hace años por el público dominicano, sino querida. Ella lo sabe, y ante él nada tenía que demostrar en el Teatro Nacional. 

Sin embargo, la limpia ejecutoria en escena de toda su presentación, otorgó a su participación, a decir de Maridalia, un master class.

Tantos años encima de los escenarios, sin hacer concesiones ni a los demás ni a sí misma, le convierten en un referente de la dignidad artística y de la calidad. Abrió con un aplaudido medley de boleros, y siguió con una sorpresiva versión de Despacito, que solo ella era capaz de hacer de ese modo, sin caer en el ridículo. Una lección inmensa de cómo hacer las cosas para conectar con nuevos públicos, y como hacer una relectura de un éxito mundial, pero a su modo.

Le siguió Cariño mío, de Juan Carlos Calderón, un tema que hizo época en 1986 cuando salió en el álbum Vuela alto y que es uno de los clásicos de su repertorio. 

Demasiado herida, de Angel Martino y Miguel Valenzuela, es otro de sus éxitos históricos, del disco Nadie como tú (1990). 

De 1981 es el movido tema Juntos, que grabó en nueva versión en el 2019 así como Cariño mío para su disco Más cerca.

Beso a beso … dulcemente (1978), otro de sus primeros y más trascendentes temas, fue coreado y aplaudido, como todos los que propuso.

Del legendario compositor griego Mikis Teodorakis es la canción Luna de miel, que popularizara primero Gloria Lasso, pero que tomó voz definitiva con Paloma San Basilio, quien propuso una versión que le dio la vuelta al mundo en 1987.

No podía faltar del musical Evita, el tema central No llores por mí, Argentina. Y finalizó con Nadie como tú (1990). 

El bis fue a tres voces. Maridalia, Pasión y Paloma en Bachata rosa, de Juan Luis y para cerrar Gracias a la vida, de Violeta Parra y que tiene muy vivo en su repertorio Pasión Vega.

Dos noches fabulosas en el Teatro Nacional, que aun hacen soñar que existe vida más allá de tanta mediocridad sonora.

Y un público agradecido que supo aplaudir y corear a las tres cantantes en el Teatro Nacional. Un regalazo que ha hecho César Suárez Pizano. Y que merecería ser premiado. Porque la puesta en escena fue de un alto gusto no solo musicalmente, sino en el trabajo de luces y de puesta en escena. Esto sí merecería una felicitación pública del presidente de la República.

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