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Un 2017 mejor

Nada más legítimo que la búsqueda de la felicidad, y si no es posible en su más elevada dimensión, al menos la satisfacción de las más apremiantes necesidades. Por eso, es más que razonable que aspiremos a un año nuevo mejor.

Nada más legítimo que la búsqueda de la felicidad, y si no es posible en su más elevada dimensión, al menos la satisfacción de las más apremiantes necesidades. Por eso, es más que razonable que aspiremos a un año nuevo mejor.
Para que sea de esa forma, cada cual debe poner de su parte, en la persona misma, en su propio yo, en la familia, en su comunidad, con el país como divisa.

Arribamos a un período en la historia moderna lleno de esperanzas. También de incertidumbres. Guerras en algunas regiones del mundo. Imponderables en nuestro más importante vecino que estrena un presidente con características singularmente nuevas, con una agenda insospechada que el mundo espera conocer con ansiedad.

República Dominicana, acicateada por la inseguridad y la violencia, pasó por el 2016 con estabilidad macroeconómica con baja inflación, pero con resultados poco halagüeños en la redistribución de la riqueza. Persistencia de empleos mal remunerados o informales, con un desempleo de 14% de la población económicamente activa. Más acceso de los más pobres a los servicios de salud, pero graves debilidades en las instalaciones hospitalarias; la educación, con abundantes recursos, pero todavía en la búsqueda de un modelo de aprendizaje progresivo que forje capacidades. Asimismo, pervive la debilidad institucional como una rémora eterna, lastres que no deben detenernos en la búsqueda de un futuro promisorio.

2017 debe ser mejor: Más producción con empleos y salarios dignos, que genere riquezas con vocación exportadora, que ayude a liberarnos del peso de la deuda.

Este año también es una oportunidad para trabajar por el fortalecimiento institucional. Que el sector público no sea piedra de escándalo por el manejo de los recursos. Que crezca la confianza en la Administración y no haya tantas personas confesando abiertamente sus frustraciones por la mala calidad del gasto. En fin, que el nuevo año sea una oportunidad para corregir males y avanzar.

Para que esas aspiraciones sean posibles tiene que primar un espíritu de diálogo, de entendimiento y de búsqueda entre todos de las mejores soluciones para los graves problemas nacionales.

Si obramos de buena fe, trillaremos el camino hacia la prosperidad y la felicidad.
Simplemente, son nuestros deseos.

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